Maria del Pilar Tello
Ante el cambio de civilización
Plantear límites en los usos y control de la revolución científica y tecnológica

Pronunciamientos universales, llamados de alerta, pedidos de postergación o moratoria de la acelerada carrera que se inició en noviembre pasado con el lanzamiento del ChatGPT. Estamos presenciando un debate que se centra en algo que desconocemos, con sus profundidades y certezas. Solo conocemos los asombrosos chatbots que aparecen como interlocutores humanos respondiendo en primera persona a nuestras preguntas; pero detrás de todo este movimiento intelectual, científico y político mundial hay un debate de fondo sobre la revolución tecnológica cuya injerencia llega a la política y al derecho y los transforma de manera esencial.
Hablamos de un cambio de civilización que en solo tres décadas ha afectado al género humano. Como la bella durmiente despertamos a otra realidad dentro de la cual la IA es parte relevante, sin que reparemos en cómo el poder político y mediático han sido intermediados por la tecnología y los grandes intereses detrás de ella.
Como sociedades democráticas tendríamos derecho a gobernar ese cambio, a establecer reglas y límites a un poder que se ha impuesto omnímodo y sin equilibrios. La revolución tiene un impacto claro en la sociedad, en la política, en la información; pero no será una moratoria en el desarrollo de la IA la que determinará la participación de los estados y de las sociedades de manera útil y realista, adecuada a la dimensión de lo que estamos viviendo.
Las universidades están obligadas a enfrentar este enorme cambio, que parece que solo se estudia con responsabilidad en el viejo continente. Pero el mundo es mucho más grande que Europa. La preocupación de exigir que, más allá de la ganancia capitalista o del control político de los ciudadanos que se da en China, algo nos motive a defender la centralidad del ser humano, que la revolución tecnológica –y en especial la IA– sirva para mejorar la civilización y atender los urgentes problemas que la acechan.
Merecemos más información y más debate académico y político sobre el conflicto de poder entre la sociedad y la ciencia que hoy se subordina a los intereses de quienes pueden pagarla. José María Lassalle, el brillante presidente del Foro del Humanismo Tecnológico, con sede en Barcelona, lo planteó hace tres años en su visionaria obra El Ciberleviatán. Recién ahora parece ser el tiempo de comprenderla y de asumir los peligros de una innovación desregulada y sin supervisión.
De seguro nos esperan grandes beneficios de la ciencia y en especial de la IA, pero también grandes riesgos que no desaparecen porque no pongamos atención en ellos. La alternativa no es dejar de investigar e invertir en IA; es enfrentar los dilemas éticos, jurídicos y políticos que significa este gran poder desregulado y sin control. No se trata de obstruir la lucha contra las enfermedades o contra el cambio climático, la mejora de la eficiencia de los cultivos o del uso de agua, sino de conocer la gestión y los costos que no deben concentrarse en manos privadas sin presencia del interés público.
Es el momento de democratizar la reflexión y de plantear límites en los usos y control de la revolución científica y tecnológica como lo plantea Europa. Y de insertarnos social y políticamente en este debate mundial(1).
1) MARIA DEL PILAR TELLO. La dictadura tecnológica. El Big Data, base de un nuevo poder. Universidad Ricardo Palma. 2022. Lima
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