Maria del Pilar Tello

América Latina: diplomacia e integración

Las únicas herramientas racionales que le quedan a la región

América Latina: diplomacia e integración
Maria del Pilar Tello
16 de enero del 2026

 

La política exterior de Estados Unidos atraviesa una fase de alta imprevisibilidad. Las recientes decisiones de Donald Trump —desde la publicación de su estrategia de Seguridad Nacional, en diciembre pasado, hasta su redefinición unilateral de áreas de influencia en América Latina — revelan un ejercicio del poder marcado por la volatilidad, la amenaza y el uso de la fuerza como instrumento principal. No sabemos si estamos ante un globo a punto de inflarse más o de estallar. No hay certeza sobre el límite de sus ambiciones ni sobre su racionalidad estratégica.

América Latina enfrenta un riesgo concreto. No son solo presiones diplomáticas o comerciales, es la posibilidad real del uso de la fuerza contra países que, individualmente, carecen del peso suficiente para resistirla. Venezuela con sus razones de excepcionalidad para la intervención que capturó a Nicolas Maduro, ha sido el primer laboratorio de esta nueva etapa. Nadie puede asegurar que sea el último. La región no puede darse el lujo de la improvisación ni de respuestas emocionales.

Para el Perú, la clave está en la gestión profesional de la incertidumbre. La Cancillería peruana, reconocida como una de las más sólidas y técnicas de América Latina, tiene ante sí el desafío del equilibrio, la soberanía y la racionalidad. En tiempos de inestabilidad, la política exterior no puede depender de impulsos ni alineamientos automáticos, una diplomacia experta, prudente y estratégica, puede preservar márgenes de autonomía en un escenario dominado por la fuerza que desplaza al derecho internacional.

Aunque ninguna cancillería, por eficiente que sea, puede enfrentar sola un reordenamiento geopolítico de esta magnitud. La región está siendo obligada a tomar partido en la confrontación global tecnológica y política entre Estados Unidos y China. La respuesta debe ser regional. La integración latinoamericana, consagrada como objetivo prioritario en la Constitución peruana de 1993, deja de ser una aspiración para convertirse en una necesidad urgente de supervivencia política. Sin cooperación, sin coordinación y sin una voz común, la región queda expuesta a decisiones tomadas fuera de ella y contra sus intereses.

En un mundo donde el derecho retrocede frente a la fuerza, la integración y la diplomacia profesional son las únicas herramientas racionales que le quedan a América Latina. Y el Perú, en la mira con su megapuerto de Chancay, que es una puerta real al Asia Pacifico, debe estar a la altura de este desafío.

Maria del Pilar Tello
16 de enero del 2026

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