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Balance del Congreso con mayoría legislativa

Política

Balance del Congreso con mayoría legislativa

30 de Junio del 2017

Más allá de las tensiones Ejecutivo - Legislativo

Luz Salgado acaba de clausurar la segunda legislatura del Congreso y lo hizo señalando que el Parlamento no ha sido “obstruccionista”, en clara respuesta a las aseveraciones que señalan que existe “obstruccionismo” y “abuso de autoridad” de parte del Legislativo.

En la actualidad, sin temor a equivocarnos, en el Perú no se puede hablar de una crisis de gobernabilidad por choque de poderes. Sí se puede hablar de tensas relaciones entre Ejecutivo y Legislativo, que han producido picos en los enfrentamientos, incluida la censura de un ministro. Pero nuestro sistema político está demasiado lejos de las coyunturas apocalípticas del siglo pasado, en el que los enfrentamientos entre Ejecutivo y Legislativo simplemente terminaban derribando a la democracia. Creer que las relaciones tensas entre poderes pueden desembocar en una crisis de la democracia, en realidad, solo sirve de pretexto para fundamentar tesis delirantes como la de la disolución del Legislativo.

El Congreso de mayoría absoluta fujimorista tiene argumentos a favor de la colaboración y la gobernabilidad. El haber otorgado el voto de investidura al Gabinete Zavala de manera casi unánime, el haber concedido delegación de facultades legislativas al Ejecutivo en todas las materias solicitadas, el haber aprobado de manera ejemplar el presupuesto, el trabajo de las comisiones con los ministros y ahora la voluntad unánime de todas las bancadas de destituir al contralor, Edgar Alarcón, por falta grave son hechos que revelan una voluntad clara a favor de la gobernabilidad. Negar esas verdades es desconocer cómo funciona la institucionalidad en democracia.

Quienes argumentan que en la mayoría legislativa existe “voluntad obstruccionista y abuso de poder” señalan la censura del ex ministro de Educación Jaime Saavedra y la renuncia forzada de Martín Vizcarra y Alfredo Thorne. No se pueden negar que, en todos estos hechos, existen lógicas de reacción que se explican por la polarización Ejecutivo y Legislativo. Sin embargo, en cualquier democracia de mediana salud en la que un Ejecutivo representa a la tercera bancada frente a una mayoría legislativa de la oposición, a nadie se le hubiera ocurrido designar a un ministro que era una especie de némesis de la mayoría legislativa. El nombramiento de Saavedra fue una especie de provocación, una especie de grito a favor de polarización. ¿Acaso no era previsible la censura ante el menor error? En el caso de Vizcarra y Thorne las renuncias más bien parecen provenir de las impericias ministeriales que de los golpes opositores.

En todo caso, finalizando el primer año de gestión democrática con un sistema político de gobierno dividido, a entender de este portal, los hechos abonan más a favor del optimismo que del pesimismo. Por ejemplo, parece inevitable que el jefe de Estado se decidirá por cambios sustanciales en la composición del Consejo de Ministros como una manera de resolver la actual crisis política y apostar por la convergencia.

Es evidente que todos estamos aprendiendo a convivir en una democracia con un Ejecutivo que debe entenderse con una mayoría opositora en el Congreso. Una aproximación constructiva que ayuda a evaluar el actual momento de nuestra democracia, que avanza hacia su quinta elección nacional sin interrupciones y que, gracias al crecimiento económico, ha logrado arrinconar la pobreza a un quinto de la población y ensanchar como nunca a nuestras clases medias.

Aprender a vivir en una democracia con un gobierno dividido no es cosa fácil, sobre todo con la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo que envenena el sistema político desde hace quince años. Pero Ejecutivo y Legislativo están obligados a pactar no solo por la fidelidad a programas y propuestas, sino también por el veredicto popular a través del sufragio.