Paul Neira

Paul Neira

La paradoja matemática y la generación de riqueza para el Perú

La paradoja matemática y la generación de riqueza para el Perú
Paul Neira
27 de febrero del 2017

Riqueza de un país debe medirse por su cantidad de científicos

Hace algo menos de dos años, en el Perú se lanzó el portal www.ponteencarrera.pe. Allí hay información que permite conocer, comparar y elegir las carreras y opciones profesionales para nuestros recientes egresados de la secundaria. Entre los factores claves figura, por ejemplo, información sobre las remuneraciones promedio de los egresados por carreras estudiadas en universidades o institutos. Resalto esto puesto que es lo que normalmente nuestros jóvenes, y sus padres, buscan con fruición.

El dato sobre el cual quisiera centrarme es el hecho de que de las diez carreras mejor remuneradas, ocho de ellas tengan que ver directamente con las matemáticas y las ciencias. Es un mensaje que no podemos pasar por alto. La razón es que en las evaluaciones estandarizadas nacionales o internacionales donde mostramos mayor debilidad es justamente en estas áreas. Adicionalmente a esto, sí pues, son esos cursos los que más terror siembran en los salones de clases indiscriminadamente (no distingue entre colegios públicos o privados), porque de esa experiencia no se salva ni el más pintado.

Tenemos entonces una profunda paradoja entre manos. Porque el rol que nos ha deparado el sino del destino (cual tragedia griega) es que aquellas carreras sobre las cuales hemos venido construyendo el espectacular crecimiento económico de nuestro país son de las áreas académicas o curriculares que peor enseñamos, y con resultados más débiles. Para muestra, querido lector, recuerde las crudas experiencias de no entender nada en las clases de álgebra, trigonometría, química o física; base fundamental para desarrollar ese horrorus matematicus que acompaña a cerca del 90 % de los peruanos, que no recuerda con sonrisa en los labios esos cursos.

Carlos Elías, profesor de la Universidad Carlos III y graduado de la London School of Economics hacía una pregunta extremadamente provocadora a la cual me adscribo: ¿y que pasa si medimos la riqueza o importancia de los países por la cantidad de matemáticos [científicos] por habitante, antes que por PBI per cápita? So pena de sonar descabellado, la pregunta no es tan loca porque el origen de la innovación, creatividad, inventiva y generación de valor modernos se ubican en las disciplinas STEM (Science, Technology, Engeneering, and Mathematics). Tengamos en cuenta que las palabras que usé en la frase anterior se encuentran en el altar que ha consolidado la riqueza de los países y sus sociedades. Justamente lo que más nos falta en nuestro país ¿Cómo haríamos entonces para mejorar esta situación? Como dirían muchos de los futbólogos que tenemos en nuestro país: hay que apostar por las divisiones inferiores.

Creo que tenemos la obligación moral y el compromiso con el futuro de colaborar juntos para construir una forma mejor de enseñar ciencias y matemáticas en nuestros salones de clases. Darles a nuestros hijos, sobrinos, nietos una experiencia agradable de estas disciplinas, que los haga comprender que estas son fundamentales para decodificar nuestro complejo mundo moderno. Pensar matemáticamente o científicamente no implica saber si la física de cuántica me ayuda a llenar el tanque de gasolina; todo lo contrario a esa imagen distorsionada que tenemos en la cabeza. Este tipo de pensamiento me enseña a tomar mejores decisiones, a acostumbrarme a enfrentar los problemas y saber que se pueden solucionar; a pensar críticamente, a diseccionar la realidad, a ser creativo en la forma de solucionarlos y a desarrollar mi cerebro de forma más completa. Porque eso es lo que hacen las matemáticas y las ciencias que tanto necesitamos, como país, para alcanzar ese desarrollo que anhelamos.

¿Cómo haríamos entonces? Qué tal si arrancamos en casa no asustando a los chicos cuando vienen las clases de matemáticas. También pidiéndoles a los profesores del colegio que se actualicen y exigiéndole a nuestro Estado que inicie el cambio que necesitamos en estas áreas y que aún es un enorme trabajo pendiente.

Por Paul Neira
Paul Neira
27 de febrero del 2017

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