EL MONTONERO | Primer Portal de opinión del país
Kenji, acuerdo nacional y antichinos

Columna

Kenji, acuerdo nacional y antichinos

10 de Julio del 2017

AN: un fantasma, un ente sin vida, un gas que se diluye

El Acuerdo Nacional (AN) confirma la existencia de dos mundos. Uno construido por los políticos y la llamada sociedad civil organizada, y el otro, el de la mayoría de peruanos que, con o sin AN, no avanza gran cosa desde que se creara el foro, ideal para el copetín y la foto. El puñado de ilustres personajes no mueve un solo dedo para levantar la economía nacional y para impulsar la paz social. Muchos proyectos quedaron aplazados y bien gracias. No oímos de ningún esfuerzo. Desde su creación —en el gobierno de Toledo—, el AN ha emitido declaraciones de buena voluntad de las que la mayoría de carne y hueso no se entera. El halago queda entre ellos, para sus discursos que no vinculan nada.

El Hombre Araña y Meteoro y su Mach 5 son ficciones con más vinculaciones que el AN. La sabiduría del tío Ben la oyó Peter Parker y el mundo entero. La misma que habla de poderes y responsabilidades, el binomio de toda empresa: no hay responsabilidad sin autoridad. Básico para quien quiera dirigir algo. La ficción es, entonces, más real que cualquier acuerdo que no conduce a nada. Si no hay autoridad ni responsabilidad, la organización es un fantasma, un ente sin vida, un gas que se diluye sin beneficios que se puedan reconocer. Con tantas urgencias pendientes, nos damos el lujo de mantener instituciones que, literalmente, gozan con la parsimonia, con la pachocha que caracteriza a quien no le importa la desesperación del resto. Sí al diálogo. Pero si Pedro Pablo lleva sus conversaciones con Keiko al AN se pone la soga al cuello. No hará nunca lo que ambos quisieran hacer. Pierden ambos. Pierde el país.

La comidilla diaria tiene un nombre: Kenji. El joven congresista ha marcado su territorio. “Esta boca es mía”, es el motivo de sus ganas de temporada y de otras más que ya tendrá en mente. Con una ayudita de sus amigos consigue peso específico propio. Se desmarca. No se somete. Y por eso quieren castigarlo. ¡Qué graciosos! El menor, el engreído, ha resultado respondón. Si creían que sería siempre el chiquitín haciendo travesuras cuando el papá presidente daba entrevistas, se equivocan. Es el hijo que saca cara por su padre. Hay que tender puentes que tengan vida, ha dicho. Y eso vale.

Con desparpajo, Rosa Bartra ha dicho que “ha visto el nacimiento de Fuerza Popular, cómo Keiko Fujimori ha liderado el proceso de rescatar al fujimorismo de los escombros en el 2006”. Si congresistas como Rosa Bartra no saben de la historia de su partido, menos sabrán sobre la historia del Perú. Ella y los antichinos de Fuerza Popular deben saber que en 2002 un reducido grupo de fujimoristas se reunía en el centro de Lima, en una apretada oficina. Con el optimismo creciente se mudaron a un mejor ambiente en el distrito de Lince. Allí nace Sí Cumple, con Carlos Orellana a la cabeza y un contingente de voluntariosos poniendo la cara, mientras muchos se orinaban de miedo, asustados del gobernante perverso que quería encarcelar a todo rostro fujimorista y destrozar todo lo que el país había avanzado. De allí pasaron a Colón, donde los empujones y portátiles comenzaron a imponerse para sobresalir, para apropiarse de los asientos de manera prepotente. Mientras, los antichinos hacían leña del ex presidente caído en desgracia.

Cuando la mecha volvió a dar llamas vivas, por el esfuerzo de otros, sin calcular conveniencias, como tontos, otros se reunían en otros lados planeando lo que sería la fuerza electorera, la maquinaria que se apropiará de la voluntad de los electores. Los antichinos se acomodaron muy bien. Tuvieron incluso el mismo desparpajo al decir "el chino aquí no cuenta".

 

Manuel Gago