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¿A quién favorece la “pared” antifujimorista?

Columna del director

¿A quién favorece la “pared” antifujimorista?

21 de Noviembre del 2016

¿Se está inmunizando a Keiko contra la crítica?

En el Perú empieza a suceder un fenómeno curioso, pocas veces visto en el análisis político e institucional. Una mayoría mediática pretende organizar la política sobre la base de una oposición al Parlamento. Generalmente las relaciones políticas de una democracia se organizan en relación con el Ejecutivo que, según casi todos los modelos constitucionales (incluido el parlamentario), concentra de tal manera la iniciativa política que necesita ser controlado por el Congreso. Además, la historia de la democracia nos enseña que las amenazas para la libertad casi siempre han provenido de los reyes, los cónsules y los ejecutivos modernos, en tanto que los parlamentos eran las asambleas que representaban los contrapesos y la pluralidad.

Sin embargo en el Perú una mayoría mediática y la izquierda en general pretenden organizar la política en función de la oposición al Congreso. Semejante situación, ¿es saludable para la democracia? De ninguna manera, porque se vela la principal responsabilidad que tiene el Ejecutivo, de organizar la gobernabilidad. Levantar humaredas contra el Legislativo ayuda al Ejecutivo a pasar el día, la semana y el mes; pero de ninguna manera lo inmuniza contra el fracaso. Si no hay voluntad de hacer reformas y de gobernar, tarde o temprano la ciudadanía se impacientará y se volverá contra el gobierno. En otras palabras, organizar la política en función de la oposición al Congreso no solo es un problema para la gobernabilidad, sino que además estimula el camino del fracaso en la administración PPK.

Ahora bien, ¿de qué manera afecta la “pared” antifujimorista al fujimorismo? Es evidente que en el corto plazo las campañas anti hacen cierta yaya, pero en el mediano y largo plazo (2021) pueden terminar favoreciendo e inmunizando a Keiko Fujimori contra la crítica. En la medida que avance el calendario y se demuestre —como ya está sucediendo— que no hay una mayoría legislativa obstruccionista, sino que solo se ejerce el papel de mayoría según la Constitución y las leyes, el bloque antifujimorista engrosará el teflón naranja y desmarcará nítidamente al fujimorismo de los eventuales fracasos pepekausistas.

Claro, la pared antifujimorista puede favorecer a los naranjas en la medida que el fujimorismo se institucionalice como partido, se convierta en una organización moderna más allá de los apellidos y, sobre todo, que se aleje a personajes cuestionados, como Joaquín Ramírez. Cualquier fujimorista avezado podría señalar que la pared antifujimorista es de gran ayuda si es que dentro del fujimorismo se eliminan todas las cargas explosivas.

Sobrevivir a la pared mediática antifujimorista no es mayor problema en tiempos de revolución digital y tecnológica, y cuando la media tradicional empiezan a declinar. El fenómeno de Donald Trump que humilló a los medios (The New York Times se acaba de disculpar con sus lectores), al establishment demócrata y republicano, a las encuestadoras y a la élite cultural y académica es un caso paradigmático que puede servir para absolver la interrogante sobre a quién favorece la pared antifujimorista.

Pero más allá de cualquier especulación, es evidente que la definición en función del anti —en que suelen caer los medios, los llamados “académicos” y la élite en general del país— es una de las peores enfermedades de esta democracia, que avanza hacia su quinta elección nacional sin interrupciones. Quizá la única fuerza que se beneficia de esta extraña polarización (existen hasta temas clasistas) es la izquierda que observa cómo la media antifujimorista empieza a maquillar la imagen antisistema de Verónika Mendoza.

Víctor Andrés Ponce