En uno de los mítines de cierre de campaña en Puno, Robe...
Este domingo 7 de junio todos los peruanos de buena voluntad, todos los ciudadanos que pretendemos construir un futuro para las nuevas generaciones y preservar el suelo en que honramos a nuestros muertos, a nuestros héroes, tenemos que votar por Keiko Fujimori, la candidata de Fuerza Popular.
El voto en segunda vuelta –así está escrito en las tradiciones políticas de los sistemas republicanos– no es un voto a favor, sino es uno en contra de un mal que amenaza a toda la sociedad. Y, en el caso de la coalición de Roberto Sánchez, Pedro Castillo, Antauro Humala y el Movadef – movimiento vinculado al maoísmo senderista– la amenaza sobre la peruanidad es descarnada, brutal.
En ese sentido, votar por Keiko Fujimori no es votar por Fuerza Popular, simplemente, significa votar por la defensa de la Constitución, el Estado de derecho, el control del poder y la pluralidad política.
Votar por Sánchez y la aterradora coalición que representa es respaldar un proceso revolucionario de nacionalizaciones y expropiaciones que se expresa en la propuesta de la asamblea constituyente. Es decir, en una solicitud de concentrar todas las facultades del Tribunal Constitucional, del Congreso, del Ministerio Público, del Poder Judicial, de la Defensoría del Pueblo y de la Contraloría General de la República, entre otras entidades, en una asamblea de 100 ó 200 personas. Esa misma asamblea constituyente decidirá el futuro de la propiedad y los ahorros de los ciudadanos y las empresas del Perú y, en una votación de unas decenas de “dioses comunistas”, podrían acordar que todo le pertenece “a una propiedad social”.
El Perú necesita superar esta contradicción entre sistema versus antisistema que afecta a la democracia peruana en las últimas seis elecciones nacionales y sancionar de una vez por todas la consolidación del sistema constitucional. Nuestra sociedad atraviesa una esquizofrenia: se desarrolla un modelo basado en la inversión privada y la desregulación de precios y mercados que ha reducido pobreza como nunca en la historia nacional, mientras que en la política las fuerzas de izquierda y del comunismo se dedican a desarrollar propaganda contra el modelo económico, la Constitución y desarrollan una feroz burocratización del Estado. El resultado: el Estado se ha convertido en el enemigo de la sociedad y el espacio en donde se saquean los recursos y la riqueza que produce el sector privado (que financia el 80% de los ingresos fiscales).
A nuestro entender esa colisión entre sistema y antisistema ha paralizado el país y nos ha sacado del camino al desarrollo al que debimos acercarnos en el Bicentenario, si seguíamos creciendo sobre tasas del 6% anual del PBI, tal como sucedía en la primera década del nuevo milenio. Esa colisión entre sistema y antisistema, igualmente, explica la anarquía institucional, el vacío de poder, y la ola criminal que desborda a toda la sociedad en su conjunto.
En la hipótesis negada de que Sánchez llegara al poder, el manual comunista –que comparten todos los aliados radicales de Sánchez– indica que el gobierno revolucionario debe proponerse destruir el sector privado como el camino más directo de concentrar el poder a través de la generalización de la pobreza, tal como acaeció en Venezuela. Con una sociedad en hambre, sin sector privado, el Estado se convierte en repartidor de mendrugos y promotor de una falsa esperanza, redistribuyendo la poca riqueza que resta en la sociedad. Con ese libreto los revolucionarios comunistas suelen destruir sociedades, crear fábricas de pobreza y quedarse en el poder por décadas.
El relato progresista y comunista suele sostener que este tipo de apreciaciones son visiones apocalípticas de una derecha desbocada. Sin embargo, los peruanos ya vivimos unos años atrás el golpe fallido de Pedro Castillo, que pretendió instalar una asamblea constituyente a través de la violencia revolucionaria.
Por todas estas razones es incuestionable que los peruanos de buena voluntad que pretendemos preservar el Perú de una amenaza destructiva para nuestros hijos, padres, hermanos, y para seguir honrando a nuestros muertos y héroes, tenemos que votar por Keiko Fujimori. ¡No permitamos que nos quiten el país!
















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