La presidente Keiko Fujimori culminó su mensaje señaland...
La decisión de la presidente Keiko Fujimori de designar a Luis Galarreta como presidente del Consejo de ministros, a Carlos Espá como ministro de Relaciones Exteriores y a Elmer Cuba como titular de Economía –un día antes de la juramentación del Gabinete– no solo tenía como objeto presentar a los ministros que debían asumir todas las responsabilidades protocolares en la transmisión de mando, sino que revelaba una decisión de combinar experiencia política con capacidad técnica.
En cualquier caso, en el mensaje presidencial de Fiestas Patrias la jefe de Estado dejó en claro que tenía un diagnóstico sobre la desorganización y crisis del país, y que focalizaba la responsabilidad en el Estado: incapaz de convertir la riqueza nacional que produce el sector privado en servicios públicos (agua potable). Por otro lado anunció que en los 1,826 días de su gestión, hasta el 2031, existían metas y objetivos que se iban a ser medidos, fiscalizados.
Hasta el 29 de diciembre, por ejemplo, había trascendido que la jefe de Estado había convocado tres reuniones del Gabinete para decidir las primeras medidas ante la emergencia del fenómeno de El Niño y elaborar los borradores de los decretos de urgencia que servirán para enfrentar el evento climático y el desborde de la ola criminal. En otras palabras, como ella lo dijo, un Gabinete con un cronómetro que corría y la decisión de medir resultados en cada despacho.
Asimismo, la presencia de Rafael Rey en el ministerio de Transporte revelaba una doble decisión: colocar en el sector que maneja más recursos fiscales a un hombre de una trayectoria de decencia que nadie puede cuestionar y un político capaz de comunicar. En el mismo sentido la designación de Juan Sheput en el ministerio de Trabajo –ex ministro, ex congresista– describe la voluntad presidencial de poner en los despachos a políticos cuajados, de larga trayectoria, capaces de enfrentar las narrativas y fábulas que suelen construir las izquierdas y los sectores progresistas en el país. Algo parecido se puede sostener de la presencia de Ernesto Álvarez en el sector Justicia, ex presidente del Consejo de Ministros, académico y comunicador de larga trayectoria.
Todos los integrantes del Gabinete parecen combinar la capacidad técnica y la voluntad de hacer política en un Estado de derecho que se ha vuelto más complejo con el sistema bicameral, en el que se necesita diálogo, comunicación y también capacidad de enfrentar las fábulas y las narrativas que suele organizar la izquierda en todas sus versiones. Se puede sostener, sin necesidad de exagerar, que el nuevo sistema bicameral ha creado el espacio, la industria, para el político con una enorme muñeca, capacidad de diálogo y negociación en el sentido constructivo del término. La mayoría de los integrantes del gabinete parece desarrollar esas cualidades.
Si seguimos enumerando a los nuevos ministros sigue destacando el concepto de capacidad técnica y de comunicación: José Antonio Chang en Educación, Luis Dayer en Salud, Mara Seminario en el ministerio de la Mujer, por ejemplo. Por otro lado, llama la atención la ausencia de militantes del fujimorismo, más allá de la presencia gravitante de Luis Galarreta en la PCM. Asimismo, sorprendió la designación de Rafael Belaunde Llosa en Defensa y Alberto Beingolea en Cultura, dos personajes vinculados al progresismo incluso antifujimorista.
Ante el nuevo Gabinete ministerial algunos mencionaron los parecidos con los consejos de ministros que solía convocar el presidente Alan García, durante su segundo mandato, considerado uno de los mejores de la historia republicana.
En cualquier caso, la presidente de la República ha decidido por un Gabinete de técnicos, de políticos y de comunicadores que cuenten la historia de los cambios y los hechos. En las últimas dos décadas la política peruana y mundial nos deja una enseñanza clara: no solo hay que hacer las cosas bien, también hay que contar la historia para evitar que se imponga la fábula.
















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