Editorial Política

Los relatos que destruyen un país

La eficiencia del progresismo en el bloqueo del futuro nacional

Los relatos que destruyen un país
  • 12 de diciembre del 2024

 

Las narrativas y relatos de las izquierdas progresistas y neocomunistas en contra de la inversión privada y los empresarios en general no son frases que se echan al viento y se olvidan, como creen algunos sectores de la centro derecha y del propio empresariado. Las fábulas y las historias construyen el mundo; no solo ahora, sino que siempre ha sido así, desde que el homo sapiens apareció en la tierra. 

Si la fábula acerca de que “los trabajadores producen la riqueza y que los empresarios se dedican a robar y extraer la plusvalía”, se impone, al margen de que exista democracia y libertades, tarde o temprano, terminará derrumbándose cualquier libertad.

Desde más de dos décadas atrás, el Perú desarrolló una continuidad institucional que no pudo ser interrumpida por los golpes de Estado de Martín Vizcarra y de Pedro Castillo. Al final la institucionalidad se impuso. Sin embargo, la continuidad institucional no fue acompañada por narrativas a favor de la libertad. Muy por el contrario, todos los relatos que se impusieron en la sociedad provenían de los predios de la izquierda y, de pronto, los políticos y los medios de comunicación comenzaron a repetir los sentidos comunes que construían las izquierdas.

Por ejemplo, el llamado informe de la Comisión de la Verdad intentó reescribir la historia nacional estableciendo que, en la guerra contra el terror senderista hubo dos bandos igual de malos. Al final las izquierdas se las ingeniaron para desarrollar una polarización entre ángeles y demonios que envileció el sistema político, desató la brutal judicialización de la política peruana y, finalmente, encumbró a Castillo en el poder. El daño de este relato a la construcción de la peruanidad es inconmensurable. Faltan la historia y las investigaciones de cuánto perdió el Perú por esta fábula.

Cuando el Perú se preparaba para ser una potencia minera, igualmente, los competidores mundiales del país en minerales, de una u otra manera, comenzaron a financiar oenegés anticapitalistas que inventaron todas las fábulas y mentiras habidas y por haber contra la minería moderna. La campaña fue feroz: la minería era una amenaza para los recursos hídricos para el consumo humano y “las cabeceras de cuenca sobre los 3,000 metros sobre el nivel del mar estaban amenazados por los proyectos de cobre”. Todo era un relato: el origen de los recursos hídricos no está a una determinada altitud, sino en las copiosas lluvias en los Andes. Se necesitan entonces represas y reservorios –como en cualquier nación desarrollada– para garantizar el recurso hídrico para la sociedad.

El efecto del predominio de la narrativa antiminera en la sociedad fue devastador: hasta los políticos de derecha pasaron leyes anti inversión (como la famosa ley de cabeceras de cuencas), mientras el Estado se burocratizaba a niveles soviéticos: de 15 procedimientos para una inversión minera se pasaron a más de 265 “para contener la voracidad de las compañías mineras”. La violencia detuvo los proyectos de Conga y Tía María, pero las narrativas y la burocracia estatal detuvieron la minería y el capitalismo peruano.

Algo parecido sucedió con las agroexportaciones con la derogatoria de una de las mejores leyes económicas de la historia, la Ley de Promoción Agraria (Ley 27360); con las sobrerregulaciones en contra de la pesca industrial, en contra del turismo y las inversiones en infraestructura. Asimismo, la judicialización de la política y las reformas progresistas del sistema electoral devastaron el sistema político hasta destruir a los partidos y desatar la actual crisis política que se grafica en la situación del Congreso.

Seguramente en las elecciones del 2026 las corrientes progresistas y las tendencias neocomunistas no tienen mayores posibilidades por la destrucción y la desolación que desencadenó Castillo –al igual que sucedió con la hiperinflación de los ochenta– y, de alguna manera, se ha reducido el espacio para las demagogias. Sin embargo, si los peruanos de buena voluntad no entienden la enorme trascendencia de las narrativas en el futuro de una sociedad, tarde o temprano, enfrentaremos la amenaza antisistema que casi nos empuja al abismo y la noche totalitaria por varias décadas.

  • 12 de diciembre del 2024

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