Editorial Política

Elecciones del 2026: ¡Superar la amenaza antisistema!

Reflexiones sobre la importancia de un voto estratégico

Elecciones del 2026: ¡Superar la amenaza antisistema!
  • 01 de abril del 2026


En la última década el Perú perdió su camino hacia el desarrollo. No es una frase que se suele soltar para que el viento se la lleve, es una de extrema gravedad. Si el Perú hubiese seguido creciendo sobre el 6% en promedio anual y reduciendo entre tres y cuatro puntos anuales de pobreza, tal como sucedía antes del gobierno de Ollanta Humala, nuestra sociedad habría alcanzado un ingreso per cápita cercano al de un país desarrollado. ¿Cómo sería el Perú en esas condiciones? Dos tercios de la sociedad, dos tercios de Lima y las provincias del interior, tendrían mayoría de clases medias y los servicios públicos habrían avanzado años luz frente a la actual realidad.

Sin embargo, las izquierdas –ya sea en sus versiones progresistas, caviar o comunista ortodoxa– se propusieron frenar el crecimiento, bloquear el curso institucional en función de una estrategia del poder por el poder. La narrativa que enfrentó a fujimoristas versus antifujimoristas desarrolló una polarización que correspondía a una sociedad en guerra civil, en armas. De ninguna manera podía formar parte de un sistema republicano; hasta que, finalmente, ganó las elecciones Pedro Castillo como síntesis de esa polarización. Por otro lado, las fábulas en contra de la minería, las agroexportaciones, la pesquería y la inversión privada no solo bloquearon inversiones, sino que también levantaron el actual Estado burocrático que –en cuanto a procedimientos, ministerios, oficinas y trámites– asemeja a la burocracia de los estados soviéticos del siglo pasado.

De esta manera el Perú en vez de avanzar hacia el desarrollo eligió a Pedro Castillo; en vez de seguir reduciendo la pobreza incrementó este flagelo social del 20% de la sociedad al 27% de la actualidad, y en vez de reducirla, la informalidad se extendió hasta potenciar las actuales economías ilegales.

El Perú entonces fue detenido en seco. ¿Acaso las corrientes progresistas, caviares o comunistas ortodoxas podían actuar de otra manera? Si el Perú hoy tuviese un ingreso per cápita de más de US$ 25,000 y la pobreza se batiese en retirada, ¿qué posibilidades tendría un caviar o un comunista de hacer política? De alguna manera estos sectores tenían que seguir alargando los ciclos de pobreza para seguir contando con la posibilidad de un discurso.

Existen algunos sectores de la derecha y del progresismo que no le otorgan mucha gravedad a la colisión entre sistema y antisistema que se ha escenificado en el Perú en la última década. Incluso algunos de la derecha se atreven a edulcorar el nocivo papel que cumplirían movimientos como los de Alfonso López Chay y Jorge Nieto, en el sentido de prolongar el terrible proceso de destrucción nacional que representó lo llamado caviar. En cualquier caso, una clara expresión de la falta de ideología, cultura y programa en la derecha peruana.

Sin embargo, en las elecciones del 2006, del 2011 y del 2021 la colisión entre las propuestas favor del sistema y en contra del sistema nos llevan a utilizar el concepto marxista acerca de revolución y contrarrevolución. En efecto, desde una década atrás hay sectores políticos que fomentan la revolución cuestionando la vigencia de la Constitución Política y proponiendo una asamblea constituyente. E igualmente hay sectores que fomentan la guerra política, la polarización que destruye el Estado de derecho y las narrativas que burocratizan el Estado, creando procedimientos y ministerios para contener la voracidad capitalista. Ambos caminos están contra las libertades, el capitalismo y el desarrollo.

Es hora de acabar con ese escenario que paraliza al Perú y que puede llevarnos a la inevitable involución social, tal como ha sucedido en Venezuela y Bolivia. En ese sentido, la única apuesta con sentido común es votar a favor de dos movimientos de centro derecha que converjan en la segunda vuelta en defensa de la Constitución y del Estado de derecho. Una situación que permitiría organizar una mayoría viable en el Legislativo y que otorgaría gobernabilidad al Estado de derecho y posibilitaría lanzar una nueva ola de reformas. ¡Estamos a dos semanas de cambiar la historia reciente!

  • 01 de abril del 2026

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