Las deficiencias e irregularidades acumuladas en las elecciones del do...
En un interesante artículo publicado por Luis Benavente en Vox Populi empresarial, utilizando data electoral, se establece que en las elecciones del domingo pasado el ausentismo electoral se disparó por encima del promedio que se establece desde las elecciones del 2001 hasta la actualidad. Benavente señala que el promedio histórico de ausentismo en las elecciones nacionales desde el 2001 hasta el 2016 (se excluye los comicios del 2021 por la pandemia) es de 15.875% en tanto que, en los comicios del 2026, este fenómeno se ha disparado al 23.65%.
En otras palabras, el ausentismo de las elecciones del domingo pasado se ha incrementado en cerca del 50% del promedio en las últimas dos décadas hasta el 92.96% de las actas computadas. Y si consideramos que el propio Jurado Nacional de Elecciones luego del mediodía del domingo (hora en que las mesas deben cerrarse) informó que el 30% de las mesas a nivel nacional no se habían instalado, 90% de las cuales estaban en Lima, ¿de qué tipo de deficiencias e irregularidades en el proceso electoral estamos hablando? Según los cálculos de Benavente el 30% de mesas no instaladas representa alrededor de 6,82 millones de ciudadanos que padecieron retrasos en la instalación de mesas, algunos de los cuales asistieron hasta dos veces a los lugares de votación para, finalmente, retirarse.
¿Cuántos peruanos dejaron de votar por la acumulación de ineficiencias e irregularidades en el proceso electoral? La cosa es demasiado grave y exaspera la tranquilidad, la indolencia, con que Piero Corvetto, jefe de la ONPE, asume las responsabilidades, reduciéndolas a simples yerros que se pueden subsanar. Y si consideramos que el 90% de los retrasos se produjeron en Lima, no obstante que los materiales electorales llegaron puntualmente a las zonas de frontera, es incuestionable que las cosas se complican. Y si tomamos en cuenta que los retrasos en la instalación de las mesas de Lima perjudican a las derechas y, principalmente, a Rafael López Aliaga, quien tiene en la capital su principal bastión electoral, entonces, las cosas se ponen peliagudas. Si además le agregamos que todos los candidatos de la izquierda comunista que no tienen votaciones importantes en Lima, pero sí en el sur, ¿acaso no se beneficiaron de estas deficiencias?
Y si le sumamos el hecho acerca de que el segundo lugar en las elecciones del domingo pasado se definirá entre López Aliaga y Roberto Sánchez por apenas unos miles de votos, todo el problema se convierte en una cuesta arriba empinada, difícil de sortear.
Por todas estas consideraciones todos los movimientos de la centro derecha deben exigir al Jurado Nacional de Elecciones y a la Junta Nacional de Justicia el inmediato retiro de Piero Corvetto de la jefatura de la ONPE, mientras se organiza un frente nacional de personeros que cuente, voto a voto, no solo la definición del segundo lugar, sino también la conformación de las bancadas legislativas del próximo Congreso bicameral.
Asimismo, se debe solicitar al JNE que demande al Poder Ejecutivo que las fuerzas armadas se encarguen de la operación logística de la segunda vuelta, y el gobierno de José María Balcázar debe emitir un decreto supremo autorizando la intervención de los institutos castrenses en el traslado de los materiales electorales y toda la logística electoral.
Luego de las declaraciones del señor Corvetto es evidente que él no renunciará luego del fracaso general de la ONPE en este proceso electoral. Ante semejante estado de cosas el Estado de derecho y las instituciones deben asumir decisiones de emergencia porque se debe preservar el proceso constitucional. Es decir, se debe retirar a Corvetto de la responsabilidad porque su presencia solo genera desconfianzas y cuestionamientos.
















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