En el nuevo plan de gobierno de Juntos por el Perú que parece h...
Todos los peruanos de buena voluntad debemos organizarnos para ir a votar este domingo 7 de junio y defender el voto ciudadano en contra del programa de nacionalizaciones y expropiaciones de Roberto Sánchez, Juntos por el Perú, el eje bolivariano, Antauro Humala y el Movadef, movimiento vinculado al maoísmo de Sendero Luminoso.
A estas alturas es evidente que a Sánchez, como se dice, le importa un comino la opinión de los ciudadanos, de los electores. En ese sentido, sin ningún pudor esconde a sus aliados decisivos de la primera vuelta con el objeto de maquillar su radicalismo y extremismo. Por otro lado, en la segunda vuelta ha estrenado una estrategia camaleónica con respecto a los programas y propuestas. Se ha escondido el programa de la primera ronda luego de sostener que no se iba a variar en lo más mínimo.
Ahora Sánchez recluta técnicos y saltimbanquis al paso, que se prestan para la operación de maquillaje: Pedro Francke y Manuel Rodríguez Cuadros pretenden decirnos que Sánchez no tiene que ver con los radicalismos. Y quizá una de las cosas más ofensivas de Sánchez es que asista a misa y hable de una supuesta fe religiosa cristiana luego de haberse aliado con Antauro, quien sostuvo que iba a eliminar la religión católica cristiana y fundar el movimiento religioso tawantinsuyano.
Es evidente, pues, que Sánchez está aplicando el aserto acerca de que salvo el poder todo es ilusión, y está desarrollando todas las maromas y gambitos que perpetraron Fidel Castro y Hugo Chávez para llegar al poder. Ambos negaron su identidad ideológica comunista y el programa de nacionalizaciones y expropiaciones antes de hundir a Cuba y Venezuela en una de las noches más largas de totalitarismo y pobreza que se conoce en América Latina. Sin embargo, el ciudadano ya percibió el engaño y creemos que está variable será decisiva en el voto de este domingo.
En la hipótesis negada de que Sánchez llegara al poder se aplicaría el programa de nacionalizaciones y expropiaciones que la izquierda latinoamericana suele aplicar en la región. En el Perú, en los años sesenta, se aplicó un programa de nacionalizaciones y expropiaciones que derrumbaron el PBI en más de 30%. Antes de las expropiaciones velasquistas, por ejemplo, el PBI per cápita del Perú sumaba 6 veces el PBI per cápita de Corea del Sur. A finales de los noventa esa relación se había invertido. Y en ese entonces la pobreza en el Perú llegó a afectar al 60% de la población en el país.
El primer chavismo latinoamericano, entonces, se perpetró en el Perú con las expropiaciones y nacionalizaciones de Velasco, programa que hoy pretende desarrollar Sánchez y Juntos por el Perú, al margen de cualquier maquillaje. La hiperinflación de los ochenta y las imágenes de la población haciendo colas para comprar arroz y leche, y la desesperación de algunos sectores que llegaban a comerse a sus mascotas son instantáneas de ese programa de nacionalizaciones de Sánchez. Superar ese estado de cosas le tomó al país décadas de sacrificio, que ahora Juntos por el Perú pretende echar por la borda.
La operación de maquillaje de Sánchez, sin embargo, no puede ser total, porque, de lo contrario, se desengancharía de su base social y, como se dice, iría por lana y saldría trasquilado. En ese sentido, no ha podido desterrar de sus ofertas electorales la propuesta de instalar una asamblea constituyente y promover el referendo; es decir, la democracia directa como alternativa al sistema de democracia representativa, tal como sucedió en Cuba y Venezuela.
No se necesita reflexionar demasiado para entender que las insistencias de Sánchez en las nacionalizaciones de las minas, en las expropiaciones de las agroexportadoras como una manera de avanzar en “una segunda reforma agraria” y el plan de incrementar impuestos y burocratizar el Estado representan una de las peores amenazas que ha enfrentado el Perú en el siglo XXI.
Los mismos comunistas, radicales y progresistas que llevaron a Pedro Castillo al poder hoy empujan el carro de Sánchez. Se trata de los mismos extremistas, pero más cuajados con el aprendizaje del golpe fallido del profesor de Chota. Si llegan al poder no cometerán los mismos errores de ayer. Avisados estamos.
















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