Manuel Gago
Detener el totalitarismo comunista
Este domingo los peruanos deben votar por la democracia
Debido a la ONPE y el JNE –el organizador de pésimos debates presidenciales– volvemos a la misma encrucijada de la segunda vuelta del año 2021, como consecuencia del fraude electoral de la primera vuelta. El próximo domingo se elegirá entre dos opciones al gusto de las autoridades electorales, entre una fuerza democrática y otra socialista; y no como debía ser, de acuerdo a la decisión de los peruanos, entre dos fuerzas democráticas y libertarias.
Perú es un país de almas laboriosas e imaginativas. Si no fuera así, el 70% de informales hace rato hubieran desencadenado levantamientos violentos en busca de empleo y seguridad. Sin sesudas explicaciones sociales y sin tanto relato, la realidad es visible: somos un país de gente capitalista, creyente y conservadora. Que unos cuantos desde medios de comunicación y espacios de opinión nieguen la realidad, no cambiará los hechos traducidos en votos burlados en elecciones anteriores.
Los comunistas recurren al fraude, a la mentira y las apariencias. Las percepciones inducen a una realidad modificada; pero las calles, los mercados y el transporte público enseñan para entender al país. Los “ideólogos” izquierdistas observan y buscan explicaciones desde la comodidad, e imitan a los burgueses pero con ingresos provenientes de un Estado permisible con la holgazanería.
El antifujimorismo tramposo no puede imponerse a la sensatez ciudadana. Son más los ciudadanos libres y generosos y menos los opresores. La conciencia ciudadana no puede estancarse en un discurso simple. Debe ser práctica cotidiana.
Cuesta creer que la historia se repita mediante un fraude electoral. El candidato Roberto Sánchez niega ser comunista, pero sus dichos lo desmienten. Burlándose del entendimiento ciudadano dice, por ejemplo, que resolverá la inseguridad ciudadana con la participación de los ronderos, tal como lo intentó Pedro Castillo. Acuérdese de los machetes y látigos exhibidos. La labor de esa milicia, esa guardia armada –como los comisarios de Cuba y los motorizados de Venezuela e Irán– será reprimir a la población con la coartada de poner orden en las calles.
En este contexto peligroso para la democracia y las libertades, el voto responsable es para Keiko Fujimori. De llegar a la presidencia tendrá en sus manos tareas muy difíciles por resolver. Y si pierde, esos problemas serán profundizados y será difícil librarse de una camarilla comunista que planea quedarse en el gobierno más de lo debido. Ya lo dijo Vladimir Cerrón: “el socialismo no viene de visita, viene a quedarse”.
No se trata, entonces, de creerse moralmente impecable y supremo a tal extremo de poner en riesgo al país. No votar en blanco, ni viciado y desconfiar de la ONPE y el JNE. El fraude experimentado desde hace años y en apariencia perfeccionado ha sido descubierto. Los comandos comunistas en el interior volverán a lo mismo: tomarán los locales de votación, impondrán miembros de mesa, impedirán la presencia de personeros y coaccionarán el voto de los electores. Funciona en los lugares más alejados, donde la autoridad nacional no existe.
Votar por Keiko Fujimori no es votar por el mal menor, ni elegir entre el cáncer o el sida, como maliciosamente se introdujo la idea en la sociedad. Una canallada. Las elecciones ofrecen esperanzas y oportunidades de entregar el poder al mejor de todos. Keiko es superior a Sánchez, y está respaldada por un equipo técnico de verdad y políticos experimentados. Es garantía de continuidad democrática y no el intento de llevar el país hacia el totalitarismo estatista.
















COMENTARIOS