Luego de que el cómputo de la ONPE avanzará hasta el 95%...
Luego de conocerse los resultados electorales preliminares que establecen un empate técnico entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez se puede concluir que en el Perú existen varios tipos de votaciones. Una votación de Lima, otra de provincias. Una votación urbana y otra rural. Una votación moderna. que expresa una sociedad que crece y reduce pobreza, y otra tradicional, estancada y que perpetúa la exclusión. Incluso las famosas mesas 900 K han creado el voto comunal rural; es decir, mesas de votación ad hoc que se instalan en las comunidades y poblaciones más alejadas, supuestamente “para incluir”. Sin embargo, el presidente de la comunidad suele ordenar la manera de votar. Y se vienen votos corporativos a la ciudad.
Que en el Perú hay varias sociedades se registra al primer golpe de vista. Ica, una región agroexportadora, tiene una pobreza de 4.5% de la población. Sin embargo, Cajamarca y Loreto tienen índices de pobreza que superan el 40% de la población. La media nacional de este flagelo se ubica en 25.7% de la población, según la encuesta del INEI del 2025.
En este contexto es inevitable que en el Perú existan varias sociedades y se presenten diferentes países y votaciones en las elecciones nacionales. Algo parecido comenzamos a ver en los resultados de esta segunda vuelta electoral.
Sin embargo, ¿cómo se entiende esta realidad en una sociedad que, en las últimas décadas, ha multiplicado su PBI varias veces y ha reducido significativamente el promedio del índice de pobreza monetaria? El culpable a señalar es el Estado.
En el Perú sobran los recursos para resolver todos los problemas de las regiones más excluidas. La riqueza nacional que producen los sectores mineros, agroexportadores, pesqueros y el sector privado financia más del 80% de los ingresos fiscales a través del pago de los impuestos.
Sin embargo, en el Perú existen 3.5 millones de peruanos sin agua potable. ¿Por qué? Para explicar esta tragedia vale considerar el Plan Nacional de Competitividad del 2019 que establecía que, para resolver las brechas en agua, desagüe, postas médicas, escuelas y carreteras en los próximos 5 años, se necesitaban S/ 117,000 millones. ¿Saben cuánto se gastó entre el 2019 y el 2025? Más de S/ 310,000 millones; es decir, casi tres veces la brecha establecida. Sin embargo, en el Perú sigue habiendo 3.5 millones de peruanos sin agua potable.
¿Por qué semejante tragedia? ¿Adónde va la riqueza nacional que produce el sector privado? En el Perú de cada tres soles de inversión pública, dos se ejecutan a través de los gobiernos subnacionales (regiones y municipios). En otras palabras, la actual descentralización nacional se ha convertido en el espacio de saqueo de la riqueza nacional a través de la corrupción y la ineficiencia.
En ese contexto aparece el comunista radical y denuncia que los 3.5 millones de personas sin agua potable se explica “por las empresas que no pagan impuestos”. La izquierda que defiende la actual descentralización es responsable del saqueo de los recursos nacionales, pero denuncia a las empresas que pagan impuestos.
Esta utilización del Estado en contra de los intereses nacionales, en contra de los pobres y las regiones con más retrasos, explica los diferentes tipos de votación en estas elecciones. El Estado se ha convertido en el creador de varias sociedades con diferencias económicas y sociales que asemejan a dos países: uno cerca del desarrollo y otro anclado en siglos pasados.
He allí una de las claves de la llamada “república caviar” y el motivo de que en las seis elecciones nacionales luego del fin del fujimorismo de los noventa, en la mayoría de las segundas vueltas se hayan enfrentado una propuesta a favor del sistema y otra del antisistema. Es hora de resolver y superar esta terrible contradicción que entrampa el camino del Perú hacia el desarrollo.
















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