La cumbre realizada en Beijing entre Donald Trump, presidente de los E...
El presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, en un anuncio que sorprendió al mundo y a los colombianos de buena voluntad, desconoció el resultado de las recientes elecciones, anunciado por la autoridad electoral del país del norte, y señaló que el presidente elegido era Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico que fue derrotado por el presidente electo Abelardo De la Espriella. En el acto, De la Espriella denunció el intento del golpe de Petro y llamó a las fuerzas armadas a mantenerse vigilantes en la defensa de la Constitución Política y el Estado de derecho.
El intento de golpe de Estado de Petro parece responder a los firmes e incuestionables anuncios de De la Espriella acerca de combatir a la alianza entre el narcotráfico y las guerrillas comunistas que, de una u otra manera, han seguido prosperando bajo los acuerdos de paz que impulsó el progresismo colombiano durante el pasado mandato del expresidente Juan Manuel Santos. Esos anuncios categóricos y los señalamientos de investigar hasta las últimas consecuencias la relación entre el narcotráfico y la guerrilla comunista parecen haber gatillado la absurda reacción de Petro.
En Bolivia el expresidente Evo Morales, igualmente, pretende liderar una revuelta de masas que derroque al presidente Rodrigo Paz, electo unos meses atrás en los últimos comicios. Luego de destruir el país y empujarlo al abismo de la bancarrota económica y el empobrecimiento general, el Movimiento de Acción al Socialismo (MAS) y Evo Morales pretenden culpar de la tragedia de Bolivia al presidente Paz y exigen la renuncia del mandatario y la convocatoria a elecciones nacionales en 90 días.
Felizmente, la resistencia democrática de Paz ha desarmado al movimiento de las vanguardias radicales que pretendía materializar Morales. Asimismo, uno de los aspectos que explica la desesperación de Morales tiene que ver con la firme decisión del gobierno boliviano de combatir el crimen organizado y los vínculos del narcotráfico con el Estado y la sociedad.
Por otro lado, en el Perú, salvando las distancias, Juntos por el Perú y Roberto Sánchez igualmente han desconocido el resultado de las elecciones proclamado por la autoridad electoral y que unge a Keiko Fujimori como la presidente electa del Perú.
¿Cómo entender las conductas de los llamados líderes del Socialismo del Siglo XXI, vinculados al Foro de Sao Paulo, que suelen ganar elecciones y participar en los comicios nacionales proclamando una supuesta vocación democrática? A estas alturas es incuestionable que la única explicación de estas conductas antidemocráticas reside en la filiación marxista de estos dirigentes, en la adhesión a las estrategias y tácticas del leninismo que los lleva a considerar a la institucionalidad democrática como un simple espacio para desarrollar propaganda a favor del programa revolucionario.
Petro y Morales llegaron al poder mediante elecciones. Sin embargo, a diferencia de Hugo Chávez en Venezuela o Daniel Ortega en Nicaragua, desde el gobierno no llegaron a controlar el Estado de tal forma que les posibilitara perpetuarse en el poder durante décadas, tal como lo han hecho todos los totalitarismos comunistas desde los bolcheviques en Rusia, Mao en la China, Chávez en Venezuela y Ortega en Nicaragua.
En ese sentido, el Roberto Sánchez en el Perú que llama a marchas y solicita colaboraciones a través de Yape desconociendo el resultado electoral es un pálido e histriónico reflejo de estos proyectos de dictadorzuelos latinoamericanos.
El golpe de Estado del siglo XXI, pues, empieza a tener nombre y apellido de izquierda. En el Perú Martín Vizcarra cerró el Congreso argumentando un razonamiento inventado (la denegación fáctica de confianza), que no existía en la Constitución; luego el golpe de masas en contra del gobierno de Manuel Merino era como un antecedente lejano del golpe de masas que pretende Morales contra Rodrigo Paz. Y ahora Petro asustado por los anuncios de De la Espriella ensaya un golpe.
En cualquier caso, todo ha cambiado en Hispanoamérica luego de la llegada del presidente Trump al poder en los Estados Unidos y, sobre todo, luego de la captura y procesamiento de Maduro. Ya sabemos cómo terminará la opereta comunista del siglo XXI.
















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