Francia, la séptima economía del mundo, la segunda econo...
Las sociedades occidentales –es decir, las sociedades en donde existe control de los excesos de poder, división de poderes, pluralidad política y libertades religiosas y públicas– están polarizadas y algunas de ellas, incluso, en una virtual guerra civil, tal como hoy sucede en Francia.
El marxismo, las izquierdas progresistas y ortodoxas, las corrientes islámicas fundamentalistas y todos los enemigos de la sociedad occidental suelen explicar estos fenómenos por las diferencias entre la riqueza, las desigualdades, los problemas de los servicios y otros. Sin embargo, este tipo de análisis no resiste el menor escrutinio. Francia y todas las sociedades occidentales con extremas polarizaciones son las sociedades más ricas del planeta.
La propia Francia, por ejemplo, representa la séptima economía del mundo y la segunda de Europa, tiene un PBI de US$ 3.1 billones y un PBI per cápita de alrededor US$ 53,000. Asimismo Italia, otra región hacia donde se extendió la violencia, significa la octava economía del planeta y la tercera de Europa con PBI per cápita de cerca de US$ 40,000. En Inglaterra –la sexta economía mundial, con un PBI cercano a los US$ 4.2 billones de dólares y un PBI per cápita de US$ 60,000– suele haber los mismos problemas que en Francia e Italia. Y para demostrar que Occidente está en problemas en todos lados, algo parecido, aunque en menor grado, sucede en algunos estados de los Estados Unidos, con un PBI de US$ 32 billones y PBI per cápita de US$ 94,000.
¿Cómo entonces se puede explicar las crisis de Occidente desde el punto de vista de la economía, desde el lado de las desigualdades y de los servicios? Parece imposible. Otra aproximación nos señala que en Francia y Occidente se ha desarrollado una revolución cultural sin partido único, a diferencia de la Revolución Cultural de Mao. ¿En qué ha consistido en esa revolución cultural? Las teorías anticoloniales en el mundo desarrollado y de los países emergentes sostiene que Occidente solo se resume en los errores del imperio francés, inglés y del actual imperio de Estados Unidos. De esta manera el hombre blanco, cristiano y patriarcal es el responsable de las tragedias de la humanidad, desde el esclavismo, las invasiones de algunos países y la pobreza y subdesarrollo. Bajo está concepción, Occidente ha dejado de ser la civilización en donde se han construido los mayores espacios de libertad en la historia de la humanidad bajo la influencia de la filosofía griega, la herencia cristiana y el derecho romano. Lincoln y los millones de muertos en Estados Unidos en la guerra civil contra la esclavitud no importan.
Bajo estos conceptos la herencia cultural de Francia y de Occidente no sirve. En Hispanoamérica la leyenda negra contra el virreinato español, la mayor experiencia de mestizaje moderno, tampoco vale. De esta manera en Latinoamérica se suman tres siglos de dominación virreinal a dos de dominación imperial, luego de la independencia.
En esta embestida cultural en contra del orgullo de las sociedades occidentales todo es reducido a cenizas y los países en donde prosperan los estados de derecho y los derechos humanos no importan. El marxismo simplón agrega que falta más Estado, más servicios para contener las desigualdades, no obstante que las sociedades occidentales desarrolladas consumen cerca de la mitad de sus enormes economías en gastos sociales del Estado. Es decir, estados virtualmente socializados.
Las sociedades occidentales que más resisten son aquellas donde las tradiciones no han sido erosionadas de gravedad. Por ejemplo, en Estados Unidos hay más resistencia frente a la revolución cultural porque las tradiciones cristianas tienen gran vitalidad. Francia, la capital de la secularidad y del racionalismo planetario, parece derrumbarse frente a la alianza marxista islámica.
Sin embargo, ante esta ofensiva cultural, en Occidente se reacciona. Donald Trump es una incuestionable reacción ante el colapso de Occidente, más allá del fastidio de ciertos liberales que priorizan un arancel o un procedimiento en medio del brutal choque de civilizaciones. El eventual triunfo de Marine Le Penn, la única persona que puede salvar a Francia de la anarquía, calificada por el progresismo mundial como de ultraderecha, es otra posible reacción frente al derrumbe cultural de Occidente.
En Hispanoamérica después de los triunfos de las izquierdas en Chile y Perú, las dos economías que brillaban en crecimiento y reducción de pobreza en las últimas décadas, debe quedar absolutamente claro que el problema está en la cultura, en la revolución cultural alentada por marxistas y progresistas.
















COMENTARIOS