Editorial Educación

Recuperando la autoridad en el colegio

La presentación personal enseña orden, pertenencia y respeto por la escuela

Recuperando la autoridad en el colegio
  • 28 de octubre del 2026


La recuperación de la autoridad escolar que impulsan el Gobierno de Keiko Fujimori y el ministro José Antonio Chang alcanza ahora la presentación personal de los estudiantes. El proyecto de Lineamientos para la Gestión de la Disciplina Escolar, publicado mediante la Resolución Ministerial N.° 613-2026-Minedu, se encuentra todavía en consulta pública. No se trata, por tanto, de una normativa definitivamente vigente, sino de una propuesta que deberá perfeccionarse antes de convertirse en política nacional.

El proyecto plantea que los alumnos de colegios públicos mantengan una higiene adecuada y utilicen correctamente el uniforme o la vestimenta establecida por cada institución. También propone restringir durante la jornada escolar el maquillaje, el cabello teñido, los tatuajes, las faldas por encima de la rodilla y accesorios como aretes, piercings, anillos, cadenas y pulseras. Su incumplimiento sería considerado una falta leve, no una causa de expulsión. En los colegios privados, las disposiciones deberán figurar expresamente en el reglamento interno y ser comunicadas a las familias.

La presentación personal no es una cuestión meramente estética. La escuela también educa mediante hábitos cotidianos que enseñan autocontrol, respeto por las normas y responsabilidad frente a una comunidad. El uniforme contribuye, además, a reducir la competencia por las marcas, las modas y los signos externos de riqueza o posición social. Se trata de reforzar una pertenencia compartida en la que el interés común tenga más peso que la exhibición individual.

La disciplina, por lo demás, constituye una condición fundamental para aprender. Los resultados de PISA 2022 muestran que los países con mejores desempeños suelen contar con aulas ordenadas, donde los estudiantes escuchan al docente y pueden concentrarse. En Japón, apenas el 12% de los alumnos afirmó que le resultaba difícil trabajar en la mayoría de sus clases, frente al 23% del promedio de la OCDE. Asimismo, solo el 6% señaló que sus compañeros no escuchaban al profesor, mientras que el promedio de la organización alcanzó el 30%. En Singapur, líder de PISA 2022 en matemática, lectura y ciencia, el 11% declaró que no podía trabajar adecuadamente durante la mayor parte de las clases.

Estas cifras ilustran una lección que el Perú necesita asumir: el aprendizaje requiere proteger el tiempo escolar, respaldar a los docentes y establecer expectativas claras. En Singapur, las normas de presentación incluyen el uso del uniforme sin modificaciones, el cabello limpio y ordenado, las uñas cortas y sin esmalte, y la ausencia de maquillaje, tatuajes y accesorios llamativos. Estas exigencias conviven con orientación, prácticas restaurativas y sanciones graduales. La disciplina no sustituye a la pedagogía, sino que contribuye a crear las condiciones para que funcione.

El Perú debe avanzar en esa dirección con firmeza y sentido de justicia. Un uniforme limpio y completo, una higiene adecuada y un arreglo personal sobrio son exigencias razonables dentro de una comunidad educativa. Pero la eficacia de la reforma dependerá de que las reglas sean claras, proporcionales y aplicadas de manera coherente.

La iniciativa, sin embargo, fracasará si se concentra en vigilar peinados mientras se toleran las tardanzas, las agresiones, el fraude académico, el vandalismo o los desafíos a la autoridad docente. La presentación personal debe ser el punto de partida de una cultura más amplia de puntualidad, estudio, limpieza, cuidado de los bienes públicos y cumplimiento de los compromisos. El alumno que aprende a respetar las normas de vestimenta también debe comprender que no puede interrumpir una clase, destruir un pupitre, copiar en un examen ni humillar a un compañero. El orden tiene que expresarse, sobre todo, en la conducta.

El Perú no alcanzará una educación de calidad con reglamentos que nadie cumple ni con una pedagogía incapaz de establecer límites. Necesitamos jóvenes que sepan gobernarse, respetar a sus maestros, convivir con los demás y entender que la libertad no consiste en hacer cualquier cosa, sino en actuar responsablemente dentro de reglas comunes. Ordenar la presentación personal puede parecer una medida menor, pero forma parte de la construcción diaria de hábitos y responsabilidades. Cuando la escuela recupera la capacidad de exigir, orientar y corregir, prepara mejor a sus alumnos para el trabajo, la ciudadanía y el progreso.

  • 28 de octubre del 2026

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