El Consejo Nacional de Educación del Perú (CNE) ...
El programa Beca 18 vuelve a estar en el centro del debate público. Lo que nació como una política para abrir las puertas de la educación superior a jóvenes talentosos en situación de pobreza enfrenta hoy un serio problema de financiamiento. El gobierno de José Jerí ha reducido drásticamente los recursos previstos para el programa, pese a haber reiterado su compromiso con otorgar 20,000 becas Beca 18, 10,000 Beca Tec y 8,000 Beca Permanencia. La brecha entre el discurso y el presupuesto aprobado ha encendido las alarmas.
El Congreso aprobó apenas 50 millones de soles para Beca 18, cuando el Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo solicitó 550 millones para cubrir el primer año de estudios de los nuevos beneficiarios. Un informe de la Contraloría advirtió que el monto aprobado no alcanzaría ni siquiera para financiar las 20,000 becas prometidas. Según la exdirectora de Pronabec, Alexandra Ames, esa cifra cubriría menos de dos mil becarios. La diferencia no es menor: es el corazón del programa.
La situación es más preocupante si se considera la magnitud de la demanda. En octubre de 2025, cerca de 98,000 jóvenes de bajos recursos se inscribieron para rendir el examen de selección con la esperanza de acceder a una carrera profesional. Muchos de ellos son estudiantes con alto rendimiento académico que ven en esta beca la única posibilidad real de continuar estudios superiores. Para 8 de cada 10 beneficiarios, se trata del primer miembro de su familia en llegar a la educación superior.
Desfinanciar Beca 18 no es solo un recorte más. Significa debilitar una política que ha beneficiado a más de 100,000 estudiantes en los últimos catorce años. El programa no se limita a cubrir la pensión universitaria. También financia vivienda, alimentación, transporte y otros gastos básicos, lo que permite que jóvenes de zonas rurales o de extrema pobreza puedan sostenerse en ciudades donde estudian. Ese apoyo integral es costoso, pero ha demostrado ser una herramienta efectiva de movilidad social.
Un elemento clave del diseño de Beca 18 es el sistema de vouchers. Los estudiantes seleccionados reciben un financiamiento que pueden utilizar en la institución educativa que elijan, pública o privada, según su proyecto profesional. El Estado no asigna directamente la plaza, sino que financia la demanda. De este modo, se promueve la competencia entre universidades e institutos por atraer a los becarios y se respeta la libertad de elección de las familias.
Este esquema introduce un criterio de eficiencia en el uso de recursos escasos. En lugar de expandir indefinidamente la oferta pública, el Estado focaliza el gasto en los sectores más pobres y con mejor rendimiento académico. Los jóvenes que superan la pobreza o pertenecen a clases medias emergentes deben financiar su educación según sus posibilidades, mientras que el subsidio se concentra en quienes realmente no podrían acceder sin ayuda. Es una lógica de focalización que busca equilibrio fiscal sin sacrificar equidad.
Sin embargo, el propio éxito del programa ha generado una presión creciente sobre el presupuesto. Cada año no solo deben financiarse las nuevas becas, sino también los estudiantes que ya están cursando sus carreras. Especialistas advierten que, sin una estrategia de sostenibilidad, el programa puede convertirse en una carga difícil de manejar. A partir de 2027, sostienen, el Estado deberá evaluar seriamente cómo asegurar recursos permanentes si mantiene el número de beneficiarios.
Ese debate es legítimo. Lo que resulta problemático es prometer 20,000 becas y asignar recursos que no alcanzan ni para una fracción de ellas. Si el gobierno considera que el programa debe reformarse o ajustarse, debería decirlo con claridad y plantear una transición ordenada. Lo que no parece razonable es mantener el anuncio político mientras se aprueba un presupuesto claramente insuficiente, generando expectativas que luego se frustran.
En un país con limitaciones fiscales, cada sol cuenta. Pero precisamente por eso el gasto debe priorizar políticas con impacto comprobado en la reducción de la pobreza y la desigualdad. El sistema de vouchers aplicado a Beca 18 ha permitido que miles de jóvenes talentosos elijan su futuro y compitan en igualdad de condiciones. Desfinanciarlo sin una alternativa clara no solo afecta a quienes esperan una oportunidad hoy, sino que debilita una posible base para una reforma educativa más amplia y sostenible.
















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