En el Perú algunos sectores políticos y actores de la vi...
El proyecto Majes Siguas II se ha convertido en una de las apuestas más relevantes para redefinir la agricultura en el sur del Perú y, en particular, en Arequipa. Concebido como un gran sistema de infraestructura hídrica, busca llevar agua a zonas áridas y abrir un nuevo ciclo de desarrollo productivo. La inversión estimada, que supera los S/ 7,700 millones, refleja la magnitud del desafío. No se trata solo de obras hidráulicas, sino de una decisión estratégica que puede reconfigurar la economía regional durante las próximas décadas.
En términos territoriales, Majes Siguas II prevé habilitar 40,000 hectáreas de nuevas tierras agrícolas, que se sumarán a las 16,000 hectáreas ya irrigadas en la primera etapa. Esta ampliación de la frontera agrícola permitiría replicar hacia el sur el dinamismo agroexportador visto en regiones como Ica. Sin embargo, el impacto no depende únicamente de la cantidad de tierras disponibles, sino de cómo se adjudiquen y organicen, de modo que sean viables para proyectos agrícolas de escala y con capacidad de competir en mercados internacionales.
El componente técnico del proyecto incluye la modernización del sistema que transfiere agua desde la cuenca del río Colca hacia la del Siguas, con una capacidad de conducción de hasta 34 metros cúbicos por segundo. Las obras contemplan la automatización y rehabilitación de la represa de Condoroma, la bocatoma de Tuti, túneles y canales que cruzan la cordillera, así como la derivación hacia Majes–El Pedregal. La cooperación entre los gobiernos de Perú y Japón incorpora tecnología orientada a mejorar la eficiencia y sostenibilidad del uso del agua.
El impacto económico y laboral proyectado es uno de los principales argumentos a favor del proyecto. Las estimaciones señalan que Majes Siguas II podría generar más de 160,000 empleos directos e indirectos a lo largo de su ciclo de vida. De ese total, alrededor de 83,000 puestos se crearían durante la etapa de construcción, mientras que unos 80,000 corresponderían a empleos permanentes cuando el sistema esté en plena operación. Otras proyecciones hablan de más de 120,000 empleos, lo que da cuenta de su potencial como motor de trabajo formal.
La experiencia de Majes Siguas I, ejecutada en los años ochenta, ofrece lecciones claras. En esa etapa, la fragmentación de la tierra en minifundios de subsistencia limitó la productividad y dificultó la adopción de tecnologías como la mecanización y el riego tecnificado. Para evitar repetir ese escenario, la segunda fase debe priorizar unidades productivas de mayor escala, capaces de atraer inversión, acceder a crédito y desarrollar cultivos de alto valor, como uvas, arándanos y paltas, orientados a la exportación.
La inclusión de los pequeños agricultores sigue siendo un reto central. Su exclusión no es una opción, pero su integración requiere esquemas asociativos sólidos que les permitan participar en un modelo agrícola moderno. En este punto, las asociaciones público-privadas juegan un papel clave. No solo se espera que canalicen inversión privada, sino que asuman responsabilidades en la operación y mantenimiento del sistema hidráulico, con estándares técnicos claros y mecanismos de supervisión que eviten el deterioro de la infraestructura.
El mantenimiento ha sido, precisamente, uno de los puntos débiles en proyectos similares. En la primera etapa, la gestión estatal del sistema resultó costosa y poco eficiente. Majes Siguas II busca corregir ese problema incorporando una mayor participación privada que garantice continuidad operativa y sostenibilidad financiera. Además, el proyecto incluye la construcción de dos centrales hidroeléctricas, lo que añade una dimensión energética y refuerza la lógica de aprovechar de manera integral los recursos hídricos disponibles.
Más allá del riego, el éxito del proyecto dependerá de contar con infraestructura complementaria. Carreteras, centros de acopio, redes de frío y plantas de procesamiento son indispensables para que la producción llegue en condiciones competitivas a los mercados. También es clave un entorno legal estable. La derogación de la Ley de Promoción Agraria en 2020 afectó la confianza de los inversionistas, y su posterior restablecimiento, con seguridad jurídica y beneficios tributarios, es visto como un factor decisivo para atraer capitales al sector.
En el plano nacional, Majes Siguas II se inserta en un contexto donde apenas el 5% de las tierras agrícolas del país genera exportaciones. Ese pequeño porcentaje, sin embargo, ha permitido que el Perú se ubique entre los diez principales exportadores mundiales de productos frescos. La suma de proyectos hídricos podría ampliar las áreas exportadoras desde unas 250,000 hasta más de 600,000 hectáreas. Convertir ese potencial en desarrollo real exigirá decisiones técnicas acertadas, coordinación público-privada y una visión de largo plazo para el sur del país.
















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