Según diversos rankings el Perú es uno de los di...
Hoy la minería ilegal en oro y cobre se ha convertido en la mayor economía ilegal del país porque puede llegar a movilizar –según diversas aproximaciones– más de US$ 6,000 millones, de los US$ 10,000 millones que mueven todas las economías ilegales, entre ellas el narcotráfico, la trata de personas, la tala ilegal. Unos años atrás imaginar que la minería ilegal manejara más recursos que el narcotráfico parecía un imposible. Hoy no solo es la economía ilegal más poderosa, sino que tiene enorme influencia política por una narrativa social que invoca supuestos derechos de las comunidades campesinas.
Pero eso no es todo. En la provincia de Pataz, en la región La Libertad, todo el Estado de derecho –es decir, toda las instituciones:-Ejecutivo, gobierno regional, sistema de justicia, policía nacional (PNP) y fuerzas armadas– naufragan en su intento de contener la minería ilegal pese a la violencia, los pistoleros y el Far West en que se convierte Pataz. Una clara señal del poder corrosivo de la minería ilegal en contra del sistema constitucional.
Si consideramos que la minería ilegal en oro afecta a más de 22 ríos de la Amazonía, que la minería ilegal de cobre atenta contra el 40% de la producción de cobre nacional en el corredor vial del sur, y le sumamos los precios en alza del oro (más de US$ 2,000 la onza) y del cobre (cerca de US$ 5 la libra), entonces, la minería ilegal comienza a convertirse en una de las primeras amenazas a nuestra viabilidad social.
¿Cómo se ha llegado a esta situación? La minería ilegal surge porque la minería moderna y formal se ha paralizado en el Perú. Desde la megainversión de Quellaveco no se conocen grandes emprendimientos, por ejemplo, en cobre, no obstante el volumen de reservas probadas del país. ¿Por qué? Una primera explicación está en las narrativas que construyeron las oenegés antimineras en el Perú señalando que la minería moderna era una amenaza a los recursos hídricos destinados al consumo humano y la agricultura. Bajo esos relatos, esas fábulas, estas oenegés marxistas lograron detener los proyectos de Conga en Cajamarca y Tía María en Arequipa y paralizar la minería moderna. Esas fábulas alentaron las acciones violentas del radicalismo antiminero.
Por otro lado, esas mismas narrativas construidas por las oenegés anticapitalistas explican la sobrerregulación y burocratización del Estado con el objeto de controlar “la voracidad del capitalismo minero”. Se pasaron de 15 procedimientos a más de 265 convirtiendo un proyecto minero en un vía crucis que demanda años e, incluso, décadas. Ojalá que los anuncios del Ejecutivo sobre la agilización de la llamada consulta previa y la ventanilla única sean viables con la cantidad de oficinas y ministerios creados bajo el relato progresista.
Asimismo, la tramitología posterga para las calendas griegas el inicio de las explotaciones de las concesiones, mientras la minería ilegal avanza en asaltar minas y explotar ilegalmente el mineral.
Una de las cosas más paradójicas de esta situación es que las oenegés anticapitalistas que organizaron y construyeron estos relatos en contra de la minería moderna que preserva el medio ambiente con los más altos estándares ambientales, que paga impuestos y genera empleo formal, generalmente, son financiadas por los países competidores mundiales del Perú en la producción de minerales. He allí la única explicación de por qué el Perú ha perdido el segundo lugar en la producción mundial de cobre.
Asimismo, otra terrible paradoja: las oenegés anticapitalistas suelen desarrollar sus relatos en contra de la minería argumentando la defensa del medio ambiente. Cuando la minería moderna fue paralizada se desencadenó la minería ilegal causando una devastación ambiental que durará varias décadas.
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