Jorge Varela

Zizek, el reciclador de fantasmas

Fisósofo esloveno ha vuelto a padecer de alucinaciones

Zizek, el reciclador de fantasmas
Jorge Varela
19 de mayo del 2020


Ensayista es el que ensaya, también el que escribe ensayos. Y Slavoj Zizek es, a no dudarlo, uno de más los prolíficos. Destacado, polémico, siempre arriba de la ola, le place surfear en aguas correntosas. No es de aquellos que se escabullen; por el contrario, le agrada que lo vean desplazándose por el extenso mar de las ideas, e insiste y reinsiste en que las suyas no naufragan. Acostumbrado a los focos y al asedio de los medios de comunicación, no le provocan náuseas las entrevistas, circunstancia que aprovecha para comportarse como estrella de rock y como eximio actor cinematográfico, rol que maneja con destreza.

A la memoria vienen sus desencuentros y recíprocas descalificaciones con Noam Chomsky, quien al ser preguntado sobre las ideas de Zizek, dijera: “Es un buen actor (que) hace puestas en escena y que las cosas parezcan apasionantes… ¿pero encuentra usted (en ellas) algún contenido?”. (diciembre de 2012) A su turno, Zizek le ha contestado al estadounidense, algunas semanas después: ¡No conozco a un tipo más empíricamente equivocado en sus descripciones y en lo que sea!” (Bloghemia).

Zizek –-confeso de ser “desvergonzadamente marxista”– ha manifestado que “hay que oponer el comunismo al capitalismo salvaje”. Sin inmutarse ha emitido dos juicios rotundos: “La izquierda —en este instante del siglo XXI— es quien protege la decencia moral del espacio público” y “la figura de Marx podría ser todavía un punto de inspiración”. (entrevista, portal Filosofía&Co, 27 de mar de 2018). Con razón Chomsky cuestionó hace más de siete años el rigor empírico del pensador esloveno: “Zizek sostiene que su trabajo es cada vez más influyente… permítame que lo dude. Creo que sus poses y posturitas son cada vez más influyentes. ¿Me puede usted decir a qué trabajo se refiere? Porque, lo que es yo, no lo encuentro”. 

El aludido Zizek, un personaje singular, ha vuelto a repetir varias de sus especulaciones ya conocidas en un último libro sobre la actual pandemia que mantiene convulsionado al planeta. Para entenderlo en sus “posturas” y “posturitas” –emulando lo dicho por Chomsky– hay que adentrarse en su concepto teórico de ideología. Zizek piensa que la ideología constituye a la realidad. Según el rector universitario Carlos Peña, para Zizek “la ideología es una construcción fantasiosa que hace de soporte a nuestra realidad” (Carlos Peña, “Zizek: pensar desde el diván”, en “Ideas de perfil”). 

Por ello, no debiera sorprendernos cuando el intelectual esloveno afirma que hace falta “una nueva forma de lo que antaño se llamó comunismo”. A Zizek, un buen reciclador de ideas perimidas, siempre se le aparece y se le seguirá apareciendo en sus noches el comunismo como un sueño inconcreto. Acaba de afirmar que ya está funcionando una economía a la que denomina “un comunismo del desastre”, “como antídoto al capitalismo del desastre”, una especie de verdadero “socialismo forzado” (Pandemia). Zizek, como es constatable, no se rendirá en sus intentos por retornar a sus viejas posturas. 

Pero, ¿y si como resultado de los estragos de esta epidemia apareciere en el horizonte un nuevo tipo de capitalismo? No le quepa la menor duda, Zizek reconcentrará todo su mejor arsenal dialéctico para erosionar a este hipotético nuevo orden mundial de origen y naturaleza liberal-capitalista e intentará sustituirlo por esa forma de organización de la sociedad que ahora califica como comunismo del desastre (antes comunismo a secas), una de sus oscuras y recurrentes fantasías. Ya en El sublime objeto de la ideología imaginaba (soñaba) “la disolución real del horizonte capitalista sin caer en la trampa de regresar a una noción premoderna de una sociedad equilibrada, autolimitada”. ¿A qué se refiere con este eufemismo de una sociedad “equilibrada” y “autolimitada”? ¿Se refiere a la fenecida Unión Soviética, a Corea del Sur, al régimen imperante en China? ¿El comunismo propuesto implicaría una sociedad posmoderna, libre de controles y límites impuestos arbitrariamente desde arriba?

El día que Zizek se recupere del traumatismo encéfalo-marxiano que le aqueja y deje su excesiva adición a Lacan volverá a filosofar en plenitud, y no será solo el ensayista-lumbrera que ensaya, ensaya y escribe latos ensayos. El día que Zizek despierte de su profundo y largo sueño marxiano, deje en el diván elementos de la teoría psicoanalítica lacaniana y se desprenda de otros fantasmas que le atenazan, se percatará de que la salida no pasa por una nueva forma de comunismo. Si se analiza sin atavismo el devenir de las diversas experiencias históricas concretas y reales de este proyecto hegemónico, opaco y totalitario que domina y ejerce un control fuerte sobre la vida de millones de seres del mundo, se tendrá que concluir que dicho esperpento ideológico carece de material genético para engendrar una auténtica sociedad libertaria y transparente, de raíz democrática.

Jorge Varela
19 de mayo del 2020

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