Jorge Varela

Visiones teopolíticas cuestionables

Lo religioso no admite contaminaciones

Visiones teopolíticas cuestionables
Jorge Varela
04 de agosto del 2026

 

Los teólogos Antonio Spadaro y Marcelo Figueroa, -jesuita y presbiteriano, respectivamente- han escrito que el Papa “Francisco rechazaba radicalmente la idea que estaba en la base del Sacro Imperio Romano y de todas las formas políticas e institucionales similares: la realización del reino de Dios en la tierra”. Según ellos, si esa idea se mantuviese significa que el ‘pueblo elegido' entraría en un complicado entrelazamiento de dimensiones religiosas y políticas, al perder la consciencia de estar al servicio del mundo” (“Fundamentalismo evangélico e integrismo católico: Un ecumenismo sorprendente”).

Estos mismos autores recuerdan en su documento, que este Papa declaró en una entrevista al diario francés La Croix –30 de junio de 2016–, lo siguiente: “Europa tiene raíces cristianas. El cristianismo tiene el deber de regarlas, pero con espíritu de servicio, como en el lavatorio de los pies. El deber del cristianismo hacia Europa es el de servicio”.

 

Visión teopolítica cristiana

Entonces, si lo que se espera es abrir la posibilidad de influir en la esfera política-social-jurídica-cultural contemporánea en decadencia, para ajustar el desvencijado entramado normativo a los principios de la moral religiosa, habrá que acoger en alguna instancia el mensaje de las Iglesias cristianas: Católica, Ortodoxa y Evangélica. 

Al respecto, pocos dudan –por ejemplo– de que la visión teopolítica cristiana es muy diferente a la lógica que inspira al fundamentalismo islámico, y que el Estado teocrático Islámico no es democrático y sus súbditos profesan y difunden una especulación apocalíptica fatídica y conflictiva.       

 

Ecumenismo del odio 

Los teólogos mencionados, -cuya ruta analítica va en dirección errónea-, han optado con astucia por un recorrido distinto. Han denunciado que algunos católicos se expresan de formas desconocidas para su tradición, mucho más cercanas a los tonos evangélicos. Sostienen que “se está desarrollando una extraña forma de sorprendente ecumenismo entre fundamentalistas evangélicos y católicos integristas, unidos por la misma voluntad de una influencia religiosa directa en la dimensión política”. 

Se trata de una opinión que permite arribar al fondo de sus intenciones. Critican la existencia de un universo de convergencia ecuménica bien definido, en los que “el encuentro de objetivos comunes se da en torno a temas como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la educación religiosa en las escuelas y otras cuestiones consideradas genéricamente morales o ligadas a los valores”. Señalan que “tanto los evangélicos como los católicos integristas condenan el ecumenismo tradicional y, sin embargo, promueven un ‘ecumenismo del conflicto’ que los une en el sueño nostálgico de un Estado de rasgos teocráticos”. Spadaro y Figueroa lo denominan: “ecumenismo del odio”.

Después de leer los párrafos anteriores queda nítida la postura exacerbada del afiatado dúo de teólogos que reparten la expresión “odio” con demasiada generosidad, a quienes no encajan con su línea de pensamiento teológico. 

 

El ecumenismo tradicional 

Fue Francisco I quien formuló a La Croix en 2016, que: “una ley sólida que garantice la libertad religiosa ofrece un marco para avanzar”. Enseguida agregó: “la pequeña crítica que dirigiría a Francia es la exageración de la laicidad”, “que proviene de una manera de considerar las religiones como subcultura”. 

El desafío de defender la ‘libertad religiosa’ conjuga con la idea de evitar que ella siga el ritmo de ciertos fundamentalismos de la denominada ‘religión en libertad’, aunque su erosión haya surgido precisamente de formulaciones insensatas y de los efectos del secularismo actual. 

En síntesis, existe una distancia evidente entre el ecumenismo tradicional alentado por referentes cristianos y de otras confesiones religiosas –ecumenismo que se mueve en la directriz de la paz y del encuentro–,  y lo expuesto ligeramente por Spadaro y Figueroa. 

 

Un enfoque teopolítico cuestionable 

Como se apreciará, en el referido artículo escrito a cuatro manos bajo la inspiración de dos cabezas teológicas, se ha utilizado un lenguaje formal casi surrealista para generar un enfoque acomodaticio, aparentemente seductor, pero cuestionable en el fondo. Ambos autores hacen referencia a un ecumenismo del odio, postura no muy distinta de aquella que inspira al fundamentalismo islámico y al Corán. 

Se puede alabar el aporte destinado a dar a luz un texto original, pero no es admisible compartir su orientación, ni sus argumentos, ni sus afirmaciones temerarias. A veces la recta intención de estudiar el presente para proyectar un futuro de paz y justicia, se convierte en una vía truncada por ímpetus provenientes de puntos cardinales diferentes que soplan en contra. En tiempos tan complejos, hay que saber afirmarse antes de que la tempestad amenace al pensamiento ortodoxo y derribe los pilares de la convicción. El análisis de lo religioso no debería contaminarse con el ideario político temporal de autores que con fe lo esparcen como si oliera a incienso. 

Jorge Varela
04 de agosto del 2026

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