Mariana de los Ríos
Violencia, miseria y caos en la obra de Herberth Rodríguez
La polémica representación peruana en la Bienal de Venecia

Nunca han faltado los escándalos y polémicas en el mundo de las artes plásticas peruanas; especialmente si se trata de concursos y de elecciones de nuestros representantes a eventos internacionales. La más reciente de estas polémicas es la relacionada con la muestra “La paz es una promesa corrosiva”, del artista Herberth Rodíguez (Lima, 1959), que actualmente se expone (hasta el mes de noviembre) en el pabellón del Perú en la 59a Bienal de Venecia.
Se trata de trabajos que el artista hizo hacia finales de los años ochenta e inicios de los noventa (es decir, hace más de 30 años) y que expresan toda la violencia, las injusticias, la miseria y la gran crisis institucional que atravesaba entonces el Perú. A todo ellos se sumaba la hiperinflación y la debacle económica, y el terrorismo senderista y emerretista, que estaban en su momento más álgido. Rodríguez representó todo ello en unos agresivos y enormes collages en los que, imitando las formas de los graffitis y pósters callejeros, reunía recortes de periódicos con titulares violentos y escandalosos.
“Esto no es arte plástica, esto es punk”, ha escrito recientemente el crítico Tom Seymour, sobre esta muestra. Y es cierto: eso nunca fue arte, pero sí una protesta válida y necesaria… hace 30 años. Es más, estas propuestas contestatarias y contraculturales –“arte no objetual”– se convirtieron en una tendencia generacional en nuestro país, con grupos de artistas olásticos como el colectivo Huayco. Pero hoy el Perú es una sociedad y un país muy diferente. Y las obras de Rodríguez ya no representan en absoluto a nuestra sociedad y a nuestra producción artística. Entonces, ¿qué hacen hoy en nuestro pabellón de la prestigiosa Bienal de Venecia?
El error obviamente ha sido del curador, el crítico de arte Jorge Villacorta, uno de los más respetados en nuestro medio, quien ha sido el responsable de la elección de este artista y estas obras para que nos representen. También limeño, y de la misma generación de Rodríguez, Villacorta seguramente ha querido darle el “espaldarazo” a un artista que, a pesar de haber tenido una cierta fama y renombre, nunca llegó (por la propia naturaleza de su obra) a integrarse plenamente al mercado del arte peruano; un artista que hoy casi es recordado casi solamente por sus compañeros de generación.
¿Pero ha sido solo un intento de reivindicar a un artista olvidado? No pecamos de suspicaces si asumimos que no es casual que justo en este momento el actual Gobierno de izquierda, de Pedro Castillo y Perú Libre, está tratando de vender, al país y al mundo, la idea de que el Perú atraviesa un “momento constituyente”, una crisis de la magnitud de la de los años ochenta, de la que solo podremos salir con una nueva constitución “plurinacional y paritaria”. Es lo que claramente muestran las “obras” de Rodríguez que actualmente se exhiben en la Bienal de Venecia: una sociedad violenta, en la que reinan la miseria y el caos. Y es cierto, esa sociedad necesitaba un nuevo orden; el que brindó la Constitución de 1993 que dio inicio a tres décadas de crecimiento económico y de estabilidad institucional.
“La estética punk por la que ha apostado Herbert Rodríguez durante toda su carrera está muerta… El trabajo de Herbert puede ser todo lo digno que quieran.. pero hay que ser honestos: llega a Venecia en el peor momento imaginable”, ha dicho un crítico de arte local. El peor momento para los interesados en la difusión y promoción del arte y los artistas peruano; pero no para quienes quieren hacernos creer, a los peruanos y a todo el mundo, que vivimos en un caos del que solo podemos salir con una nueva constitución.
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