Antero Flores-Araoz
Urge la austeridad
Debido a la crisis y los fenómenos naturales

El presente año, en lo que se refiere a ingresos fiscales, así como a gastos corrientes y de inversión, es un año muy peculiar. Lo explico: pese al pésimo Gobierno de Pedro Castillo, nuestro país creció, aunque poco, lo que este año es imposible.
El crecimiento se debió principalmente a que habíamos dejado atrás la pandemia y que por inercia seguía el desarrollo, gracias a la exportación generada por la agroindustria; y por qué no decirlo, gracias a la minería, cuyas operaciones venían de tiempo atrás y no se habían paralizado totalmente pese a todo lo hecho por los violentistas y vándalos para acabar con dicha actividad extractiva, con un discurso irresponsable en el sentido de que la minería afectaba la agricultura. Y en adición que en poco contribuía a sacar adelante a las poblaciones en que la minería tenía notoria influencia. Todo ello sabemos que es una enorme mentira.
En el presente año, debido principalmente a los estragos que está causando el fenómeno de El Niño, acelerado por el tifón Yaku, se perderán muchísimas cosechas y ganado, lo cual impedirá que las exportaciones agroindustriales alcancen los niveles de otros años, lo que a su vez significa menor recaudación fiscal, esto es menor percepción de impuestos.
Por otro lado, la destrucción de infraestructura en las zonas afectadas por el Fenómeno de El Niño, obligará a reconstruirla, repararla e incluso sustituirla, todo lo cual cuesta y mucho, al igual que atender a las familias que han perdido prácticamente todo y esperan la ayuda del Estado. ¿De dónde saldrán los recursos para todo ello? Evidentemente de los impuestos que se logren recaudar y de la reserva para contingencias.
Si como hemos visto la recaudación tributaria se reducirá, y por otro lado las reserva de contingencia se irá usando y no es eterna, todo ello generará aumento en el gasto y reducción en la recaudación, ergo, algo tenemos que hacer para evitar el colapso. La respuesta es simple, hay que ajustarse los pantalones, como hace cualquier familia cuando su jefe pierde trabajo o enferma o resultan gastos que no estaban previstos.
¿En qué debe consistir el ajuste? Muy sencillo, en gastar lo menos posible en egresos corrientes y mantener el gasto de inversión que logra trabajo y bienestar. Todo el gasto corriente que no sea indispensable debe ser desterrado, por lo cual debe olvidarse el aparato público de los nombramientos de personal cuya contratación pueda postergarse. Dejar de lado compra de vehículos que no sean los que deben usarse en la rehabilitación de la obra pública deteriorada. También dejarse de lado los viajecitos superfluos y concentrarse en los que son absolutamente necesarios. Las acciones de representación externa la pueden ejercer nuestros agentes diplomáticos. Además, suprimirse tanta consultoría que más parece premio a la sobonería o apoyos políticos con indebida retribución.
Recordemos que nuestra Policía y Fuerzas Armadas, para llevar el apoyo logístico a las zonas altamente deterioradas por el Fenómeno del Niño, requiere de más recursos, incluso para tener operativo todo su aparato terrestre, marítimo y aéreo que también se necesita en las zonas de alta convulsión social.
¡Austeridad es la voz!
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