Pedro Corzo

Un Nuremberg para el castrochavismo

La deuda pendiente del totalitarismo comunista

Un Nuremberg para el castrochavismo
Pedro Corzo
09 de febrero del 2026

 

Por fortuna para la humanidad, al finalizar la Segunda Guerra Mundial los países aliados, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética, acordaron someter a juicio a la cúpula del nazismo. Más allá de las condenas impuestas a los criminales de guerra, aquellos procesos resultaron decisivos para dejar al descubierto la perversidad de las ideas que habían encarnado Adolf Hitler y Benito Mussolini.

Es probable que el rechazo mayoritario al fascismo y al nazismo sea una consecuencia directa de aquel proceso judicial internacional, en el que no solo se expuso la crueldad de los ejecutores, sino también la naturaleza maligna de las ideologías que promovían. Por ello resulta lamentable que los países sometidos durante décadas al poder soviético no hayan impulsado un juicio similar que recogiera el significado atroz de haber vivido bajo el símbolo de la hoz y el martillo.

Resulta difícil de comprender que la maldad del comunismo no se equipare con la misma regularidad a la del nazismo, cuando ambas ideologías comparten uno de los historiales criminales más espantosos de la historia contemporánea. El nazismo, aunque solo permaneció doce años en el poder, dejó un saldo aterrador. Basta imaginar hasta dónde habría llegado el sadismo del Holocausto, así como la crueldad de la Gestapo y de las SS, de haber contado con más tiempo. El marxismo, en cambio, con todas sus variantes imaginables, ha depredado a la humanidad durante más de un siglo, sin que ello avergüence a quienes guardan un silencio cómplice ante tantas tropelías a cambio de beneficios políticos o materiales.

Existen personas que, como señala el escritor José Antonio Albertini, optan por callar frente a los abusos interminables de una doctrina responsable de la muerte de más de cien millones de seres humanos. Son sujetos que favorecen a élites que cometen atropellos constantes bajo el pretexto de una justicia que nunca han estado dispuestos a aplicar.

Si las víctimas del marxismo, en términos generales, no han logrado visibilizar las innumerables violaciones cometidas en nombre de una utopía que solo ha producido muerte y devastación, las del castrochavismo sí deberíamos concertarnos y promover un documento inspirado en la Carta de Londres de 1945. En él podrían establecerse principios y procedimientos para juzgar las propuestas castrochavistas y a quienes gobernaron en nombre de ese fundamentalismo fracasado.

La sinopsis criminal del castrochavismo incluye asesinatos, procesos judiciales espurios, incontables desaparecidos, crímenes extrajudiciales, encarcelamientos ilícitos, destierros masivos, violaciones sistemáticas de los derechos ciudadanos, expropiaciones forzosas, malversación de fondos, corrupción a gran escala y destrucción deliberada de bienes públicos. La lista es extensa y, en muchos aspectos, comparable a la del nazi fascismo y al comunismo en sus distintas expresiones.

El eventual juicio a Nicolás Maduro, el déspota venezolano detenido en Estados Unidos, podría servir como referencia para un proceso en el que se evalúen sus depredaciones. También permitiría exponerlo como uno de los principales exponentes de una forma de gobierno caracterizada por abusos sistemáticos contra la población, destrucción del patrimonio nacional y participación en crímenes contra la humanidad y la paz, además de su estrecha asociación con Hugo Chávez, Fidel y Raúl Castro, Daniel Ortega y Rosario Murillo, Evo Morales y Rafael Correa.

Cada uno de los mencionados, junto con sus colaboradores, debería ser sometido a procesos judiciales que analicen en detalle sus actuaciones y determinen sanciones, al menos de carácter moral en los casos en que los responsables hayan fallecido. Todo ello sin perder de vista que estos individuos y sus cómplices, como Diosdado Cabello y Miguel Díaz-Canel, entre muchos otros, han sido inductores y coautores de diversas formas de crimen organizado, incluido el narcotráfico.

Es cierto que en nuestro hemisferio no existen precedentes de juicios de esta naturaleza. Sin embargo, tampoco los había antes de los Procesos de Núremberg. La necesidad de una advertencia universal a los depredadores hizo posible aquella experiencia, cuyas formas luego fueron utilizadas en los tribunales para la antigua Yugoslavia y Ruanda, y sirvieron de base para los Estatutos de Roma que dieron origen a la Corte Penal Internacional. Precisamente, la falta de actuación de esta instancia frente al caso de Nicolás Maduro ha sido duramente cuestionada por amplios sectores de la oposición venezolana.

Pedro Corzo
09 de febrero del 2026

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