Jose Azalde

Tensiones políticas en torno al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea

Un acuerdo que lleva más de 25 años de negociaciones

Tensiones políticas en torno al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea
Jose Azalde
15 de enero del 2026

 

En los próximos días, si no surge alguna eventualidad, debería firmarse el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. Dicho acuerdo constituye una importante oportunidad para los países miembros del bloque económico sudamericano, pero también trasluce las fricciones que enfrentan los países europeos por sus propios problemas internos y los desafíos geopolíticos en este momento de la historia bastante convulso.

La evidencia de los menores costos de producción en Sudamérica genera dudas a las diversas industrias europeas. Aunque la perspectiva europea resalta como amenaza la mano de obra barata y las menores cargas fiscales y administrativas, también es cierto que los países sudamericanos tienen el potencial para desarrollar escalas productivas superiores. Hasta hace unos años, los temores frente a una invasión de productos eran enfrentados indirectamente mediante las criticadas regulaciones europeas vinculadas a aspectos ambientales y sanitarios. Pero ello solo encierra una parte del problema, soslayando como en el caso francés, cuestiones estructurales (la percepción de que el sector agropecuario o más propiamente, el modelo agrícola francés es estratégico) y culturales (el acuerdo moviliza otras diadas o dicotomías como globalización versus soberanía productiva o grandes exportadores versus economías rurales locales, cuestiones que aún no ha sido resueltas en el espectro europeo)

Por lo pronto, y retomando en caso francés, los supermercados marcaron una clara oposición frente al acuerdo manifestando que no ofrecerán en sus góndolas carne vacuna y de ave del bloque sudamericano por competencia desleal como consecuencia de una asimetría estructural que los obligaría a bajar sus precios internos afectando la rentabilidad del pequeño y mediano productor. Este hecho describe, como mencionamos anteriormente, las múltiples tensiones políticas y el virtual enfrentamiento a lo que perciben como una medida dictada “desde Bruselas”.

En realidad, este acuerdo lleva más de 25 años de negociaciones, sometido a permanentes avances y retrocesos, subordinado por el termómetro político de todos los países participantes. Al parecer, en estos últimos años surgió una coyuntura propicia que llevaría a la aprobación y firma del acuerdo, sin ignorar que todavía existen tensiones subsistentes. La “carne sudamericana” podría causar temor no solo a los europeos: hace unas semanas China fijó un arancel adicional del 55% a las importaciones de carne vacuna de Brasil, Argentina y Uruguay. Los envíos desde Sudamérica estarían presionando sobre la competitividad de su industria local.

Estados Unidos también limitó las cuotas para las exportaciones de carne vacuna (en el caso argentino, la política de entendimiento entre Milei y Trump ayudó a una flexibilización y también por la calidad del menor tenor graso de la carne “gaucha”). Es un momento histórico que amerita una visión más allá de las fronteras nacionales. Se hace urgente una comprensión de la geopolítica global para entender los desafíos que deben enfrentar los exportadores latinoamericanos y los propios países para el desarrollo de sus políticas de promoción comercial.

Jose Azalde
15 de enero del 2026

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