Javier Agreda

Tan simple, tan puro

Reseña del libro de cuentos de Alessandra Pinasco

Tan simple, tan puro
Javier Agreda
04 de junio del 2026

 

La literatura ha encontrado innumerables maneras de narrar el amor, pero muchas menos de narrar el deseo, especialmente el femenino. Y cuando lo ha hecho, a menudo lo ha convertido en un problema moral o una fuente de sufrimiento. Los once cuentos que Alessandra Pinasco (Lima, 1974) ha reunido en el libro Tan simple, tan puro (Alfaguara, 2025) parten de una premisa distinta: sus protagonistas no buscan justificar sus impulsos ni pedir permiso para ejercerlos. Lo que interesa a Pinasco es explorar cómo mujeres de distintas edades experimentan sus sensaciones y manejan sus deseos. Y también cómo definen los límites —a veces difusos— entre el compromiso y la satisfacción personal.

Hay dos líneas narrativas diferentes en estos cuentos. La primera de ellas se centra en jóvenes que están descubriendo su sexualidad. En uno de los primeros cuentos,  “Ojos de gamuza azul” se presentan mucho de los elementos comunes a estos textos: limeñas de clase alta, contando en primera persona sus propias experiencias. En este caso se trata de una adolescente de 14 años, cuyo primer enamorado es “el guitarrista rubio de los ojos azules”, de una banda de rock metálico limeña. “Habíamos estado juntos casi un año, un año lleno de mentiras y canciones, de canciones que eran mentiras”. Pero cuando están desnudos en una cama, a punto de tener sexo por primera vez, con todo preparado para la ocasión –incluida una canción de Billy Joel como música de fondo– él  simplemente se arrepiente.

Muy similar es el siguiente cuento, “Estrellitas y duendes”. Esta vez la protagonista tiene 16 años y está en viaje de promoción escolar en Cusco, donde conoce a un surfista limeño, también en viaje de promoción. La relación se mantiene durante el resto de ese último año escolar, incluyendo la fiesta de promoción , a la que él no puede asistir. Pero es recién en el siguiente cuento, “Nada que perder”, que la protagonista, de 17 años, llega a perder la virginidad con su enamorado, también surfista. “Estaba segura de que ahora que había dejado de ser virgen todos lo notarían, que la ausencia de mi virtud me marcaría a leguas”.  Pronto supera ese sentimiento de culpa, y la pareja pasa a vivir plenamente su sexualidad.  

La segunda línea narrativa nos presenta a mujeres algo mayores y casadas, que se atreven a vivir su sexualidad con mucha libertad. En  “Magia elemental” la protagonista le cuenta a su pareja actual, su esposo, las aventuras que vivió en “ese tiempo en que dejé de tener novios estables y pasé a tener romances que empezaban y terminaban como actos de magia…”. Algo similar sucede en “La dueña de todo” y en “Oda al amor efímero”, aunque aquí la mujer le cuenta a su esposo todos los detalles de la relación que sostiene actualmente con un conocido músico.

Con tramas y personajes tan parecidos entre sí, los cuentos parecen limitarse a un sector muy específico de la sociedad peruana: mujeres limeñas para quienes las preocupaciones económicas o laborales apenas existen y cuyos conflictos giran principalmente en torno al amor, el deseo y la realización personal. Vista de manera aislada, esta elección podría dar la impresión de una literatura encerrada en un universo social reducido y asociado con frecuencia a cierta frivolidad. Sin embargo, la propia autora propone una lectura distinta de su libro. “Decidí que sería una novela compuesta de cuentos que funcionaran independientemente… El libro recorre la vida de esta persona desde que es adolescente hasta su madurez; no de manera súper lineal, pero si averiguando cómo es que ella empieza, poco a poco, a definir de una manera más personal su relación con el sexo”.

Leído desde esa perspectiva, Tan simple, tan puro adquiere una mayor coherencia. Los relatos se pueden interpretar como distintos momentos de un mismo proceso personal (a pesar de que las protagonistas de los cuentos son distintas). La adolescencia, las primeras experiencias sexuales, la vida en pareja, el matrimonio y las relaciones extramaritales aparecen entonces como etapas de una búsqueda continua de autonomía y satisfacción. La insistencia en ciertos escenarios, personajes y preocupaciones deja de percibirse como una limitación y pasa a formar parte del proyecto narrativo del libro (pero entonces, ¿no habría sido mejor replantear el libro como una novela?).

El resultado final es un libro de cuentos escrito con solvencia y sensibilidad, en el que encontramos personajes creíbles y situaciones emocionalmente reconocibles. Pinasco demuestra habilidad para narrar las incertidumbres del deseo y para recrear las sensaciones físicas y las emociones de sus protagonistas. Sin embargo, esa misma concentración en la experiencia íntima termina dejando de lado otras dimensiones de la vida de los personajes. Los conflictos rara vez alcanzan una complejidad mayor y las historias suelen resolverse dentro de un horizonte emocional demasiado esquemático. Tan simple, tan puro es, en ese sentido, un libro atractivo y narrativamente eficaz, pero que no siempre consigue trascender la superficialidad inherente al mundo que retrata.

Javier Agreda
04 de junio del 2026

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