Manuel Gago
Solo una guerra civil derrotará a Maduro
Fuerzas criminales sostienen a la dictadura comunista

Más sangre correrá en Venezuela. Es el único camino que tiene el régimen de Nicolás Maduro para mantenerse en el poder. Con dolor y muerte profundizará su posición antihumana y contraria a los valores de la libertad. La dictadura comunista no caerá por manifestaciones multitudinarias, declaraciones de buena voluntad o denuncias de crímenes; menos todavía, por intermedio de negociaciones, estrategia de engaño y consolidación antes experimentada. Las recientes movilizaciones populares se enfriarán por la falta de apoyo efectivo y concreto. La retórica cargada de buenas intenciones no resuelve el problema.
Por enésima vez queda demostrado que el enemigo principal es el marxismo. Sin conocer sus debilidades y fortalezas será imposible derrotarlo. Maduro se burla, no teme que hablen del descarado fraude electoral. Con una Biblia en mano, con cinismo obsceno, intenta declararse creyente para así apaciguar a católicos y evangélicos. Ostenta el poder rodeado de mucha gente comprometida, beneficiada económicamente y autora de crímenes atroces. En el exterior, le favorece el doble rasero de políticos y funcionarios internacionales.
Los intereses económicos de rusos, chinos, iraquíes y turcos mantienen a la dictadura, le dan respiro y confianza, envalentonan al heredero de Hugo Chávez. Cuba maneja a su antojo las instituciones venezolanas dentro y fuera del país. Los militares son parte de la mafia, controlan los pozos petroleros. Millones repartidos entre los mandos superiores. Los cárteles de droga son aliados firmes y poderosos. Sus sicarios, en el mundo, están al servicio de la tiranía. ¿Acaso, en febrero pasado, no fueron los actores del asesinato del ex militar venezolano Ronald Ojeda, asilado en Chile? Los privilegiados guardias bolivarianos y colectivos armados mantienen a raya a la población. No hay duda, soldados cubanos estarán en Venezuela asesinando sin asco a opositores.
El modelo estalinista usado por los totalitarismos no ha cambiado. En 1917 los bolcheviques tomaron Rusia y anexaron a sangre y fuego a otros poblados. La delación fue el primer paso para mantenerse en el poder. El nazismo lo experimentó con bastante éxito. Jóvenes y niños fanatizados delataron a sus padres. Lo mismo en Cuba, con los comisarios de la revolución. Los “mil ojos y los mil oídos” del senderismo fue una copia fiel. Durante la época del terrorismo, comisarios de barrio vigilaban a la gente. Los colectivos venezolanos para escarmentar públicamente, azotan a quien despotrica del régimen. Son paramilitares privilegiados al servicio de los sátrapas. Los soplones se multiplicaron sin importarles el destino de sus familiares, amigos y vecinos. Para ellos, valen más las prebendas que reciben a cambio.
Perú estuvo a un paso de instaurar ese modelo. Las rondas campesinas y urbanas impulsadas por Gregorio Santos, expresidente regional de Cajamarca, y Pedro Castillo fue un plan claramente político. Una guardia paramilitar velaría por el régimen comunista por venir. Para las elecciones del 2021 se gestaba el gran frente socialista con Verónika Mendoza. La tan pregonada unidad se hizo polvo cuando Santos, Cerrón y Aduviri fueron apresados por corrupción y otros cargos. Fracasaron con la cumbre de los pueblos cuyo fin era empañar la Cumbre de las Américas realizada en Lima en abril del 2018. Con la fraudulenta elección de Castillo, la defensa de la patria socialista estaría en las manos armadas de látigos y machetes. Esa defensa traería sangre y muerte.
Lo peor llegará a Venezuela. Los jóvenes que protestan en las calles son identificados y serán detenidos para masacrarlos por la ausencia de una fuerza que luche contra la fuerza criminal que sostiene a Maduro. El excanciller Luis Gonzales Posada ya lo dijo: Maduro caerá después de una guerra civil y hasta con intervención extranjera.
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