Giancarlo Peralta
Sin elecciones ¿ya hay ganador?
¿Qué cartas le quedan a la derecha popular?

Debemos ser el único país del mundo que ya cuenta con partido ganador antes de dar inicio a la carrera electoral por la presidencia y representantes ante el Poder Legislativo. Desde que el establishment político logró infiltrar organismos como el Jurado Nacional de Elecciones y la Oficina Nacional de Procesos Electorales, el voto ciudadano es lo que menos cuenta.
Al igual que en el burdo proceso del 2021, no habrá elecciones primarias al interior de las organizaciones políticas para definir a sus candidatos. Otra vez serán las cúpulas de quienes cuentan con un registro avalado por las autoridades correspondientes, las que dirán entre quiénes los peruanos podemos elegir al futuro presidente.
Así como permitieron la inscripción incompleta de la plancha presidencial de Perú Libre, el partido de Vladimir Cerrón (quien como gobernador regional no culminó obras tan importantes como el Hospital Regional de Junín, y quien además se encuentra involucrado en múltiples denuncias de corrupción), así también lo hicieron con el Partido Morado, que según las encuestadoras perdió su inscripción por tener menos de 1% de las simpatías de los electores, pero sucede que logró mantener su inscripción.
Algo similar sucedió con la elección municipal y regional del 2022, en la que se eligió a Rafael López Aliaga como alcalde metropolitano de la capital. Entonces ocurrió algo peculiar, por decir lo menos: las encuestadoras decidieron no realizar su investigación para proyectar quién sería el eventual ganador del proceso electoral, salvo una que anunció el triunfo de Daniel Urresti –el candidato de Podemos, de José Luna– con un margen aproximado del 2%. Curioso resultado porque en el proceso electoral nacional del 2021 su grado de aproximación fue de menos de 1%. La argumentación habitual es que su resultado se encontraba dentro del margen de error estadístico. Ciertamente, pero la encuestadora puede alcanzar mayor precisión en el ámbito nacional y, en la plaza electoral urbana, en la que se estima que el elector tiene la posibilidad de estar mejor informado ¿su error fue mayor?
¿Qué está sucediendo?
- Se quiere adelantar el proceso electoral al presente año sin que se depure el padrón electoral, lo cual es gravísimo. Tengamos presente que al 2021 había 240,000 fallecidos como consecuencia del pésimo sistema de prevención y cuidado de la salud implementado por el gobierno de Martín Vizcarra para enfrentar la pandemia, la peor del mundo. A los que habría que añadir otros 38,000 fallecimientos regulares por todas las enfermedades. Si a ellos les sumamos las denuncias de familiares de ciudadanos fallecidos años atrás y que siguen figurando en el padrón electoral. En conjunto, sumarían más de 300,000 electores habilitados para sufragar, número que fácilmente altera cualquier resultado.
- El argumento para llevar a cabo el proceso electoral en el presente año, se basa en que se debe dar respuesta adecuada a la “demanda social”, según indican ciertos politólogos; demanda que se expresa en los actos vandálicos y de terror que algunos insisten en calificar como protesta. pero sabemos que eso es una falacia porque no responde al sentir mayoritario de la población.
- Se quiere hacer creer a la ciudadanía que las protestas cesarán si se promueve la redacción de una nueva constitución en reemplazo de la carta de 1993, pero no se dice ¿qué es lo que se quiere cambiar, La presidente Dina Boluarte ha propuesto que sea la Comisión de Constitución del próximo Congreso que, respetando la constitución histórica del Perú, se elabore una nueva Carta magna; pero, ¿cuál es la Constitución histórica? Aquella que garantiza igualdad de condiciones de participación electoral para todos los ciudadanos, o es que se quiere quebrar el principio democrático de un ciudadano un voto mediante la incorporación de representación política a las denominadas “organizaciones representativas de la población”. En otras palabras, habría ciertos dirigentes políticos, sindicales, gremiales, populares, etc., cuyas propuestas políticas podrían ser mayoritariamente rechazadas por la ciudadanía pero que podrían ser impuestas gracias a una reforma constitucional.
Ese es el peligro, abrir las puertas a la imposición de una dictadura del establishment político, que gobierna el Perú desde el 2000. Primero con Valentín Paniagua, seguido por Alejandro Toledo, luego por un permisivo Alan García, abiertamente con Ollanta Humala –quien pactó con el chavismo– y Pedro Pablo Kuczynski quien en el ejercicio del gobierno mantuvo su pacto con las izquierdas en vez de darle estabilidad política al país para seguir creciendo y reducir la pobreza. Los errores en la conducción del fujimorismo que le impidieron ver el bosque para centrarse en el árbol (PPK), entregándole su confianza a Martín Vizcarra quien terminó por destrozar el sistema político y la democracia en el Perú.
¿Qué cartas le quedan a la derecha popular?
- Participar en el proceso electoral sin enarbolar la candidatura presidencial de algún Fujimori.
- Lograr que las Fuerzas Armadas vuelvan a tener acceso a las actas electorales para garantizar institucionalmente la transparencia en el resultado electoral.
- Depuración del proceso electoral.
- Cambio de los árbitros en la ONPE y JNE.
- Contar con un candidato de fuste de origen popular y que indudablemente esté dispuesto a confrontar a los violentistas que impiden el desarrollo y fortalecimiento del capitalismo popular.
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