Humberto Abanto

Si no son comunistas, ¿qué otra cosa son?

No creen en la democracia ni en la moral

Si no son comunistas, ¿qué otra cosa son?
Humberto Abanto
08 de septiembre del 2019

 

I

Un lloroso artículo ha sido la primera voz que se levanta para rechazar que se llame comunistas a los comunistas. Imagino que tras de ella vendrá un coro de lamentaciones que tratará de levantar los argumentos del macartismo y de la conjura de los corruptos y retardatarios contra los apóstoles del monopolio de la representación política y la superioridad moral.

Partamos del principio. Carlos Marx y Federico Engels, autores ambos de El Capital, la Biblia del materialismo dialéctico, dieron forma política a su propuesta ideológica por medio del Manifiesto comunista. A partir de entonces, sus seguidores son llamados comunistas.

Tres son las ideas básicas del comunismo, a saber, la lucha de clases, la revolución proletaria y la dictadura del proletariado como paso previo al comunismo. O sea, Marx —y con él los comunistas— rechazaba la democracia liberal porque la veía como un instrumento de perpetuación de la relaciones de propiedad sobre los medios de producción que favorecían a la burguesía. También sostenía que los seres humanos no necesitan una moral para ver transformado su mundo; es decir, negaba validez a la moral. La concebía como un freno al impulso revolucionario. Los derechos humanos eran para él simples proyecciones del egoísmo burgués.

 

II

Puestas las cosas en contexto ideológico, pongámoslas también en contexto histórico. Todas las tesis de Marx y las esperanzas de los comunistas quedaron enterradas bajo los restos del Muro de Berlín, cuando este fue derribado en 1989. El hundimiento del socialismo y el comunismo realmente existentes reveló los millones de muertos que produjeron Stalin, Mao, Tito, Castro, Pol Pot y cuanto bárbaro Atila trató de imponer el comunismo en sus países, así como dejó a la vista la lista en blanco de los países que prosperaron con el comunismo.

Aquí en el Perú fue peor. Un comunista llamado Abimael Guzmán trató de ejecutar por la violencia terrorista el proyecto de toma del poder a través de la lucha armada, que es propuesta central del pensamiento comunista para lograr la revolución proletaria.

Sintiéndose superiores a los revolucionarios de café que preconizaban el pensamiento comunista, los comunistas de Abimael Guzmán se apoderaron de universidades o de grandes espacios dentro de ellas. Avergonzaban a sus hermanos ideológicos que no abrazaban el Inicio de la lucha armada.

 

III

Los comunistas distintos de Sendero Luminoso recién se enfrentaron a los abimaelitas cuando estos los empezaron a matar. Originalmente quisieron jugar a la dualidad de la lucha legal e ilegal que planteaba Lenin, presentándose como el instrumento legal de penetración del comunismo en el Perú. Fue Abimael Guzmán quien rechazó esa opción y les exigió definirse por la lucha armada. Como esa definición no llegaba, optó por eliminarlos. Recién entonces el comunismo que no quería la lucha armada enfrentó a Abimael Guzmán. No antes. 

Ni se tiene qué decir se que miraron con ojos de quinceañera enamorada al MRTA, en el cual vieron el retorno de la propuesta guevarista de la guerrilla para tomar el poder. Algo que hoy, por ejemplo, vemos ensalzar con las películas que los comunistas caviares lanzan acerca del sobrevalorado poeta Javier Heraud, presentando como un héroe a quien se levantó en armas contra una democracia en 1965.

El MRTA sí aceptó la propuesta leninista de combinar la lucha legal con la ilegal y algunos movimientos comunistas fueron para esa organización terrorista lo que Herri Batasuna fue en España para la ETA. Varios políticos y profesores universitarios tenían seudónimo revolucionario del MRTA. Claro que hoy todos lo negarán.

 

IV

Ahora, claro está, ser comunista no vende. Así que se rehuye la calificación de tal. Pretenden ser, como dice el artículo de marras, los que buscan combatir la corrupción y abrir caminos para cambiar la política. Pero, bien que se hacían los tontitos mientras veían el ostentoso despliegue de fondos durante la campaña contra la revocatoria de su alcaldesa Susana Villarán, hoy interna en un penal por el escandaloso caso de los peajes de Lima. O visitan con frecuencia en Castro Castro a José Miguel Castro, el gerente de la alcaldesa Villarán que pactó el robo de los peajes a cambio de dinero sucio. Así es como pretenden cambiar la política, claro.

Los comunistas no creen en la democracia, la moral o los derechos humanos. Marx, el padre del comunismo, los negaba de plano como instrumento de perpetuación de la dominación burguesa, creación inútil que refrenaba la revolución proletaria y simples proyecciones del egoísmo burgués, respectivamente, como lo dije líneas arriba. 

Los comunistas los usan hoy como coartadas para lograr lo que siempre han querido: El poder, porque ellos son quienes han proclamado a viva voz que salvo el poder todo es ilusión. Creen llegada su hora y la hora de destruir las libertades que odia su totalitarismo.

Cuánta razón tuvo Andrés Townsend cuando dijo: “Pobres comunistas, quisieran serlo todo a la vez: honrados, inteligentes y comunistas. Sin darse cuenta de que si son honrados y comunistas, no pueden ser inteligentes; si son inteligentes y comunistas, no pueden ser honrados; y si son honrados e inteligentes, no pueden ser comunistas”.

 

Humberto Abanto
08 de septiembre del 2019

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