Dante Bobadilla

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Santa confusión

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Dante Bobadilla
25 de May del 2017

La Edad Media es la etapa más oscura de la historia

Manipular la historia para ocultar hechos vergonzosos y buscar justificaciones es una práctica bastante común. La charlatanería fanática basta para eso. Afirmar que la Edad Media fue un camino glorioso y necesario para llegar a la Ilustración es, por decir lo menos, una impostura intelectual. El surgimiento del cristianismo como religión oficial del Imperio romano, inventada a pulso por Constantino, con su posterior imposición a sangre y fuego a todos los pueblos bajo su dominio, significó la decadencia del pensamiento y la vida por más de un milenio, debido a que la Iglesia Católica impuso su doctrina como único recurso para los hombres.

Hasta entonces, cada pueblo, incluyendo los romanos, tenía su propia religión con una práctica bastante laxa. Es decir, la religión existía, pero sin ocupar un lugar importante en la vida. Esto cambió drásticamente con los cristianos, quienes se caracterizaban por su fanatismo. No solo prohibieron cualquier otra creencia, sino que impusieron su religión como el pilar central de toda la existencia.

A partir del cristianismo solo había que pensar en Cristo y adorarlo como el único dios verdadero. Esto determinó el inicio de una “edad oscura”, una dictadura de la fe que aprovechó el poder del Imperio romano, y luego de otros imperios, para someter el pensamiento, con una maquinaria implacable de adoctrinamiento social y amenazas que llegaban a la hoguera. Como consecuencia ridícula de este accionar, resultó que una vertiente menor de la religión de los judíos acabó impuesta a todos los pueblos de Europa y aún más allá.

El cristianismo prohibió cualquier forma de conocimiento ajeno a su doctrina. Hasta los clásicos griegos fueron proscritos. Durante un milenio no hubo más que teólogos; es decir, pensadores al servicio de la Iglesia, empeñados en someter la razón a la fe. La cumbre máxima de este empeño fue Tomás de Aquino, quien tuvo la osadía de rescatar a Aristóteles, pero solo para generar sustentos lógicos a favor de la fe. Poco después llegó el Renacimiento, llamado así porque se redescubre el saber griego oculto por más de un milenio. Y ya se puede al menos pensar en otra cosa que no sea dios como única explicación de todo. Aunque muchos, como Giordano Bruno, pagaron con su vida ese atrevimiento intelectual.

¿Qué incentivos hubo para la reflexión durante la Edad Media si la Iglesia detentaba la propiedad exclusiva de la verdad y perseguía a todo el que retara su autoridad y cuestionara sus dogmas? No se puede llamar “gloriosa” a una época así. Sostener que el empleo de la razón fue el inicio del comunismo es francamente delirante.

La mínima libertad de pensamiento en el Renacimiento bastó para numerosas y novedosas formas de expresión artística, filosófica y científica que se enfocaron en el hombre y la naturaleza. Obviamente siguieron bajo el influjo del pensamiento religioso, que dejó su impronta en las formas del razonamiento general, desde el cual emergería la ciencia como un brote novedoso y extraño; no gracias a la Iglesia, sino a pesar de ella. La ciencia surge en oposición directa a las creencias de fe y en dirección opuesta a las enseñanzas de la Iglesia. Personajes como Bacon y Descartes dieron impulso a la ciencia al formular las bases del método científico y la duda como insumos del razonamiento, en contraste total con los dogmas de la Iglesia.

En resumen, la Edad Media significó tan solo un enorme tiempo perdido, relegado a pensar tan solo en Cristo-Dios y a vivir bajo la dictadura implacable de una Iglesia fanática, cruel y corrupta. Los países que más se desarrollaron fueron aquellos que rompieron con ella, como Alemania e Inglaterra. Todas estas cosas no pueden ocultarse citando unos cuantos monasterios con bibliotecas, ni usando al comunismo como el cuco. Bien ha dicho el papa Francisco que el comunismo es una expresión laica del pensamiento cristiano. Tal cual. Son primos hermanos.

El Renacimiento solo se vivió en Europa, pues entonces recién se iniciaba en el Perú la dominación española y la imposición del cristianismo. No tuvimos Renacimiento ni Ilustración, y nunca dejó de prevalecer el oscurantismo. En buena cuenta, podríamos afirmar que el Perú, y gran parte de Hispanoamérica, aun sigue en su Edad Media, sumergidos en las creencias y sometidos a la Iglesia en grandes porciones de la actividad social, política y académica. Por lo mismo, acá nunca surgió la ciencia ni la filosofía, ni la tecnología. Todo eso hubo que importarlo como artículos de lujo.

Hoy, el Perú figura entre las diez naciones más religiosas del mundo, junto a países de África Central y Oriente Medio. Cuatro siglos de cristianismo no nos han servido para lograr una sociedad de valores ni de progreso. Por el contrario, estamos hundidos en el atraso, la ignorancia y la corrupción a toda escala. Esos son los hechos.

Dante Bobadilla

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25 de May del 2017

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