Jorge Varela
Reconstruir el humanismo para defender la vida
El hombre: ¿enemigo de la humanidad?
¿Cómo levantar el alicaído humanismo? ¿Tiene algún sentido esforzarse para contribuir a la superación de su decadencia? Cuando la humanidad ha sido abandonada, ¿cuáles son las tareas verdaderamente importantes para volver a cuidar al hombre? En momentos inciertos en que los enfoques posthumanistas y transhumanistas concentran la atención de estudiosos y aprendices, es imposible eludir que la preocupación principal continúa siendo el cuidado del ser humano, al considerársele como fin último de cualquier fundamentación ética-social-política.
Lo que algunos denominan genéricamente como crisis del humanismo, puede ser calificado, con precisión, de tragedia del humanismo contemporáneo.
Ideas acerca del humanismo
La cuestión clave es: ¿en qué se basa el humanismo? Según Heidegger –en su famosa “Carta sobre el Humanismo”– “todo humanismo se basa en una metafísica”. Mas al final siempre se llega al hombre, en tanto referente del humanismo. Pero, ¿qué es el hombre?: ¿sujeto?, ¿sustancia?, ¿espíritu?, ¿ser existente dotado de razón y conciencia? Pareciera que la idea de hombre no se agota en una única noción ontológica.
El humanismo como idea, es reconocible si se escarba en la fundamentación filosófica del mismo. El enfoque existencialista de Jean-Paul Sartre por ejemplo, es diferente a la visión personalista cristiana de Jacques Maritain y a la del teólogo jesuita y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin, quien también se preocupó del porvenir del hombre. Y si se contrasta a Nietzsche con Heidegger se tendrá otra perspectiva analítica.
¿Será entonces que la palabra humanismo es un vocablo ambiguo? Digámoslo de otro modo, ¿cuántos tipos de humanismo hay? Maritain escribió que “el humanismo es inseparable de la civilización o de la cultura, tomadas ambas palabras como sinónimos”. (“Humanismo integral”)
Insuficiencias del carril antropocéntrico
Si la atención se centrara solo en la actitud individual del hombre ante su destino, existe un riesgo: el de deslizarse por el carril dialéctico del humanismo antropocéntrico. Si ello fuera así, ¿se despejaría de nubes la vía hacia una mejor humanidad? ¿Tendrá el antropocentrismo todas las respuestas para no abandonar al hombre y rescatarlo de su estado actual?
Cuando la técnica continúa avanzando a gran velocidad, la tarea del resguardo y rescate humano exige dignidad, sensibilidad, capacidades superiores y harto coraje multiactivo. ¿Qué rol juega la ética en esta fase preliminar de reconstrucción?, porque hay hombres buenos y malos. A la mayoría de estos últimos no les interesa alentar condiciones mínimas de vida para que lo humano (la humanidad) sobreviva.
Valor del ser humano
Por eso, en pleno siglo XXI todavía hay mucho por hacer en torno al humanismo. “Nuestra civilización aún no está preparada para entender el valor del ser humano cuando se plantea: ¿por qué tengo que preocuparme del futuro de esta humanidad? Estas y otras tantas preguntas dejarían ver que solo desde una profunda empatía o convicción moral podríamos valorar la vida humana por encima de cualquier otro ideal… Las guerras, los fundamentalismos, el narcotráfico, la explotación sexual, los secuestros y la fatuidad de los corredores de la muerte dejan ver que muchos no pueden comprender, ni valorar la vida humana…” (Hacia un humanismo de mínimos, Sissi Cano Cabildo).
“El primer paso para proteger y defender la vida humana es el reconocimiento del valor del ser humano como fin en sí mismo (como lo planteaba Kant) y la correspondiente exigencia de ser tratado como persona. A partir del reconocimiento de los derechos del individuo es que el ser humano pasó a ser persona: alguien que tiene derecho a tener derechos”.
El hombre: enemigo de la humanidad
“Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo”, escribió Teilhard de Chardin. “Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma”.
Se ha confiado demasiado en la razón, en la ciencia y en la tecnología, y “se ha dado la espalda a la vulnerabilidad de la vida humana y a la fragilidad de la vida misma”. El humanismo tiene que reconstruirse, más allá de prejuicios racistas, sexistas, sociales, religiosos o ideológicos. “¿Acaso sería posible fundamentar una ética que no vele por el futuro de la Humanidad?” “La alternativa a la orfandad espiritual de la ética secular contemporánea no tiene que devenir necesariamente en relativismo o nihilismo” (Hacia un humanismo de mínimos).
Conclusión
“Nada puede ser más importante que el ser humano. Pese a todas nuestras debilidades y defectos, somos los únicos que podemos cuidarnos a nosotros mismos”. Hoy tenemos el tremendo desafío de fundamentar y emprender la reconstrucción del Humanismo, empeño que no puede rendirse ante las guerras, la amenaza ecológica, la miseria y el sufrimiento que conllevan. “Sería entonces un humanismo de mínimos pero no por ello de menor envergadura filosófica, quizás más realista que cualquier otro humanismo que nos haya precedido” (Sissi Cano Cabildo).
















COMENTARIOS