Guillermo Vidalón
¿Por qué decirle “no” al comunismo?
Sus resultados sociales siempre han sido negativos

El comunismo se basa en la ideología marxista, leninista y maoísta, y hasta hace poco tiempo incluían el autodenominado “pensamiento gonzalo”. Según estos autores, el comunismo propone la eliminación de las clases sociales para arribar a un estadio superior al capitalismo. También señalan que son científicos, objetivos y se basan en el materialismo dialéctico, según el cual la materia se transformaría hacia el infinito, lo cual la haría indestructible.
Todo aquél que disienta de ese pensamiento es tildado por los comunistas de “subjetivista”, contrario al materialismo dialéctico; ergo, el propio razonamiento no cuenta. En concordancia, desconocen la existencia de Dios y son intolerantes con quienes profesan la fe. Por eso, quien se manifieste creyente no debería respaldar propuestas políticas que se sustenten en dichas ideologías.
Toda esa propuesta está errada; sin embargo, las democracias sí toleran el disentimiento. El comunismo propugna la división porque cree que las sociedades se fundamentan en la propiedad de los medios de producción; en otras palabras, el dueño de la fábrica logra beneficios en función a esa posesión, en tanto que el beneficio del trabajador proviene de su fuerza de trabajo. Esta lógica de mediados del siglo XIX no existe más, porque el mayor valor económico en la actualidad no son los activos físicos, sino un bien intangible que se denomina conocimiento.
Contemporáneamente el capitalismo ha socializado la tenencia de celulares, computadoras, etc. Con cualquiera de estos equipos, millones de personas han logrado emprendimientos comerciales a través de la creación de software o su innovación. En consecuencia, la posesión de “la fábrica” nunca determinó, y menos ahora, la división de las sociedades en grupos contrapuestos. El pensamiento comunista negaba en su esencia que un trabajador pudiese emprender por sí mismo y ascender socialmente, cosa que en el caso peruano ha quedado demostrada infinidad de veces en todos los niveles socio-económicos, determinando la movilidad de unos y otros. César Acuña nace en condiciones similares o más humildes que el candidato Pedro Castillo, pero él logra ascender en lo económico y social. El comunismo le negaría mérito alguno, y por eso propone la estatización de sus bienes, como los de los demás ciudadanos. ¿Negar el esfuerzo personal y el reconocimiento al mérito de cada quien resulta justo y razonable?, ¿Cuál es el objetivo del candidato Pedro Castillo al incentivar la confrontación y división entre peruanos?
Tengamos presente que el pensamiento comunista es en esencia negativo y antiético. Quienes enaltecen la violencia como instrumento de su actos políticos –tal como lo hicieron los grupos subversivos en los años ochenta y noventa del siglo pasado– no pueden ser calificados de éticos. Quienes niegan el derecho a la vida del prójimo, afirmando que es el costo social de la revolución, nunca serán seguidores de Dios; quien roba tampoco. Pero entre uno y otro delito el más grave es el primero, porque los bienes materiales pueden ser resarcidos, pero la vida no.
¿Cuál es la diferencia entre una y otra forma de concebir el mundo? Quien se basa en el materialismo hace una apología a los bienes materiales, envidia el éxito ajeno, en consecuencia, propone la apropiación (estatización) del bien ajeno, directa o indirectamente. En un caso la califica de “exacción revolucionaria”, en otro busca el poder para tomar posesión de los bienes de la nación y enriquecerse mediante actos de corrupción. Pero para atraer el voto del elector lo califica de “resarcimiento”.
En cambio, quienes creen en un ser superior tienen como referente a un ser perfecto a quien identifican como Dios. La búsqueda e identificación con un ser superior impulsa la mejora personal y colectiva, así como la mejora continua en la administración o la verdad por medio de la investigación científica que, pudiendo ser calificada de objetiva, siempre será inacabada porque se recrea en sí misma para superarse una y otra vez.
En esta lógica de pensamiento se analizan las conductas humanas, se establecen valores, los cuales son jerarquizados por una ciencia que se denomina ética. Por ejemplo, el asesinato en sí mismo es negativo, pero si se hace en defensa de la propia vida se convierte en un acto positivo. Cuando desde el partido Perú Libre, que lleva como candidato a la presidencia a Pedro Castillo, se afirma que en el Perú hubo una guerra interna y que sólo un bando fue castigado, cometen un error o pretenden distorsionar la verdad.
En el Perú, hubo bandas organizadas que pusieron en riesgo la subsistencia del Estado-nación, que se defendió empleando legítimamente la fuerza pública representada por la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas. Quien planifica un asesinato se encontrará siempre en situación de ventaja frente a la víctima. Inclusive el estado emocional de la víctima se altera porque no se encuentra frente a una situación regular de defensa; subsecuentemente, estará más presto al ataque porque sabe que su propia vida está en riesgo permanente. Los llamados de amnistía –desde el “lápiz” en carrera electoral– y ajusticiamiento del otro lado, están orientados a socavar la moral de la fuerza pública con la finalidad de descabezar a sus mandos en el supuesto negado de arribar al poder el próximo 6 de junio.
Las afirmaciones del candidato Pedro Castillo, referidas a que respetará la Constitución, pero si el pueblo lo pide haría lo contrario, significan que está dispuesto a violentarla, como lo afirma con relación al Congreso de la República, el Tribunal Constitucional, la Defensoría y otros organismos de un Estado democrático que se sustenta en la división de poderes como mecanismo que procurar establecer pesos y contrapesos en los regímenes políticos, disminuyendo las tentaciones totalitarias de un lado a otro del espectro político. Los dichos de Pedro Castillo estarían revelando sus verdaderas intenciones. O se trata de su falta de convicciones democráticas y el anuncio de su irrespeto a la voluntad popular, porque los congresistas electos aún no han asumido sus cargos y ya hay anuncios de desafuero antes de que juramenten.
El guion que nos propone es similar al empleado por Hugo Chávez y seguido por Nicolás Maduro en Venezuela, un país rico lleno de pobres, mientras que el Perú es un país rico que antes de la pandemia redujo la pobreza significativamente, atrayendo la atención y el reconocimiento del mundo. Cuando el Producto Bruto Interno creció por encima del 7% promedio anual, el Perú redujo la pobreza mediante la generación de empleo productivo y la promoción de la inversión; el resultado es positivo y ético siempre orientado a la superación. En cambio, los resultados sociales de los regímenes totalitarios siempre fueron negativos, tanto que ni los comunistas criollos, ni quienes se les aúpan, nunca decidieron migrar y establecerse en dichos países, a diferencia de sus ciudadanos que huyeron siempre de la opresión de esos gobiernos que enarbolaban la utopía igualitaria del comunismo/socialismo.
Ciertamente hay que mejorar la administración pública y contar con una ciudadanía (persona natural y corporativa) más atenta a la administración de la cosa pública. Pero, la falla no es del sistema de generación de riqueza, sino de quienes asumieron la administración de los recursos generados por el sector privado.
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