Juan Carlos Liendo
Perú y el nuevo orden geopolítico del Pacífico
Los efectos de la presencia China en Chancay

El siglo XXI está marcando un cambio profundo en la configuración geopolítica global, donde la hegemonía de Estados Unidos enfrenta una creciente competencia, a nivel conflicto, por parte de China; mientras en Europa la guerra entre Rusia y Ucrania, apoyada por la OTAN, genera una nueva frontera de dimensiones políticas, económicas y demográficas como pocas veces en la historia y la guerra entre Israel y Hamas produce un nuevo tipo de alineamiento político en medio oriente. Este escenario presenta serios e inevitables desafíos para países como Perú, que, debido a su ubicación geográfica y sus recursos naturales, se encuentra en una posición estratégica clave en medio de un orden internacional de carácter disruptivo que altera el equilibrio de poder sobre las costas del Océano Pacífico.
Durante décadas, Estados Unidos ha sido el actor dominante en América Latina, asegurando su influencia a través de mecanismos políticos como la expansión de la democracia liberal burguesa, económicos como la expansión del libre mercado capitalista y financiero internacional, sociales en términos de la promoción de una sociedad de clases liberal progresista, y de proyección militar en cuanto su poder de intervención y promoción de acuerdos y alianzas en materia de seguridad. Sin embargo, en los últimos años, su hegemonía ha comenzado a erosionarse debido a diversos factores. Como consecuencia de la imposición de un modelo ideológico político de gobernanza global liberal progresista sobre la región a cargo de Organismos No Gubernamentales (ONGs) y de organismos internacionales, las estructuras de poder en los diferentes países se debilitaron al punto de la inoperancia; los espacios vacíos fueron cubiertos por la corrupción y el crimen organizado, lo cual sumado al desinterés hacia la región, mientras sus prioridades se trasladaban a otros focos de tensión global, como el sudeste asiático, Europa del Este y medio oriente, generaron las condiciones más ventajosas para que potencias extra continentales emergentes, en particular, la República Popular China, proyecten en forma audaz su presencia en América Latina a través de inversiones masivas en infraestructura y comercio.
China ha consolidado su poder global mediante un modelo económico de capitalismo de Estado que combina una fuerte intervención gubernamental sobre los mecanismos de libre mercado. Este modelo desafía el paradigma de que sólo el libre mercado genera riqueza, permitiéndole impulsar una expansión comercial sin precedentes, posicionándose como el principal socio comercial de muchas naciones del mundo y en América Latina, incluido Perú. El puerto de Chancay, construido con una significativa inversión china, es una pieza fundamental en este esquema. Ubicado estratégicamente al norte de Lima, este puerto no solo servirá para mejorar las conexiones logísticas del Perú, sino que también permitirá a China consolidar rutas marítimas que son vitales para su comercio global.
El proyecto de Chancay tiene implicaciones más amplias que trascienden el ámbito comercial. Al modificar el sistema de cabotaje que conecta América desde Alaska hasta Tierra del Fuego, y al reconfigurar las rutas marítimas del Pacífico, China cambia la dinámica geopolítica de la región, con efectos económicos y políticos, así como en el crimen transnacional organizado. Este desarrollo reduce la tradicional dependencia del Canal de Panamá, la necesidad vital del control de los pasos marítimos del sur de América y refuerza el papel del Océano Pacífico como un espacio estratégico clave para el comercio mundial durante los próximos siglos.
El puerto de Chancay convierte a Perú en un actor crucial dentro de esta nueva configuración global. Su ubicación lo proyecta como un HUB regional para el comercio transcontinental, facilitando no solo las exportaciones mineras y agroindustriales peruanas, sino también las operaciones logísticas a nivel global. Esto coloca a Perú en una posición privilegiada frente a las crecientes tensiones entre China y Estados Unidos.
La creación de un puerto de esta magnitud tiene el potencial de desviar el enfoque de los intereses geopolíticos estadounidenses hacia Perú, que ahora se erige como un punto de mayor relevancia estratégica que otras naciones sudamericanas, como Chile, históricamente relevante por su control de los pasos marítimos en el sur del continente. Este cambio, además, refuerza la importancia del Océano Pacífico como epicentro del comercio mundial y espacio de competencia entre las dos principales potencias económicas.
La creciente influencia de China no se limita al ámbito comercial. Su papel en el fortalecimiento del bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y otros cinco más) y que en hoy en la cumbre que se desarrolla en Rusia llegan a cerca 40 representantes de diversos países entre los cuales se encuentran Brasil, Bolivia, Venezuela y Nicaragua, representando en total el 60% del PBI mundial aproximadamente, es un indicio de su intención de crear un nuevo orden económico que desafíe las instituciones financieras dominadas por Occidente, como el FMI y el Banco Mundial. La propuesta de un nuevo sistema financiero global, que incluya el uso de monedas alternativas al dólar por los países del “sur subdesarrollado” , plantea un desafío directo a la estructura del poder económico internacional. Para Perú, que ha mantenido relaciones cercanas con Estados Unidos, este cambio de paradigma puede generar tensiones, pero también oportunidades para diversificar sus alianzas comerciales, políticas y de seguridad.
La reconfiguración del orden geopolítico regional traerá sobre el Perú un nuevo tipo de tensiones externas e internas, que tienen el riesgo de desafiar la seguridad nacional principalmente como efecto de las tensiones globales y en particular sobre países de la región que se verán significativamente afectados; al mismo tiempo pueden profundizar el debilitamiento y fraccionamiento del poder político nacional como consecuencia de la expansión del crimen transnacional organizado fortalecido por la corrupción y el empoderamiento de economías ilegales que desafían el poder del Estado.
Sobre el escenario descrito, es necesario tener muy en claro la necesidad de contar con Fuerzas Armadas en condiciones de disuadir los peligros y amenazas sobre la seguridad nacional en resguardo de la independencia, soberanía e integridad territorial indispensables para enfrentar los desafíos de los cambios geopolíticos globales en pleno proceso; y por otro lado la necesidad de contar con Fuerzas Policiales renovadas que aseguren el orden público y el orden interno como requisito básico para la convivencia pacífica entre peruanos; simultáneamente el empoderamiento de nuestro sistema de relaciones exteriores frente a un escenario disruptivo global en pleno desarrollo.
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