Alejandro Arestegui

No se logran buenos resultados con medios malos

No se logran buenos resultados con medios malos
Alejandro Arestegui
09 de junio del 2023


Para analizar los problemas en la seguridad y previsión social en el Perú recurro a la proverbial frase de Thomas Sowell: “Pagarle a la gente para que fracase en su propio proyecto de vida y vive por siempre de las limosnas del estado”. 

Desde los primeros años de pregrado en la universidad me enseñaron, inclusive me indujeron a pensar, que la solidaridad es una obligación y sobre todo que el Estado tiene el deber de proveer asistencia social y salud universal a todos sus ciudadanos. En cuanto a mí, siempre me apasionó la lectura de diversas disciplinas, y al adentrarme cada vez más en la ciencia económica me di cuenta de que cualquier planteamiento colectivista que, aunque posea un sustento literario, emocional, social y jurídico no podrá plasmarse en la realidad ni tener éxito a largo plazo sin un sustento económico. Las grandes fallas de los sistemas de salud y de supuesto “bienestar social” en todo Latinoamérica se deben a dos motivos, el primero es que es un grupo de personas que administran el dinero ajeno con unos fines que fueron ordenados por políticos desde un despacho o buró.

Numerosos economistas liberales a través del historia han reafirmado lo que en este breve escrito trato de plasmar y es que nadie administra mejor su dinero que uno mismo; estos programas son dañinos no solo para la economía sino para el carácter, tanto de quienes lo suministran como de quien las recibe. A los primeros se les llena de una sensación de una omnipotencia y de una generosidad, con la creencia de que se está haciendo humano y solidario pero con el dinero ajeno mientras que los segundos reciben estas prestaciones con la cabeza baja con una sensación de servidumbre y de una dependencia infantil; a la larga su capacidad para decidir, progresar y trascender se ve notablemente atrofiada. 

La seguridad social en el Perú (tal como en casi toda Latinoamérica) se desarrolló a través de diversas etapas en diversos periodos de la historia. Pero no es hasta el época reciente en la que la seguridad social se consolidó siendo el resultado de un largo proceso que se extiende desde inicios del siglo XX hasta nuestros días, teniendo como inicio el momento en el que reducidos grupo de trabajadores de algunas actividades económicas según en confines de protección mutua, hasta llegar paulatinamente a la protección de todos los trabajadores, por cuenta ajena, después los trabajadores independientes y posteriormente al amparo de toda la población contra riesgos y contingencias tales como las enfermedades, los accidentes, la maternidad, la vejez y la muerte. Ya en nuestros días la seguridad social se entiende como el “derecho” que tienen todas las personas a protegerse integralmente contra los riesgos que afectan sus condiciones de vida en especial las que menoscaban la salud y la capacidad económica, con el fin de lograr el bienestar individual y el de la comunidad.

En el Perú el sistema de seguridad social se basa en la Constitución, que en sus artículos 10, 11 y 12, establece el derecho universal de toda persona a la Seguridad Social y el libre acceso de las personas a las prestaciones de salud y pensiones en entidades públicas, privadas o mixtas. El sistema de Seguridad Social en el Perú responde a un modelo mixto porque cuenta en materia de pensiones con un régimen contributivo de reparto y un régimen de capitalización individual. En el caso de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales el régimen es de naturaleza contributiva.

Los resultados del Censo Nacional de Perú de 2017, revelaron que en el país el 75.5% de la población cuenta con algún tipo de seguro de salud, es decir 22,173,663 personas, no obstante, un 24.5% de la población se encuentra aún “desprotegida”.

A lo largo de este tiempo muchos políticos sugieren que frente a esta realidad es necesario establecer políticas para la puesta en marcha de un programa de pensiones no contributivas, que dé cobertura a los adultos mayores y población vulnerable.

Es aquí donde surge de nuevo la cuestión, emplear más recursos y financiamiento del Estado para brindar una cobertura supuestamente universal; y aunque las estadísticas dicen que prácticamente 3/4 de la población está inscrita a un seguro de salud, los servicios de hospitalización y de atención a los pacientes tanto por enfermedades comunes como por COVID-19 resultaron ser completamente ineficientes y las estadísticas son engañosas. Por otra parte, un porcentaje importante de población está inscrita a un seguro de aporte obligatorio denominado ESSALUD; el cual es público y es un flagelo para cualquier usuario que tiene la mala suerte de padecer de alguna enfermedad que necesite de atención médica. 

En el tema de pensiones a los jubilados la situación no mejora, al igual que los servicios de salud el sistema de pensiones en teoría es mixto, pues ahí aportes al sistema nacional de pensiones controlado por la Oficina de Normalización Previsional (ONP) la cual sufrió su más grande cuestionamiento a raíz de la pandemia: ¿Es posible retirar montos individuales de un fondo colectivo? La respuesta fue que no; y el proyecto de ley que propuso ello fue elaborado por alguien sin el menor criterio ni conocimiento del funcionamiento del sistema público de pensiones. 

En el caso del sistema de pensiones privado, dista mucho de ser un modelo a imitar; pero sin ser un modelo del cual nadie se copie y trate de alejarse lo máximo posible, puesto que no refleja un sistema de pensiones privados que está enmarcado en un sistema de libre mercado y competencia sino en un sistema mercantilista que beneficia a unas cuantas compañías en desmedro y perjuicio del usuario. 

En medio de tanta crítica nos preguntamos ¿Hay alguna solución rápida y viable a este problema? Considero que sí, puesto que una solución que ayudaría aliviar el problema que padecen los individuos frente a un mal sistema y un pésimo servicio brindado por el Estado y unos cuantos privados cómplices de éste pasa por liberalizar la economía y reducir las inconsistentes regulaciones que existen. Una propuesta legislativa muy clara coherente y si nada de populismo deviene en liberalizar el mercado para que haya ofertas de administradoras de fondos de pensiones privadas donde los usuarios pueden escoger la opción que mejor rentabilidad les genere y no estoy confinados a elegir a una sola ya predeterminada por el sistema como lo es ahora.

Dar beneficios tributarios a las clínicas a cambio de ofrecer precios más competitivos a los pacientes ayudaría también a reducir la dependencia de muchas personas de bajos recursos; que se ven conminados a tomar los paupérrimos servicios médicos de los hospitales públicos. Por último un tema educacional, enseñar a la gente ya desde pequeña con algo de educación financiera y sobretodo enseñarles que el ahorro pensando en el futuro es una cosa muy importante y que depende solamente de uno mismo para así poder decidir qué hacer con su vida una vez cuando pase la jubilación o tenga que acceder a un servicio médico para así defender su libertad no ser coartado por nadie; mucho menos ver truncados sus sueños y metas por regulaciones llenas de populismo y de resentimiento; los cuales son catalogados por los políticos de siempre como “Garantizar el libre y universal acceso a la seguridad social” pero que no dicen que es a costa del dinero del contribuyente y del propio usuario, que no pueden decidir libremente y van acudiendo por necesidad a este círculo vicioso de dependencia y miseria. 

Sin embargo, hay que acotar que mientras las fuerzas políticas que deseen en verdad buscar un cambio, no pueden hacer oídos sordos a las constantes críticas y duros comentarios de gente estatista, despotricando contra el modelo privado acusándolo de ser copia del modelo chileno, no obstante, es menester ver otras opciones como es el caso de Suiza, donde la libre competencia permite al jubilado gozar de una capitalización mucho más rentable debido a los elevados intereses de poco más de cien compañías que se pugnan a los aportantes con atrayentes ofertas y tasas altamente competitivas.

Por último, quisiera culminar con esta frase memorable de Milton Friedman; el cual cuando le preguntaban del fallo de la seguridad social; este respondía: “No se logran buenos resultados con medios malos”.

Alejandro Arestegui
09 de junio del 2023

NOTICIAS RELACIONADAS >

El remedio puede ser peor que la enfermedad

Columnas

El remedio puede ser peor que la enfermedad

El pasado 2 de abril el anuncio del presidente estadounidense Donald T...

04 de abril
El fin no justifica los medios

Columnas

El fin no justifica los medios

Actualmente los peruanos estamos viviendo una crisis social bastante g...

28 de marzo
Me niego a participar de esta podredumbre

Columnas

Me niego a participar de esta podredumbre

Esta semana no traigo ninguna columna referida a la geopolítica...

21 de marzo

COMENTARIOS