Carlos Rivera
La vida en movimiento de un arequipeño universal
Mario Cavagnaro, el gran compositor de canciones populares

En la película Carne trémula (1997) de Pedro Almodóvar hay un momento que cataliza los estremecimientos de la historia. Una versión de “El rosario de mi madre”, compuesta por Mario Cavagnaro, cantada al estilo flamenco por la excepcional voz de Duquende (Juan Rafael Cortés Santiago) y la sorprendente guitarra del desaparecido Manzanita (José Manuel Ortega Heredia) acompaña diabólicamente la historia del triángulo amoroso entre Víctor (Liberto Rabal) un joven un poco marginal y maniático que intenta seducir a Helena (Francesca Neri): la mujer de David (Javier Barden) un maduro policía que se cruza en el camino del joven Víctor y desgracia su correcta vida del efectivo de la ley quien en una noche cualquiera cumplía con su deber de patrullaje. La reclamante letra de Cavagnaro traspasa el lujurioso relato de Almodóvar. Versos como este: “Devuélveme mi amor para matarlo, devuélveme el cariño que te di. Tú no eres quien merece conservarlo, tú ya no vales para mi” van calibrando con extravagante delirio los sentimientos complejos de la encantadora película. Cuando un tema trasciende fronteras y géneros ya hablamos de cosas mayores. Un malagueño y un arequipeño se comunican como artistas a punta de sensibilidades.
El genio de Almodóvar no da puntada sin hilo, y no es que se le ocurren esas cosas como chispazos de lluvia creadora. Es un obsesivo y milimétrico cineasta que busca la perfecta sincronía entre las emociones de un relato cinematográfico y los acompañamientos musicales en cada una de sus historias logrando una bisagra memorable que perdure en la reminiscencia de cursis o reacios a los ramalazos del corazón.
Mario Cavagnaro Llerena nació en Arequipa el 16 de febrero de 1926 y murió en la ciudad de Lima el 29 de septiembre de 1998 a causa de la diabetes. Hijo de Miguel Cavagnaro y Helena Llerena realizó sus estudios en el Colegio Salesiano de Lima y se casó con Belsa Badaracco. Estudió la carrera profesional de Ingeniería Química en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. “Mis padres eran muy desorejados” confiesa en una entrevista. Rareza entonces que de una familia nada aficionada a las jaranas, los rasgueos de guitarra y el cajón le saliera un hombre creador y criollazo.
Por un buen tiempo trabajó en una empresa de aceites ejerciendo su profesión de ingeniero. Tuvo además, como todo espíritu inquieto, diversos oficios: maestro de ceremonias, conductor de televisión, saxofonista, columnista en el diario El Peruano, promotor de artistas, director musical, fundador de grupos criollos y hasta de salsa. Con la idea de dar fuerza a nuevos talentos creó en 1995 el Movimiento Avanzada Criolla de donde salieron figuras que triunfan hoy en día como Marco Romero. Fue director musical del sello industrial Sono Radio por 26 años.
En 1950 Raúl Villarán inauguraba el diario Última Hora con algunas características en su lenguaje y con un registro de la jerga en sus titulares y portadas. La primera edición anunciaba lo siguiente: “Chinos como cancha en el paralelo 38”. El periodista Juan Gargurevich en su blog “Tío juan” (8 de enero, 2008) lo describe así: “Egocéntrico hasta el ridículo, neurótico sin remedio, Villarán encontró en el periodismo el escenario ideal para desarrollar sus talentos de organizador y exhibicionista”. El colosal empresario de los medios forjó un estilo más frontal con el público lector acostumbrado a las formalidades y tradiciones del lenguaje periodístico. Cavagnaro distinguió en este registro comunicativo una forma de trabajar su arte y trasladar la cotidianidad coloquial del barrio o callejón a los acordes de un tema. La replana en sus composiciones marcó un renovado espíritu en la canción criolla. Un feedback con el pueblo.
En 1951 don Mario Cavganaro se estrenó como compositor de boleros con relativo éxito. Dirigió en Radio América el programa “Los caballeros de la noche” teniendo una importante audiencia. En 1955 compone “Afane otro estofa’o”, “Carretas, aquí es el tono”, “Cutato, ¿por qué te baten?”, “Yo la quería, patita”, “Cántame ese vals, patita”. Historias que registran esa vitalidad del vals, jadeante en registros que parecen improvisados pero son elucubraciones de un talento puro como era el de Cavagnaro. Términos populacheros y placenteras jergas arrancaban una hermosa curiosidad festiva. Para muestra un botón de la replana del maestro:
Yo la quería, patita
No se haga de rogar, patita, y sírvase otro trago.
Que aquí, entre copa y copa, le quiero hacer saber
Porque es que estoy tan triste, tan solo y amargado
que hasta la remaceta hoy me quiero poner.
No se haga de rogar, carreta, y párese otro pomo.
No crea usted, compadre, que ya me licorié.
Si estoy con los crisoles rojimios es del llanto.
La historia de esta canción tienen una segunda parte:
Cántame ese vals, patita
Cántame ese vals hermano,
que pusiste el otro día.
Cántame ese vals, patita.
que se parece tanto a mi vida.
Canta, primo, que esa letra
es como para mi pena,
que aunque digan que no es buena,
Yo la quería aún, patita.
La artista, además de cantante y gestora cultural, arequipeña, Delia Rojas Gallegos, conocedora de la obra del maestro y promotora de un reconocimiento a la figura de tan excelso artista escribe unas sustentadas líneas acerca de nuestro genial compositor: “Aquí es donde podemos apreciar su intención al marcar un acoplamiento, donde se puede apreciar esa aceleración en el compás y es solo, en las partes donde él establece la diferencia entre un vals clásico con tundete normal y a la del nuevo género con ritmo acelerando a determinada velocidad y sola en elegidas estrofas que aplica la jerga. Creando así una nueva etapa criolla”.
Yo recuerdo (con respeto y la cortesía de mi amiga Delia) una tarde del 2019, llegamos a la hermosa casa-musical de la cantante a intercambiar algunas ideas y degustar unos aperitivos. Llegué con una amiga y fuimos recibidos por Delia y Eduardo Apaza Rodríguez un excelente guitarrista quienes preparaban algunas piezas de Cavagnaro para amenizar la tarde y yo pudiera escuchar en carne propia cómo era la replana en vivo y en directo. Delia Rojas acompañaba con su voz dulce y salerosa, sus sonrisas y gestos de su cuerpo en cadencioso complemento a la guitarra del maestro. El espectáculo era formidable y aplaudimos la entrega de los artistas al ensueño de la vida a través de unas notas y un lenguaje esbelto en formas y contenido.
El periodista José Vadillo Vila en un artículo para el diario oficial El Peruano (“In memoriam. Un estelar con replana”, 30/09/2018) nos cuenta cómo respondió el maestro en 1981 a una entrevista del diario La Crónica sobre su trabajo de composición: “Yo escribo cuando se me enciende el foco como se dice a lo criollo. Es algo instantáneo sucede rápidamente. De pronto estalla la chispa y me encuentro componiendo”. Su genialidad abarca registros variados en los que había incursionado como la balada “El mundo gira por tu amor” con la cual logró un empate en el primer lugar del festival OTI en 1973.
Otro de sus trabajos, “La primera piedra”, fue primer lugar del ranking latino en Nueva York (EE.UU.) y grabada por más de 50 artistas internacionales. Otra de sus magistrales composiciones trascendió las fronteras como “Emborráchame de amor” grabada por el gran salsero Héctor Lavoe y también cantada por nuestra espléndida criolla, Maritza Rodríguez capaz de alcanzar performances poderosas con el registro de su peculiar voz. O esa belleza que es "La historia de mi vida" interpretada por la legendaria Libertad Lamarque.
En la extravagancia de sus curiosidades fue forjador de álbumes musicales humorísticos a lado de los reconocidos actores como Antonio Salím (el popular "Roncayulo") y Jesús Morales quienes por largos años alegraron a la teleaudiencia en sintonizados programas como Risas y Salsa que se transmitía en Panamericana Televisión.
No solo destacó en la promoción o creación musical también tuvo una presencia en el campo institucional siendo director de la Asociación Peruana de Artistas y Compositores (APDAYC). En el año de 1969 participa en el I Festival Internacional de Música Arequipeña con “El regreso” el cual obtuvo “un modesto lugar entre los temas finalistas” como lo refiere el periodista Cristhian Ticona Coaguila (“El arequipeño que no pudo regresar”. Pachecolandia, agosto 2009) convirtió la canción en el himno que todos los arequipeños cantamos en sincera fraternidad con la nostalgia de la tierra. “Quería verte inolvidable, tierra querida. Arequipa, ciudad blanca de mi amor. Embriagado de distancia añoraba la distancia añoraba la fragancia de tu suelo, tu campiña y su verdor.” versos eternizados en la voz de Los Dávalos para todas las generaciones.
En Cavagnaro se juntan diversas formas del genio: Una inquieta locura, una desbordante exploración de las sensibilidades y un espíritu emprendedor e innovador siempre atento a las tendencias y la creatividad a flor de piel. Por eso sus aportes no se limitan a la replana e incursionó en géneros como el vals, rock, salsa o festejo. “Osito de felpa” es una de las canciones más tiernas del Perú que contienen estos bellos versos: “Tus ojos de vidrio no saben del llanto, del amargo llanto que prendió en mis ojos desde que se fue”. Hasta el trío Los Panchos cantó esta plegaria de amor.
Una intensa vida partiendo desde Arequipa para el mundo entero donde sus letras y compases alegraron a la humanidad con un poquito de su arte. Si el cielo existe, y debo ir ahí con mi almita de periodista, yo no quisiera la melodía de los serafines (con el perdón de Dios y de sus bondades) sino, de todo corazón, un valsecito dulzón del maestro Mario Cavagaro.
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