Dante Olivera
La historia versus la memoria
Los mitos en los que uno cree tienden a convertirse en “verdad”
Fue en quinto de secundaria cuando escuché por primera vez sobre la Comisión de la Verdad y Reconciliación, dentro del contexto de mis clases de historia referido al Perú contemporáneo, específicamente al periodo luego de la dictadura fujimorista. En esa época también aprendí, por ejemplo, sobre el (mal llamado) Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (GRFA) y la “promesa” que traía este gobierno la mejora de nuestro país.
Estas dos épocas son, tal vez, las más recordadas (junto con el período de Leguía) del siglo pasado, dado que fueron periodos que marcaron el futuro de nuestro país, que ayudaron a moldear el presente. Sobre Velasco, Fujimori y el periodo terrorista siempre se suelen juntar y confrontar las palabras “memoria” e “historia”. Una muestra simple de ello es el eslogan “Por memoria y dignidad, Fujimori nunca más” o cuando se denuncia que se está “atentando contra la memoria de las víctimas del conflicto armado interno”.
Fue en la época preuniversitaria y en la universitaria (con ayuda de algunos profesores y a veces de manera autónoma) que conocí más sobre la historia reciente peruana, incluyendo a los dos periodos antes descritos, con lo cual tuve que, implícitamente, hacer una diferenciación entre la Historia y lo que parte del vulgo popular ha denominado “memoria”.
La Historia está referida al estudio científico de los hechos pasados, hechos reales, documentados y de gran relevancia social que acontecieron en una sociedad determinada. Posterior al arribo verificado de los hechos se dan las interpretaciones para intentar dar una explicación al suceso histórico. Así, por un lado, están los hechos reales, documentados, relevantes, y por otro están las interpretaciones a estos hechos. El escoger cuál es la interpretación con mayor poder explicativo para el pasado será labor del historiador y de los lectores.
Por otro lado, la memoria alude a un proceso cognitivo que conserva y trata de reconstruir vivencias, recuperar información o sensaciones que un sujeto posee respecto a sus hechos pasados. La memoria, al igual que la Historia, se basa en hechos reales y verificables; sin embargo, a diferencia de ella, estos hechos o vivencias del sujeto responden enteramente a su subjetividad (por ser propio de uno) y pueden errar o no al momento de traer al presente un recuerdo pasado (es común que nuestra memoria falle o no sea perfecta respecto a ciertas vivencias).
Así, mientras que la historia es una ciencia de hechos verificable, de interpretaciones rigurosas y un proceso perfectible con el tiempo, la memoria es un proceso cognitivo subjetivo propio de la vivencia de uno y puede ser muy errática conforme pasa el tiempo.
Es precisamente esta distinción la que, considero (muy modestamente) diferencia a los dogmáticos y fanáticos de las personas con honestidad intelectual (independientemente de la posición ideopolítica que se tenga). Es muy común que aquellos que aluden a la memoria puedan tener buenas intenciones, pero eso no quita que, por encima de los hechos, preponderen sus emociones y, en varias ocasiones, relatos no verdaderos respecto a uno u otro gobierno. Por otro lado, aquellos que dicen tener y conocer algo de historia, serán más rigurosos respecto a las fuentes que consultan y con las que se informan, no importando si cierto hecho beneficia o no a su creencia, pues una cosa es su creencia o pensamiento subjetivo, y otro lo que pasó en la realidad.
Aplicando esta distinción a los dos gobiernos, me permito afirmar lo siguiente.
Sobre Velasco (aún controversial para el presente) se ha creado un mito, una memoria, que, bajo la excusa de “devolver la dignidad a nuestro país” hizo cosas atroces. Fue el gobierno, no revolucionario, sino dictatorial y tiránico, de Velasco (¿o ya olvidamos la ruptura del orden legal y constitucional, el reemplazo de la constitución por un “estatuto” y la concentración de poder?) el que expropió de manera ilegal a la IPC, engañando a la población de que por esta expropiación no se pagaría indemnización alguna; sin embargo, el Convenio de la Flor – Greene, en secreto, hizo que el Estado peruano pague más de 70 millones por la expropiación a la IPC, haciendo que el día de la “dignidad nacional” por la toma de Talara se convierta en una mentira grotesca y se saque aún más recursos del bolsillo de los peruanos para hacer este pago indemnizatorio. Fue esta dictadura la que protagonizó la “Masacre de Huanta”, teniendo una gran represión contra la población a causa de la eliminación del subsidio educativo para los repitentes, dejando decenas de muertos para el régimen, aun cuando pregonaban que era un gobierno a favor de las clases populares. Fue esta dictadura la que censuró la libertad de expresión y controló de manera férrea a los medios de comunicación, llegando al punto de confiscarlos. Asimismo, fue este gobierno el que generó el crecimiento expansivo del Estado y toda la burocracia parasitaria que a la larga rompieron el fisco estatal y condenó a la población a una miseria material, sin contar la ruina económica de la “reforma agraria”, haciendo que el campesino sea más pobre que antes.
Esta breve descripción de Velasco encaja perfectamente con una dictadura que a cierto sector político no le gustaría denunciar por temor a romper su mito.
Por otro lado, en la época de Fujimori (el cual llegó al poder gracias a la izquierda peruana y el temor a las reformas liberales de Vargas Llosa), se cometieron graves violaciones a los derechos humanos perpetrados por ciertos agentes del Estado en el proceso de pacificación (Accomarca, Barrios Altos, La Cantuta, Uchuraccay, etc.), razón por la cual es justo y correcto que se juzguen a las fuerzas del orden involucradas en dichos casos, mas no es exacto mencionar que hubo crímenes de lesa humanidad, pues no hubo un ataque “sistemático y generalizado hacia una población específica” como lo sugiere el tipo penal internacional. Es más, el propio Fujimori fue extraditado y procesado por el delito de homicidio calificado, ¿cómo entonces si el jefe de Estado y de las fuerzas del orden fue procesado y condenado por un delito específico se dice que fue condenado por crímenes de lesa humanidad y se procesa a los miembros de las fuerzas del orden por ese delito?
Siguiendo a la descripción del exdictador (dado que concentró los poderes tras el golpe de Estado), es menester mencionar que hubo gran corrupción en su gobierno, siendo uno de los más corruptos que había tenido el Perú hasta esa fecha, pero también es cierto que, en dicho gobierno hubo una mejora significativa de la economía individual, sobre todo de las personas económicamente pobres, una estabilidad monetaria como nunca antes y se pudo privatizar empresas que eran una carga pesada para el Estado, mejorando, en parte, la economía general de la sociedad.
Visto de esta manera, Fujimori parece haber cometido aciertos y errores, pero no ser el Voldemort de la historia de los presidentes en nuestro país (título que le encaja mejor a Velasco).
Orwell dijo una vez que los mitos en los que uno cree, tienden a convertirse en verdad. Yo creo que las memorias en las que una comunidad cree acaban usurpando a la Historia. Y como se sabe y se ha dicho tantas veces, una comunidad que no conoce (en el sentido más íntegro) su Historia, o acaba reemplazando la historia por la memoria, no puede sobrevivir como comunidad.
















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