Carlos Adrianzén

Chancay de a medio

Sobre el “auge exportador” peruano

Chancay de a medio
Carlos Adrianzén
18 de febrero del 2026

 

Nunca es bueno subestimar. Pero tampoco lo es sobreestimar. Y en estos días, con el puerto de Chancay recién inaugurado (y con su castillo de diversiones incluido), conviene poner los pies sobre la tierra: ¿qué tanto han cambiado las perspectivas económicas del Perú? Hoy casi nadie habla ya del “milagro peruano”, pero abundan quienes se llenan la boca hablando del “auge exportador” de las últimas dos décadas. Y para entender lo que viene, hay que recordar lo que ya pasó.

Cuando se habla del milagro económico la referencia es clara: 1991-2012. Hubo estabilidad, disciplina fiscal y reformas de mercado, incompletas pero efectivas. En ese periodo, el Perú llegó a registrar un crecimiento real por habitante cercano al 6% anual.

Pero lo incompleto siempre deja flancos abiertos. Y esos flancos fueron aprovechados por la infiltración ideológica cubanoide: gobiernos sucesivos comenzaron a aplicar reformas antimercado, esas pócimas socialistas-mercantilistas que se venden con el eslogan de “menos crecimiento, pero con equidad”. El resultado fue el de siempre: estancamiento, deterioro institucional y una prostitución estatal generalizada de la cual aún hoy no escapamos. Eso sí, con mayor pobreza y desigualdad. El milagro se fue desvaneciendo. 

Pero no del todo. Y allí aparece lo que hoy nos trae el pan: las mayores exportaciones. Como casi todo en el país, estructuralmente el milagro, eso extraordinario, se desvaneció. Pero no completamente… Y eso explica el otro vocablo. Me refiero al cuadro que hoy nos trae el pan (o los dólares, si usted prefiere). El auge exportador peruano en lo que va de este milenio.

 

¿Qué nos dicen los datos? No lo que repite la gente

Los datos son claros (ver gráficos F1 y F2) . Más claros que un cristal. Y, sin embargo, muchos prefieren no verlos. Agricultores, mineros y pesqueros sostienen diariamente el ingreso de divisas desde mercados durísimos. Gracias a ellos hay empleo. Gracias a ellos el país respira. Por eso vale preguntarse: ¿dónde estaríamos sin ese esfuerzo? ¿Y qué ocurriría si elegimos un gobierno o un Congreso que, por ignorancia o ideología, decide hostilizar a quienes generan ese ingreso? 

Nunca subestime la fortaleza exportadora peruana: hay una durísima competencia internacional. Pero tampoco subestime el peso de su voto. Porque solo tenemos una defensa real: nuestros electores.

Detalles del Perú exportador post noventa

No la hemos hecho. Exportamos más, pero solamente exportamos una pequeña porción de nuestra oferta por severos problemas de competitividad en el resto de la economía. Tenemos una exigua oferta de capital humano, adicción ideológica al dólar barato o administrado, sobrecargas regulatorias y tributarias y –por encima y reinando sobre todo lo anterior– cargamos con una gobernanza estatal deplorable. Léase: altas y crecientes corrupción burocrática, incumplimiento de la ley, ineficacia burocrática, tolerancia a la violencia ideológica y al abuso regulatorio.

Ahora bien: exportamos más, sí; pero no se engañe. Exportamos solo una parte pequeña de nuestra oferta potencial. El resto de la economía sigue frenado por anti reformas cuya visión implicó frenarlo todo y prostituir instituciones al estilo cubano. Hoy tenemos que limpiar y ordenar la casa. Si no, solo estamos soltando babas.

 

Un entorno que nos modela

Más allá de los retos internos, lo exterior no luce nada pastoril (ver gráfico F3). Occidente (Estados Unidos y la Unión Europea), dormidos y aun con formas democráticas, caminan a ritmo de declive y nos compran y nos venden una porción cada vez menor. En cambio, compramos y vendemos cada vez más una mayor porción a países más agresivos y autoritarios. Esto no es algo ni inocuo, ni políticamente irrelevante. No es un detalle: es un cambio de tablero.

 

La herencia del milagro

Pero aquí está el punto crucial: el Perú comercia más hoy por su propio empuje. En relativamente pocos años, el valor unitario exportado y el su volumen suben simultáneamente cuatro y seis veces (ver Gráfico F4). No por Chancay. No por ningún puerto extranjero. No por generosidad ajena. Hacemos negocios con ellos y ellos con nosotros. No somos hermanitos. Nadie vendrá a salvarnos. Los rusos no salvaron a los cubanos, ni los cubanos salvaron a los venezolanos.

Si el volumen exportado y el valor unitario crecieron tanto en estas décadas, fue por mérito nacional… dentro de lo que los cubanoides locales no pudieron destruir del marco noventero. Lo que los rojos no se llevaron: esa es la película. Y esa película hay que entenderla.

 

Corolario

¿Podemos festejar? Tal vez. Exportamos mucho más y eso trae gradualmente más empleo y menos pobreza. Pero todavía falta lo principal: desmontar las anti reformas socialistas y completar las reformas institucionales de mercado. Chancay puede ser solo una golondrina inversora. Pero el auge exportador existía antes de su inauguración. Y si algo debería quedarnos claro es esto: no bastará ningún puerto en pasivo.

Carlos Adrianzén
18 de febrero del 2026

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