Carlos Adrianzén

¿Cómo rescatar a Iberoamérica?

De las malas políticas fiscales y monetarias, y de una gobernanza estatal prostituida

¿Cómo rescatar a Iberoamérica?
Carlos Adrianzén
04 de febrero del 2026

 

Hablemos de cómo le va hoy a Iberoamérica. Pero antes una advertencia: conviene ser desconfiados. Durante años se nos ha repetido que el Caribe, Centroamérica y Sudamérica están formados por países muy distintos entre sí, casi incomparables. La realidad es menos romántica.

Económicamente, se parecen mucho más de lo que solemos admitir.

Más allá de sus paisajes, líderes carismáticos o discursos ideológicos, la mayoría de países iberoamericanos comparten los mismos problemas. Sus niveles de consumo, estabilidad de precios, tipo de cambio y calidad de vida dependen, casi sin excepción, de cómo funcionan sus instituciones y de cuánto poder se concentre en el Estado.

Cuando los gobiernos avasallan a sus bancos centrales, aparecen las crisis inflacionarias. Cuando la burocracia es corrupta e ineficiente, los ingresos se estancan. Y cuando se reduce la libertad económica y política, los países se empobrecen. Dicho sin rodeos: a menor libertad, peores resultados.

Por eso, aunque existan diferencias entre países como Costa Rica y Nicaragua, o Chile y Venezuela, el patrón general es el mismo. Las economías crecen o se hunden según cuán inclusivas o extractivas sean sus instituciones; es decir, según qué tan cerca o lejos estén del libre mercado y de reglas claras. Las retóricas políticas, por más épicas que suenen, pesan poco frente a los continuos retrocesos económicos.

 

Datos incómodos

Desde el retiro de las burocracias españolas y portuguesas, ningún país iberoamericano ha logrado convertirse en una nación desarrollada. Las cifras históricas son claras. Hoy, con la excepción muy particular de Puerto Rico, no existe un país rico en toda la región.

Esto no es una casualidad. Iberoamérica ha transitado, una y otra vez, entre errores económicos graves y versiones más suaves del mismo problema. En algunos casos el colapso ha sido brutal, como en Venezuela o Cuba. En otros, más moderado, como en Chile, Uruguay o Costa Rica. Pero el resultado final sigue siendo el rezago (ver Figura 1)

Durante los últimos 65 años, el ingreso promedio por habitante apenas ha crecido. Mientras el mundo desarrollado avanzaba, Iberoamérica miraba cómo los demás la adelantaban, como autos que pasan a toda velocidad mientras uno observa por el espejo retrovisor.

 

El peso de las malas ideas

En casi toda la región, desde México hasta Chile, han predominado modelos socialistas o mercantilistas. Hoy, bajo nuevas modas ideológicas, se ha querido incluso minimizar la importancia de lo económico, reemplazando el análisis racional por creencias o emociones.

El resultado ha sido devastador: corrupción normalizada, atraso, pobreza y daño institucional. Países grandes como Brasil, México y Argentina —que representan dos tercios de la economía regional— han sido ejemplos persistentes de esta mediocridad. Es decir que, en el tiempo, las plazas iberoamericanas, emergen o se sumergen, por sus propios naufragios de gobernanza. Entre ellos, peor les va cuanto más reducen la libertad de sus pueblos.

 

La estafa migratoria

Uno de los efectos más graves de este fracaso es la migración masiva. Millones de jóvenes y profesionales abandonan la región buscando oportunidades que no encuentran en sus países.

Paradójicamente, muchos migran hacia economías que hoy son más ricas, pero que también enfrentan su propio declive sostenido, en lo demográfico (envejecimiento e infertilidad) y en lo económico (tránsito hacia el neo-marxismo), como Estados Unidos o la Unión Europea. Es una pérdida doble: pierde Iberoamérica y –muy probablemente–- perderán quienes se van.

 

Volver al inicio para avanzar

Si queremos rescatar a la región, el primer paso es reconocer nuestras marcadas similitudes y errores comunes: malos diseños institucionales, políticas fiscales y monetarias deficientes, y una gobernanza estatal prostituida.

Durante décadas nos hemos autodestruido con las mismas recetas. Ningún país en la región se ha desarrollado siguiendo este camino.Romper con ese patrón es la llave de salida.

La solución no vendrá de fuera. La tenemos a la mano.

Carlos Adrianzén
04 de febrero del 2026

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