Carlos Adrianzén
Cuando fuimos el futuro
Reflexiones sobre los desarrollos económicos de Perú y España
Cada uno de nosotros ve algo diferente. Cada día que pasa los matices aparecen, sin permiso. Esto también sucede en materias económicas. Lo podemos negar, claro; pero hacer eso no cambia casi nada. Salvo que, lo que vemos, solo algunas veces coincide con lo que pasó. Todo sería ya suficientemente enredado sino fuera que –para sobrevivir– necesitamos tener una idea ajustada de lo sucedido.
Y aunque usualmente aprendemos de nuestros errores, esto no sucede siempre. Los errores resultan costosos. Algunas veces, demasiado. Esto nos lleva a mirar hacia atrás, tratando de aprender.
Hoy, en el Perú Actual, aunque envueltos en los errores –los propios y los ajenos– de los que tratamos de aprender, en pocas semanas escogeremos hordas de funcionarios públicos. Los notables entre ellos serían la plancha presidencial, los congresistas, así como los gobernantes regionales y locales. Nótese que cuando escribo uso el sustantivo notable aquí, lo hago refiriéndome exclusivamente a su visibilidad mediática y/o a su capacidad de abuso o enriquecimiento.
Dado que resultaría cándido creer que la mayoría de estos notables tiene una noción ajustada o inteligente de lo que es hoy el Perú y sus retos, hoy escribo para ellos. Puntualmente para los cientos de candidatos a algún puesto público electo y remunerado (pecuniaria y no pecuniariamente) el mes de abril próximo. A todos ellos, y a todos los que no resulten favorecidos.
A ver si –dado el poder de las cifras– las discusiones electorales en las próximas semanas se enfocan y no se diluyen por la moda del momento (por las andadas de un cura gringo ex chiclayano, Marco, María Corina, Delsi, Donald o la Dolores Sheinbaum).
La historia que nos encanta olvidar
Nuestra historia nacional –léase, desde que nos abandonaron los españoles alrededor de 1821– merece ser reenfocada como insumo clave para cualquier interpretación del país en la actual campaña electoral. Con las mejores cifras disponibles –me refiero a las estupendas cifras del noruego Agnus Maddison y las sugestivamente cambiantes estadísticas de los Indicadores de Desarrollo Global del Banco Mundial– podemos dar un consistente mirada a la suerte económica del Perú desde que nació (ver la Figura 1).
En este ejercicio usamos como referentes respecto al Perú tanto a la Madre Patria (España) cuanto al indiscutido ícono global de desarrollo económico de estos tiempos (Los Estados Unidos de Norteamérica). Enfocando lo sucedido en el lapso 1821-2025, en el aludido gráfico descubrimos dos secretos bien guardados.
Acápite A Figura 1: La pretenciosa España de estos tiempos, entre 1821 y el fin de su cinematográfica Guerra Civil, registraba tanto una creciente divergencia con la potencia en ciernes (los EE. UU.), como una visible cercanía a los niveles de desarrollo relativo de la primera centuria peruana y sus excesos caudillistas-mercantilistas. Es buen español (idioma) ambos dibujábamos algo cercano a dos plazas fallidas a lo Acemoglu.

Acápite B Figura 1: Pero esto no era todo lo relevante. Perú y España perdían el tren de la historia como potencias económicas. Caminaban hacia un febril camino al socialismo mercantilista.
Nación de perdidos
Bajo la perspectiva peruana, que debería ser lo que les interese a los cientos de candidatos hacia quienes –con poca expectativa sobre sus eventuales hábitos de lectura– escribo hoy, merece destacarse que somos una nación “perdida”, pobre, o simplemente subdesarrollada. Donde, si revisamos algo de teoría económica, el subdesarrollo económico es solo reflejo de su prostitución institucional.
Esa tendencia hacia la opresión política y económica (i.e.: el desprecio a la libertad de sus ciudadanos) que hace que en estos últimos dos siglos nuestros esfuerzos y recursos naturales sean torpemente extraídos con reglas socialistas (herencia inca) y mercantilistas (herencia virreinal) ignorando la inversión y la inclusión. Si como el petróleo en los penosos casos venezolano, colombiano o mexicano actual.
Candidatos, la salida peruana es factible
Si queremos dejar de salir en la parte fea de la foto de la Gran Divergencia Global (cachete a cachete con la postrada madre patria), es vital trabajar y esforzarnos más. Tirar al tacho la imagen del mendigo sentado en un banco de oro. Es falsa. Necesitamos recordar que antes de existir fuimos una postrada plaza española, mercantilista hasta la médula.
Cantemos nuestro himno con razón. Seamos política y económicamente libres. Fuera Cuba del Perú. Sí, libres como Finlandia o Noruega.
¿Volveremos a ser el futuro?
En el pasado–cuando nos abandonaron– fuimos el futuro que nunca llegó. Repetimos la receta mercantilista española y la empeoramos con los caudillos dictadores y ladrones en el poder que traen inexorablemente los socialismos latinoamericanos. Si hoy enfocamos los patrones de desarrollo de Perú y España -coeficientes de nuestros productos por persona respecto a una plaza subdesarrollada (ver Figura 2), la foto es clara.
Acápite A Figura 2: A España la levantó el orden y la apertura posterior a fase de caos que los llevó a su sangrienta guerra civil. Al Perú lo hundió su corruptísimo velascato (socialismo-mercantilismo extremo a la usanza cubanoide). Que no lo queramos ver es la parte nuclear del problema.

Acápite B Figura 2: A España la hunden relativamente en los últimos años el desorden socialista de los Zapatero, Sánchez y de una recua de tibios. El Perú actual, en cambio, experimenta una colisión entre dos polos. Se recupera y luego se estanca con los Vizcarras, Sagastis o Boluartes, calcados de la mediocridad de las reformas borbónicas que siglos atrás demolieron al otrora brillante imperio español.
Epílogo
El gráfico per se es sugestivo, señor candidato. La actual España difícilmente regresará al orden y la sensatez. El Perú actual, en cambio, también difícilmente cambiará de rumbo en la dirección correcta. Esto, a menos que usted dé la talla, y encuentre que elevando la libertad política y económica de los peruanos… esto es posible y aconsejable.
Pero no se equivoque estimado lector. España es una plaza extraordinaria para estudiar y hacer turismo. En el Perú se come muy bien y se puede hacer turismo de aventura. Pero –otra vez– puede ser el futuro. Si usted se entera, dónde estaría parado.
















COMENTARIOS