Carlos Hakansson
La jornada electoral en Costa Rica
Un hito importante: se revirtió la tendencia al abstencionismo
Las elecciones presidenciales y legislativas en Costa Rica, culminadas el pasado domingo 1 de febrero, ofrecieron un envidiable testimonio de institucionalidad democrática. La experiencia, vivida antes, durante y después de los primeros resultados, reflejó una participación ciudadana intergeneracional: desde adultos mayores y personas con discapacidad, hasta jóvenes y padres de familia. La inclusión de los niños destacó especialmente, para quienes se habilitaron centros de votación infantiles donde, con sus propias "cédulas", pudieron depositar su voto en las urnas, asimilando desde temprana edad el valor de la democracia.
El ejemplo de civismo y convivencia se apreciaba por el orden mostrado en los centros de votación. La educación resulta admirable tras observar la convivencia pacífica de ciudadanos vistiendo camisetas de distintos partidos políticos en las mismas filas, sin que esto provocara disturbios o tensiones en cada local. Un ambiente de respeto que se vio fortalecido por la labor de voluntarios comprometidos, cuya vocación de servicio facilitó tanto la organización interna como la atención a los observadores internacionales y autoridades extranjeras invitadas.
Las calles se inundaron de banderas y vehículos que portaban los colores de sus agrupaciones por toda la ciudad. Un punto culminante fue la concentración en la Fuente de la Hispanidad, donde simpatizantes de todas las fuerzas políticas celebraron los comicios en un clima de alegría. El color de la democracia fue acompañado del sonido constante de las cornetas que rompió la habitual calma del tráfico local, transformando el ruido urbano en un símbolo de celebración colectiva y pacífica.
Con una participación ciudadana del 66%, celebrada con entusiasmo en la sede del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), los costarricenses —o "ticos", como orgullosamente se autodenominan— mostraron su madurez política. En un proceso inédito con veinte candidaturas, los diversos formatos de debate permitieron a los electores contrastar con claridad las propuestas, fortalezas y debilidades de cada contendiente. Se trata de un hito importante porque revirtió la tendencia al abstencionismo de años anteriores y reflejo que, a pesar de la polarización política que viven muchos países, Costa Rica decidió volver con fuerza a las urnas.
Al cierre de la jornada, tras el anuncio de los resultados oficiales, la fiesta culminó con la naturalidad propia de una democracia sólida: algunos celebrando la victoria y otros aceptando la derrota de sus candidatos, pero todos compartiendo la satisfacción de haber vivido una jornada democrática ejemplar.
















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