Victor Andres Belaunde Gutierrez
LA ERA TRUMP

Trump es parte de un realineamiento del mundo desarrollado
El ascenso de Trump despierta variadas reacciones. Algunas consternadas, otras satisfechas por la aparente defenestración de una élite desconectada de los problemas nacionales. En este momento, las predicciones categóricas son prematuras, por mucho que Trump represente un cambio radical respecto de gobiernos anteriores y consensos políticos contemporáneos, los que parecieran estar descartados.
En todo caso, de su brevísima alocución al asumir el mando, podemos rescatar lo siguiente:
— Trump reitera que la obligación de todo gobernante es defender el interés de su país, verdad básica que muchos olvidan. Aunque para ello recurre al estribillo de “América primero”, eslogan de infeliz recordación al provenir de los aislacionistas pronazis opuestos al ingreso de EE.UU. a la II Guerra Mundial.
— Acento proteccionista. La globalización y el libre comercio ayudaron a que millones de personas en todo el mundo superen la pobreza. El problema es que la antigua clase trabajadora de EE.UU. viene experimentando un relativo pero sostenido empobrecimiento, situación ignorada por ambos partidos (Demócrata y Republicano). Esto fue determinante para su triunfo electoral e influirá fuertemente en sus políticas de gobierno.
— Designa al “terrorismo islámico radical” como una amenaza que será “erradicada”. Obama jamás usó ese lenguaje. Nunca aludió al islamismo de ISIS o Al Qaeda, y rara vez expresó la voluntad de eliminarlos sin recurrir a eufemismos o frases edulcoradas. Más contraste imposible.
Dicen que el diablo vive en el detalle, por lo que habrá que ver cómo se implementan estos postulados. Por lo pronto algunas cosas son evidentes:
— Trump buscará entendimientos con Putin, sin que ello implique convertirse en su instrumento. Habrá que ver el alcance de estos entendimientos.
— Apoyará a los británicos de cara al Brexit, fortaleciendo su posición negociadora.
— Respaldará a Israel y su alianza, sotto voce y bajo cuerda, con los países sunitas, impulsada por el temor a los iraníes.
—Replicará la creciente presión china, alterando posiciones negociadoras. Su reciente acercamiento a Taiwan es un buen ejemplo.
Un gran perdedor sería México, que ahora enfrenta un panorama desafiante. Quizá retome vigencia la vieja broma sobre la cercanía de México a EE.UU. y su lejanía de Dios. La situación se tornará más interesante si vence López Obrador en las elecciones de 2018.
En lo que le toca al Perú, se impone prudencia. No solo por las implicancias del proteccionismo, sino por la suerte de nuestros migrantes en el país del norte. Sobre este último punto hay indicios de que los actos de gobierno de Trump serían más prudentes de lo que la retórica de su campaña sugiere, al menos para los que no han quebrantado leyes adicionales a las migratorias.
Mi opinión personal es que, nos guste o no, el triunfo de Trump es parte de un realineamiento global que afecta a todo el mundo desarrollado. Realineamiento cuyas causas y probables consecuencias vienen siendo peligrosamente ignoradas. Trump plantea riesgos e interrogantes, pero ello no quiere decir que el statu quo actual sea sostenible.
Por: Víctor Andrés Belaunde Gutiérrez
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