Juan Antonio Bazan
Fernando Belaunde murió dos veces
Crítica a “Espérame”, obra teatral escrita y dirigida por César Valer

“Espérame” es la obra teatral entre-deux-morts que recrea los últimos años del presidente, incluidos los doce meses y tres días de su vida entre la muerte simbólica y la muerte real. Su primera muerte, la abstracta, se produjo el 1 de junio de 2001, con el fallecimiento de la esposa Violeta Correa, y fue decretada por el propio viudo, a través de la tarjeta que introdujo en el ataúd, en la que de puño y letra le escribió la palabra, el verbo conjugado, “espérame”. En tanto que su segunda muerte, la biológica, se produjo el 4 de junio de 2002, con la defunción del presidente, que fue declarada por la sencillez de lo que corresponde a los derechos administrativo y civil. En Belaunde la muerte se duplica, se desdobla por el amor y lo simbólico.
Con esta obra, la dramaturgia aporta a la biografía belaundiana una mirada autónoma y sublime de aquellos últimos meses y días del presidente sin su dama, sin su Viola. Slavoj Žižek enseña la idea de segunda muerte, pues distingue entre la muerte simbólica y la muerte biológica. Hace posibles ambas muertes en la vida de un solo hombre. Por supuesto, el filósofo sloveno se aboca a la comprensión psicoanalítica de la brecha temporal entre ambas muertes. Precisamente, “Espérame” resignifica dicha fisura temporal última de la vida del presidente, como una experiencia vital organizada únicamente por un orden simbólico individual expresado en el cumplimiento aligerado de un destino, por la atē, o fatalidad griega, de dejarse morir.
La obra es el encuentro de la dramaturgia y las ciencias sociales. Por el fondo, con la historia; por la forma, con la entrevista en profundidad; y por ambas, con el psicoanálisis. No obstante, esta ficcionalización tiene un problema: la versión de Edwin Huaranga, mayordomo y chofer del presidente, pues la hace caer en la mirada doméstica que retuerce y empobrece al personaje. Es así: “Espérame” crea una figura política, y presidencial, tan alterna que deviene en un personaje errado. Belaunde, hombre culto y de vida proyectada, tuvo siempre a la política como una forma de subjetividad objetivada. Otros informantes, más acreditados que el mayordomo, y el personal doméstico, dan cuenta de que en Belaunde el optimismo, y hasta el futurismo, por la realidad nacional quedó establecido, y hasta preservado, por “La conquista del Perú por los peruanos”. También dan cuenta de que en su comportamiento fue padre, amigo, político e incluso líder del partido político Acción Popular hasta el final de sus días.
En verdad, el tiempo y el espacio ficcionados corresponden a la vida de un sabio en cuya casa se produjeron sus últimas y habituales reuniones y conversaciones sociales y políticas. Esta obra ostenta un reparto de primera línea: El director y guionista es César Valer, el productor es Ítalo Lorenzzi, y el elenco está conformado por Paco Varela como Fernando Belaunde, Camila Mac Lennan como Violeta Correa, Viviana Andrade como Carito Belaúnde, Víctor Prada como Edwin Huaranga, además por Hernán Romero y Fernando Pasco. La obra siguió un camino pandémico: fue pensada cinematográficamente, pero devino en teatral, y se transmitió por la plataforma digital de Joinnus. Žižekianamente, Fernando Belaunde murió dos veces.
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