Giovanna Priale
¡Feliz por Perú, por todos nosotros!
Las claves del éxito de la selección peruana de fútbol

Estoy feliz, como todos, porque hemos clasificado al mundial de fútbol luego de más de tres décadas de intentarlo. Pero estoy más feliz por la humildad, el trabajo en equipo y la solidaridad con Paolo que mostraron los jugadores, el entrenador y los directivos. Este es un claro ejemplo de cómo un equipo de trabajo, con un líder con los pies en la tierra —que confía en sus colaboradores y que predica con el ejemplo—, es capaz de lograr una mística con la que la meta se vuelve alcanzable.
El equipo enfrentó además un reto adicional: el capitán, goleador y ejemplo para todos los jugadores, Paolo, no pudo estar presente en la cancha para jugar el repechaje. Y si bien en el primer intento, les tomó tiempo al equipo acostumbrarse, en el segundo jugaron el doble de motivados y comprometidos porque sentían que era una deuda con él. Qué maravilloso el gesto de Jefferson Farfán para su amigo del alma, cuando le dedica el primer gol con la camiseta con el número 9.
Ayer por un momento, mi corazón se llenó de ilusión, al ver a este equipo tocar la pelota, luchar uno a uno, no amilanarse ante el tamaño del rival, correr la cancha y estar en todas partes al mismo tiempo. ¡Grande, muchachos! Obvio que eso es lo que todos queremos para nuestro país y para nuestras empresas. Y buena parte de ese cambio depende de todos nosotros.
La humildad es un atributo fundamental que te permite tener presente que uno no es el cargo. Y eso te ata a tierra, a sentirte que eres un ciudadano más y a ponerte en el zapato del otro para exigirle —si eres jefe—, con respeto, siempre con respeto, cómo te gustaría que te traten a ti.
El trabajo en equipo es el segundo factor clave: delega y confía porque solo así dejarás que la gente se desarrolle, que se fortalezcan los talentos. Y con eso, al irte dejarás una organización funcionalmente sana y con visión de futuro, porque no depende solo del jefe de turno, sino de la empresa en su conjunto.
La solidaridad es la clave y en algunas empresas se pierde. Este es el pilar de la fidelidad a la empresa. La puedes ver cuando un familiar de algún trabajador se enferma y cómo es apoyado por la propia empresa y por el jefe; o cuando se debe jubilar a un empleado y este es despedido por la puerta grande.
Siempre encontrarás algún don pésimo o alguien que es feliz cobrando su sueldo sin hacer nada. Pero si cada vez más son los que se esfuerzan, se comprometen con los objetivos de la empresa, y estos son consistentes con las metas del país, verás que poco a poco se va produciendo un gran cambio.
Desde esta tribuna le doy las gracias a este equipo de fútbol (jugadores, directores) y a quienes creyeron en que este cambio era posible; Constantino Carvallo y Doña Peta, entre otros. Sí, Paolo es un ejemplo para nuestros jóvenes y niños, y lo seguirá siendo; como Jefferson y muchos otros. Tuve la suerte de ver la película que habla sobre la vida de Paolo con mis hijos, y hasta hoy los fastidio con la frase “Ala Paolo” y con hacerles cargar el colchón que Doña Peta le hizo llevar a Paolo para “corregirlo” por travieso. Ese es nuestro Perú, así somos los peruanos.
Y con esa ilusión seguiré trabajando, creyendo que sí podemos mejorar la calidad de vida de nuestros hermanos que aún no tienen agua potable ni acceso a salud o a educación de calidad, y menos a un sistema de pensiones que les garantice no caer en pobreza en la vejez. Seguiré trabajando, como muchos, para dejar de lado la confrontación y encontrar consensos constructivos que nos permitan ir siempre para adelante, igualando las oportunidades para los que menos tienen.
¡Viva el Perú!
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