Silvana Pareja
Evolución de la universidad: de la tradición clásica a la Era de la IA
La importancia y actualidad de la “educación clásica”

El término "universidad" surgió entre los siglos XI y XII y proviene del latín Universitas Magistrorum et scholarium, que se refiere a la comunidad de maestros y estudiantes. Aunque el concepto de comunidades académicas dedicadas al aprendizaje ya existía en culturas antiguas, como la Academia de Platón en la Antigua Grecia y las escuelas de retórica en Roma, la universidad tal como la conocemos se desarrolló en Europa durante la Edad Media. Las primeras universidades europeas, como la de Bolonia en Italia y la de París en Francia, empezaron a formarse en el siglo XI, marcando el inicio de una tradición educativa que ha perdurado.
La educación clásica, basada en la herencia intelectual de la Grecia y Roma antiguas, fue la columna vertebral del currículo universitario durante muchos siglos. Las universidades medievales estaban enfocadas en la enseñanza del trivium, que incluía la gramática, la lógica y la retórica, y el quadrivium, compuesto por la aritmética, la geometría, la música y la astronomía. Estas disciplinas formaban la base de una educación integral que buscaba desarrollar habilidades esenciales en los estudiantes para pensar y comunicarse de manera efectiva. La influencia de la Iglesia Católica era omnipresente en estas instituciones, que no solo las fundaron y apoyaron, sino que también supervisaron y guiaron su desarrollo.
Autores clásicos como Platón, Aristóteles, Cicerón y Virgilio eran leídos y estudiados exhaustivamente. Sus obras ofrecían no sólo una formación intelectual rigurosa, sino también una exploración de preguntas fundamentales sobre la justicia, la moralidad y la política, temas que siguen siendo relevantes hoy en día. Esta tradición educativa clásica buscaba formar individuos completos, capaces de pensar de manera independiente, razonar con claridad y comunicar sus ideas de forma efectiva, preparando a los estudiantes para desempeñar roles activos en la sociedad.
A medida que el tiempo avanzó, el sistema educativo experimentó transformaciones significativas, especialmente a partir del siglo XIX, con la llegada de la industrialización y la especialización del conocimiento. La educación superior comenzó a diversificarse, incorporando nuevas disciplinas y adaptándose a las necesidades emergentes de una sociedad en constante cambio. Con la expansión de las ciencias naturales, las ingenierías y las tecnologías, la educación clásica fue, en ocasiones, relegada a un segundo plano. Esta evolución reflejaba una visión más pragmática y orientada hacia el desarrollo técnico y profesional, en un contexto cada vez más enfocado en la tecnología y las ciencias aplicadas.
No obstante, la educación clásica sigue siendo fundamental para enfrentar los desafíos contemporáneos. Las humanidades, la filosofía y la literatura proporcionan herramientas cruciales para comprender la realidad de manera crítica y ética. Ofrecen una base para valorar la diversidad, cuestionar las narrativas dominantes y desarrollar un pensamiento reflexivo. En un mundo marcado por rápidos cambios tecnológicos y científicos, las enseñanzas clásicas aportan perspectivas valiosas sobre la condición humana, la moralidad y la justicia.
Además, la integración de estos principios en el currículo universitario contemporáneo puede enriquecer la formación de los estudiantes, ayudándolos a cultivar una comprensión más completa y matizada de la sociedad globalizada y compleja en la que viven. La educación clásica, con su enfoque en el desarrollo integral del pensamiento crítico y la comunicación efectiva, sigue siendo un componente esencial para formar ciudadanos informados y comprometidos, contribuyendo a la construcción de una sociedad más justa y sabia, ofreciendo una base sólida en un contexto globalizado y complejo.
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