Cecilia Bákula

El recuerdo de la reincorporación de Tacna a la Patria

La Procesión de la Bandera es un patrimonio cultural de la Nación

El recuerdo de la reincorporación de Tacna a la Patria
Cecilia Bákula
14 de septiembre del 2026

 

Hace tan solo unos días que se vivió, con la acostumbrada solemnidad y espíritu de profundo patriotismo, el 97° aniversario del retorno definitivo de Tacna al seno de la Patria. En esta oportunidad fue muy significativa la presencia de la presidenta Keiko Fujimori, ya que cada 28 de agosto se recuerda también la valía de la mujer tacneña que, en soledad, porque los hombres de todas las edades habían ido a la guerra y muchos habían muerto en ella, supieron mantener vivo el recuerdo amoroso por lo que Jorge Basadre llamaba la “Patria ausente”. Ellas educaron a sus hijos, en el amor irrestricto al Perú, no obstante la dura crueldad del cautiverio al que fueron sometidas las provincias peruanas.

En la reciente celebración, y como se hace cada año, a las 3 de la tarde la ciudad casi se paraliza, pues suenan las campanas y las sirenas, y la población, en un momento de intenso recogimiento, recuerda ese instante en que Chile devolvió Tacna al territorio nacional. La alegría del retorno ha quedado, sin embargo, unida a un sentimiento de dolor por las provincias que, igualmente cautivas –como Tacna, Arica y Tarapacá– quedaron en manos chilenas, de acuerdo a lo que se suscribió en el Tratado de Ancón de 1883, quedando supeditado su retorno al Perú, luego de que se celebrara un plebiscito para conocer la voluntad de la población que había quedado en manos ajenas, tomadas como trofeo de guerra.

Hoy puede ser muy cuestionable el manejo político de la situación y los acuerdos suscritos tanto en 1883 como el contenido del Tratado de Lima de 1929. Sin embargo y sin que yo pretenda justificar las acciones que causaron tanto dolor a miles de familias peruanas, las condiciones en las que el Perú enfrentó la guerra y las que se vivieron al suscribir los referidos acuerdos, nos llevan a pensar que una guerra y máxime la que se inició en 1879, carecía de una clara casus belli, y más bien fue motivada por intereses de geopolítica que Chile instauró desde, por los menos, los años de la Confederación Perú-boliviana.

Si bien el Tratado de Ancón estipulaba que luego de 10 años, se realizaría el referido plebiscito, éste no pudo hacerse realidad porque las acciones de penetración y chilenización forzada hacían imposible conocer, de manera auténtica, transparente y sin presiones, la voluntad de esos pueblos. Siendo evidente esa situación, fueron las mujeres tacneñas, henchidas de valor patriótico, las que decidieron llevar a cabo acciones que marcaron luego la voluntad y la historia del sur peruano.

Ellas, en su mayoría viudas, empobrecidas y sufrientes de la consecuencia de la guerra que significaba la ocupación chilena, se reunieron en la llamada Sociedad de Auxilios Mutuos y, con una tenacidad y valentía que aún hoy sorprende exigieron que la autoridad extranjera, permitiera que la población peruana en Tacna, cautiva y sometida, pudiera, recordar y celebrar a esa Patria lejana y distante. Es así como lograron autorización para que el 28 de julio de 1901 se realizara, en estricto y profundo silencio, lo que era más elocuente que cualquier voz que pudiera alzarse, se llevó por el centro de la ciudad de Tacna, un desfile en el que fueron esas valerosas mujeres, las que cargaron la bandera nacional por las principales calles de esa ciudad herida, pero cargada de fortaleza y tesón.

Ese silencio fue más que un grito de dolor; fue un reclamo, una llamada a las autoridades del Perú para que se supiera que aún en el más duro de los cautiverios y sometimientos en Tacna vibraba un único sentir: amor a la Patria y deseo de volver a ella. De esa manera, se instituyó esa ceremonia que significaba el clamor para que se tomara las acciones necesarias para lograr el pronto retorno a la Patria pues no obstante el cruel proceso de pretender la “desperuanización” de esa región, significó, quizá, una mayor devoción hacia nuestro país.

En el texto de Jorge Basadre titulado “Infancia en Tacna” el historiador recuerda las vicisitudes que su familia, como muchas otras, vivieron no solo en los aspectos materiales sino en la voluntad férrea del invasor de impedir una educación con esencia peruanista a lo que se agregaba el dolor por la violencia en el alejamiento moral y psicológico del Perú ya que se pretendía borrar todo lo que significara ligazón con nuestra Patria.

Año a año, con una constancia impresionante, las mujeres tacneñas realizaban esa marcha silenciosa hasta que el 3 de junio de 1929, se suscribió el acta mediante la cual Tacna regresaba a la Patria, pero Chile retenía triste y permanentemente, derechos y propiedad sobre las provincias de Arica y Tarapacá. 

Fue en homenaje a esa resistencia tacneña y al significado de lo que denominamos “procesión de la bandera” que el 26 de agosto de 2009 me cupo el honroso deber e inmerecido privilegio de suscribir la Resolución Directoral Nacional 1191/INC del entonces Instituto Nacional de Cultura, mediante la cual se Declaró como “Patrimonio Cultural de la Nación a la Procesión de la Bandera celebrada en la ciudad de Tacna por su contenido histórico y expresión cultural que afirma la nacionalidad peruana”.

Hoy, luego de casi un siglo, la historia nos recuerda el dolor y el drama de la guerra; la incapacidad de muchos gobiernos por defender al Perú, la presencia de intereses subalternos y la pobreza de espíritu de muchos y ello, al lado de actos de heroísmo sublime, resistencia, patriotismo lo que se vivió no solo en los grandes personajes cuyo recuerdo honra a nuestra Patria, así como en la entrega valiente y la voluntad de miles de peruanos que optaron por la resistencia por mantener sin desfallecer un sano y profundo patriotismo.

El centenario de la reincorporación de Tacna al Perú, que celebraremos el 28 de agosto de 2029, será una ocasión de reflexionar sobre el origen y consecuencias de una guerra en la que el Perú nunca debió haber estado comprometido. No obstante ello, la resistencia del pueblo tacneño a través de sus mujeres es un motivo permanente de orgullo y compromiso con esa región sureña y con los valores que con tan profundo honor supo mantener. Cada 28 de agosto Tacna y sus mujeres nos enseñan que es necesario mantener el recuerdo de tan intensos actos de grandeza para enaltecer el heroísmo y reforzar la identidad regional y nacional.

Cecilia Bákula
14 de septiembre del 2026

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