Humberto Abanto

El proyecto totalitario del comunismo debe ser detenido

Quieren sofocar a quienes se les opongan

El proyecto totalitario del comunismo debe ser detenido
Humberto Abanto
22 de septiembre del 2019


I

Un proyecto totalitario pretende hacerse del poder en el Perú. Tal vmez, para ser más exacto, cabría decir que busca perpetuarse en el poder que alcanzó por el azar en la historia. Ha sido diabólicamente diseñado para ir tomando todas y cada una de las instituciones del Estado, hasta coparlo completamente primero, y hacerse del poder político, después. El final, como siempre, será la liquidación del sistema democrático, la supresión de los derechos fundamentales y la instalación de una dictadura de partido y pensamiento únicos.

¿Es posible eso en pleno siglo XXI y, sobre todo, después de la caída del Muro de Berlín? Si alguien cree que un experimento de esos resulta imposible porque el comunismo ya no tiene lugar en ninguna parte del mundo, pues solamente debe levantar la mirada y ver el éxodo venezolano que ha llegado al Perú en busca de la Tierra Prometida. O, quizás, mirar con cuidado cómo es que la tierra de Bolívar se hunde progresivamente en el estado de naturaleza, exactamente después de que una pandilla de bárbaros ideologizados quiso sacar adelante lo que ha fracasado en todo lugar.

El primer paso es que los comunistas niegan ser comunistas y se travisten de defensores de los derechos humanos, del medio ambiente, de la igualdad de género y, ¡cómo no!, de luchadores contra la corrupción. No importa, claro está, que como hijos ideológicos de Marx no crean ni en los derechos humanos, ni en el ambientalismo ni en la moral. Solo cuenta que se acoderen en el puerto seguro de los más altos valores de la civilización.

 

II

¿Qué pasó y qué está pasando? Una parte importante de los comunistas son los que antes eran llamados “revolucionarios de café”, a los que Herbert Mujica —tomando prestada una expresión francesa— denominó la “izquierda caviar”. Ellos, paulatinamente, han ido elevándose a los altares de la sabiduría con la complaciente generosidad de sus analfabetos primos de la plutocracia, quienes los admiran porque saben leer.

Tal condición exige el uso de vocablos complicados para denominar lo simple, sin importar que, por lo general, terminen construyendo un oxímoron tras otro. Pero qué le vamos a hacer, así son ellos. El hecho es que sus primos, tan ricos como ignorantes, se impresionan con esa fraseología rimbombante y, repito, los consideran fuentes de sapiencia. Pura bisutería barata que se vende a precio de oro.

Así, sin prisa ni pausa, encontramos los medios de comunicación monopolizados por opinantes de la izquierda caviar y también de la academia. Daría risa, si no fuera penoso, ver al diario de la reacción repleto de artículos caviares. Mediocres pero laboriosos y gregarios, hasta el tuétano, armaron sus ONG, originalmente dedicadas al vil negocio de defender terroristas y después enfiladas a jaquear judicialmente a los agentes del orden que lucharon contra sus primos hermanos ideológicos: Los comunistas que emplearon el terror para liquidar nuestra democracia. Ahora la giran para perseguir la corrupción de los otros.

 

III

Tuvieron tanta ayuda que el éxito les sonrió. El Poder Judicial, al cual usualmente denuncian como controlado por el APRA o Fuerza Popular, fue progresivamente colonizado intelectualmente por ellos. Cosa parecida sucedió con el Ministerio Público. Nadie le prestó atención al fenómeno. Solamente ellos vieron el poder de ataque que ambas instituciones les procurarían.

Incubados por Paniagua, prohijados por Toledo, potenciados por Humala, desatados por Kuczynski y aupados a Vizcarra, entendieron que la única forma de obtener el éxito que su falta de carisma y lo enredado de su lenguaje les negaban, era sacando de la cancha a todo competidor. Así, con la complacencia del presidente de turno, desataron persecuciones implacables destinadas a liquidar a Alan García, a Keiko Fujimori y a Luis Castañeda. Lo harán con todo otro potencial competidor.

Tienen una técnica implacable. Lanzan una acusación en los medios y desde allí la agitan hasta que uno de sus fiscales la hace suya. Ya con la investigación abierta, progresan hasta los pedidos de privación de la libertad que un juez suyo acogerá y, entonces, logran lo que quieren. Cuentan, además, con la complicidad de una concentración mediática operada fundamentalmente por gente que piensa como ellos y cumple la función de caja de resonancia de su proyecto.

 

IV

Ellos han definido con claridad a sus dos enemigos principales: El PAP y FP. El odio al PAP es histórico porque nunca olvidarán que su existencia les impidió ser algo en política. Ni Haya de la Torre ni Alan García les permitieron lograr un espacio en el corazón del pueblo. El pleito con el fujimorismo, en cambio, es porque todavía les duele haber estado a su servicio.

Sabían que no podían ilegalizar a ambos partidos. A ningún partido, en realidad. Así que optaron por relacionarlos con la corrupción y la criminalidad organizada, dos fenómenos rigurosamente criminalizados. Cuando lo lograron, con la complicidad de sus operadores mediáticos, pudieron arrestar a sus líderes, allanar sus viviendas, interrumpir su actuación política y vilipendiarlos días tras día y noche tras noche en los medios de comunicación. Fue tal su éxito que, mientras ocultaban los millones que Odebrecht y OAS le dieron a su gobierno municipal, los comunistas exaltaban un supuesto aporte de campaña a FP y una conferencia de AGP.

 

Conclusión

Hoy, Keiko Fujimori se encuentra en una cárcel de Chorrillos. Ni más ni menos que en la de máxima seguridad. Alan García, por su parte, ya tiene más de ciento cincuenta días de muerto. Ya con ellos fuera de juego tenían que colocar la cereza de la torta: adelantar las elecciones. Aún cuando han fracasado en su intento por reformar la Constitución en pos de una concentración de facultades que haga palidecer la separación de poderes, creen que podrán imponer este despropósito. Veremos.

Necesitan dar otro paso adicional: sofocar a todo aquel que se les oponga. Ellos no aceptan la crítica. El comunismo creó la Stasi en la mal llamada República Democrática Alemana, el Gulag en la Unión Soviética, los juicios revolucionarios en Cuba y, en fin, todos los atroces y espantosos mecanismos represivos empleados para desaparecer hasta la última brizna de oposición en los regímenes comunistas. Así lo quieren hacer aquí criminalizando la protesta de sus opositores y objetores.

Saben que deben seguir escondiendo que son comunistas. No ignoran que apenas los detecten como tales el país los rechazará. El Perú no olvida lo que el comunismo le hizo. Atraso, miseria y muertes son su legado. Es por eso que quienes, desde la arena democrática, los rechazamos y combatimos tenemos el deber de revelarle al pueblo quiénes y qué son. Solo así impediremos que nos hundan en el horror de una pesadilla orwelliana.

Humberto Abanto
22 de septiembre del 2019

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