Carlos Rivera

El poeta en su laberinto

Sobre la obra del escritor Javier Rivera Martinez

El poeta en su laberinto
Carlos Rivera
14 de marzo del 2023


Encuentro a Javier Rivera Martínez en el Café Bohemia (Arequipa), sentado y transcribiendo a mano en un cuaderno grande, algunas líneas de un libro grueso de unas 800 páginas. A una esquina del perímetro de la mesa un mate de coca y su celular. Algún comensal entretenido en su periódico y un ambiente dócil para revelaciones. Luego, melancólicamente la noche invade los minutos. Afuera, el cielo ha sucumbido al cambio del color lánguido de una tarde a una hermosa oscuridad iluminada. Javier, con la mano derecha continúa compensando sus espejismos de esteta y yo, mansamente, espero unos minutos para conversar con él. ¿Qué es lo que acababa de ver en ese singular acto del poeta? ¿El calco de la reconstrucción —creadora— de la que hablaba Pierre Menard de Jorge Luis Borges? ¿O el aprendizaje de la reescritura —reveladora— a través de obras ajenas? 

Tú que hablabas en lenguas 
tú que curabas el cáncer 
tú que desterrabas los demonios 
¿qué harás ahora que todo está más cerca de lo que parece? 

Mi entrevistado lleva una polera roja, un cuerpo rudo y una barba también ruda y varonil y esto puede confundir a los ingenuos con la imagen de un luchador de UFC. Javier demuestra la hondura de un hombre que domestica sus angustias. Parece un ser de carácter fuerte pero el artista se revela en su escritura y ensayaremos esa audacia en esta entrevista a modo de confesionario. Un hombre de 40 años que ha vivido lo suficiente para cobrarle a la vida sus propias cuentas. Un poeta que no bebe y ama la sobriedad redentora desde el arte y la poesía, desde las líneas del conocimiento (la ingeniería o la administración) o de su filosofía (el liberalismo) o desde su emancipación de apóstata (good bye Iglesia Católica). 

Javier es un hombre de contradicciones, laberintos y paradojas. Como toda alma humana creadora encubre sus demonios, arrincona sus muertos y toma la medicina a sus angustias: la poesía. 

No existirán más de su risa de hembra tierna 
ni sus gemidos de diosa lustrosa 
ni sus antojos de entrepierna 
a la medianoche febril. 

Hijo mayor, profesor y capacitador de coaching. ¿Qué tienen que ver los esquemas, cálculos o discursos del potencial humano en un hombre que escribe todos los días y encuentra en este arte su redención y escape? Porque sentir es una forma de pensar. Y de sus palabras extraemos ese conocimiento de las formas poéticas y del lenguaje. Por eso nos dice que toda obra de arte debe tener belleza e inteligencia. Nos ilumina con su enseñanza. No se agota en la vaga distracción del instinto indisciplinado. Quiere ir más allá: hurgar en el sentimiento, la ciencia, la alquimia, o la fe postiza o dogmática. 

Soy el que intenta retenerte en casa la madrugada ebria, ciega y eterna. 
El que sueña con el hoyo sangriento de tu boca vomitándote el hígado 
El que droga el viento encendido en las heladas entrañas de tu madre. 
El que guarda la desnudez de tus tobillos en una caja de metanol. 

Javier no es un incauto que ha transitado a la poesía en un momento de cursilería ramplona. Es el todo y la nada que se ha revelado desde cada una de sus facetas y ha capitalizado en un acto creador. Para llegar al acto creativo hace falta saber y experiencia. Sus lecturas filosóficas y políticas, hasta profesionales, han modelado un ser libre, angustiosamente libre. Pero estos caracteres son de plenitud, la esencia de su sentido poético va más allá de subrepticios e inventivas pobres. Lo suyo —hacer poesía— vienen de la experiencia humana, de sus miedos que como a todo ser imperfecto lo han derrumbado sin remedio o lo han conducido hasta el arrebato de las lágrimas. Aprender de la tragedia es una inmensa forma de conocer o reconocerse. Javier abre las manos, se agita, piensa cada palabra y parece auxiliarse en el aire que respira cuando busca la exacta sincronía del sentido y de la forma. Lo conmueven las palabras y lo golpean recuerdos como ubicándolo en el contexto de su relato trágico como el de esa gran amiga a quien dedica y justifica su último poemario. 

 

Miradas lacerantes 

Objects in mirror are closer than they appear (Aletheya, 2018) es el poemario del cual hemos extraído algunos versos para ataviar algunos párrafos de esta nota. Su escritura ha conmovido y triturado mis fuerzas. Este libro objeto que nos abre la carne desde el ámbito de la ausencia, la cuestión existencial, la perplejidad filosófica y las contingencias científicas que fluyen como un abismal marasmo para plantearnos su máxima elucubración en unos versos que incendian el alma humana. Llegar a construir una teoría poética, un sueño que agote todas las posibilidades ante la razón de la tragedia y otorgarnos una bitácora del dolor. Toda la fuerza creadora para alcanzar la creación del soplo divino que fantasee el sueño de la vida a través de un deseo. Reflejamos en ella nuestra vida y nuestro abismo. 

Quiere inventar y romper el misterio vital a través de una obra que refleja y nos refleja nuestra menesterosa existencia. El poeta no ha podido cumplir su cometido, ha fallado en el frankensteiniano objeto de sus versos, pero ha ganado la batalla creadora, ha removido sus dolores y su furia para entregarnos como un cristo su sangre y su tragedia.

Carlos Rivera
14 de marzo del 2023

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