Giancarlo Peralta
Dina Boluarte en su encrucijada
¿Debe haber adelanto de elecciones generales?

Grave error de la presidente Dina Boluarte el pretender interferir con la diligencia que la fiscalía llevaba a cabo en las oficinas de su abogado. Hay algo que deben tener en claro tanto ella como sus asesores, la institución de la presidencia no puede ponerse en juego; es como el rey en el ajedrez, si cae, colapsa el gobierno.
Cierto es que Boluarte está sometida a su propio descrédito. Por un lado, la desesperación de sus exaliados que ya no quieren mantenerla en el poder, ya no la necesitan, prefieren su caída para que se produzca una nueva sucesión constitucional. Que el presidente del Congreso de la República, Soto, en ejercicio asuma la presidencia y convoque a elecciones, repitiendo las figuras de ex encargados de la presidencia, Valentín Paniagua (2000) y Francisco Sagasti (2021), éste último tras la atemorizada renuncia de Manuel Merino.
Pero, sucede que en el Congreso de la República no hay interés en el adelanto del cronograma electoral, salvo el extremismo de izquierda y el oportunismo de grupos de todo pelaje. Ellos han perdido poder en el Tribunal Constitucional, lo que cambia la correlación de fuerzas. Tampoco lograron los votos suficientes en la Junta Nacional de Justicia para mantener a Piero Corvetto, jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), en el cargo por un período adicional. Lo que les garantizaba un resultado favorable a sus intereses.
Por otro lado, este grupo también pretende mantener a Jorge Salas Arenas como presidente del Jurado Nacional de Elecciones o, en su defecto, colocar a alguien afín a los intereses del grupo para seguir medrando en el poder. Salas fue quien admitió la postulación de una plancha presidencial incompleta, por entonces integrada por el candidato Pedro Castillo y Dina Boluarte como vicepresidente; no obstante, la ley electoral exige que toda plancha debe estar conformada por tres miembros, sin embargo, quienes no cumplieron con la norma vigente fueron proclamados ganadores por Salas Arenas. Para las elecciones generales del 2026 este personaje no genera ninguna confianza, inclusive, hace unas semanas manifestó que el movimiento A.N.T.A.U.R.O. no tiene nada que ver con el ciudadano Antauro Humala, quien precisamente busca ser candidato de esa agrupación política que lleva su nombre. Alguien podría confiar en la imparcialidad del actual presidente del JNE.
Si Salas deja su cargo al culminar su mandato y se designa a un magistrado más confiable para la ciudadanía, realmente se organizará una elección libre que respete la voluntad de los electores. Todo indica que esta es la principal motivación del grupo que busca deshacerse de la presidente.
Hay otro grupo que prefiere mantener la precaria estabilidad política hasta el 2026, en la seguridad de que un nuevo cambio en la cabeza del ejecutivo generará mayor crisis institucional y acrecentará la desconfianza con que la comunidad internacional observa al Perú. Este grupo le pide a Dina dejar de ser su principal enemiga, salvo que haya decidido convertirse en cómplice de quienes soslayan la democracia y quieren seguir aprovechándose del aparato del Estado.
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