Jorge Morelli
Destapando la olla II
La manipulación que lleva a votar por el “mal menor”

El temor al fujimorismo y a la izquierda –es decir, el antifujimorismo y el anti izquierdismo– son los dos motores de la estrategia electoral de los sectores oficialistas del país, que pretenden decidir, por encima de los peruanos, quién será el próximo presidente.
Los indicios abundan. Primero, las últimas dos encuestas publicadas –las de Ipsos y Datum– muestran a Keiko Fujimori y a Verónika Mendoza inmediatamente detrás del favorito del establishment político del país. Este sector las promueve activamente para generar temor en el elector y que, en una reacción química, este concluya que debe votar por el mal menor.
La narrativa del mal menor apunta a cualquiera que tenga mínimas posibilidades de derrotar a ambas, a la que pase a segunda vuelta. El guión está escrito. Solo necesita un actor. No importa realmente quién desempeñe el papel. Así, si Forsyth cayera, por ejemplo, el establishment político levantaría al Morado, a Urresti o a Salaverry para que cualquiera de ellos haga las veces de mal menor.
Esto explica por qué, inmediatamente después de la decisión de Keiko, se promueve una entrevista a Jorge Nieto, segundo de Forsyth, para que este diga que indultaría a Fujimori. Se trata de jalar votos del fujimorismo con la narrativa siguiente: “¿Forsyth indultaría al Chino? ¿Para qué entonces votar por ella?”.
Se explica también por qué el Morado -que se siente relegado- juega la carta opuesta. Dice que el indulto de Alberto Fujimori es un insulto a los peruanos. Y Urresti, desde el mismo lado, sale a exigir que todos firmen un papel para no indultar al Chino, trazando una pretendida divisoria que identifique a los “candidatos del fujimorismo” para activar contra ellos el motor del antifujimorismo. Y ambos incluyen entre los candidatos del fujimorismo a Forsyth, a ver si se cae. Como se ve, la estrategia del establishment político es sofisticada, pero también complicada y sucia.
El antídoto contra ella es la transparencia: destapar la olla, exponer la narrativa a la luz pública, llevar al debate en todos los medios abiertamente la sórdida manipulación que pretende llevar a los peruanos a votar por el “mal menor”. Y la pieza central es llamar la atención sobre el hecho irrefutable de que las dos encuestadoras en las que la opinión cree ciegamente, se han convertido en funcionales al establishment político.
Solo entonces podrá comenzar de verdad la campaña electoral.
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